Por: Victoria Briccola

Devenir Perra”(2009), de la activista feminista y periodista, Itziar Ziga nos invita a cuestionarnos el concepto de feminidad y de libertad sexual.

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Itziar Ziga habla sobre las putas, pero más que hablar, a lo largo de estas 120 páginas les rinde homenaje, reverencia y extiende un sororo abrazo a “mis hermanas putas de todos los tiempos”, como dice la autora.

De esta forma, reafirma y subraya su postura de “feminista puta no remunerada”. Ziga nos cuenta que el patriarcado logró -inclusive- que ni las mismas putas puedan apropiarse de esta palabra y de este mundo. Su mundo. Por el contrario, en la esfera pública y a escala social, “las buenas mujeres, las decentes y las señoras” parecen tener el poder de callar a “las otras, las extraviadas”; por lo que se genera una batalla de la buena mujer contra la puta, constantemente.

Además, “ser puta” se construyó como un estigma dentro del orden heteronormativizado, una mala palabra, una desgracia. Es un instrumento al alcance de cualquiera para realizar un ataque contra las mujeres a las que se las considera demasiado autónomas: “mujeres independientes que gozan de bienestar económico, mujeres que hablan una lengua extranjera, mujeres que son víctimas de un maltrato de orden racista y mujeres que cruzan la línea de color, además de las transexuales”. Y en este mundo instalado por el patriarcado, pareciera que la mujer se tiene que defender continuamente que la cataloguen de puta y demostrar que no es tal.

En “Devenir Perra” se cuestiona por qué el feminismo tiene que ser tan puritano y estricto en muchos aspectos, y el ejemplo más intenso es a nivel sexual. Instala este debate y discusión como un desafío, para poner sobre la mesa el sexismo imperante en la sociedad. Y provoca no sólo a los estamentos más puritanos sino también a los sectores del feminismo más políticamente correctos.

En ese sentido, afirma que los argumentos que se utilizan para ubicarse en contra de la prostitución suelen ir en dos sentidos que al final convergen: por un lado, la inmoralidad, lo cual tendría que ser rechazado porque proviene de un prisma moral dictaminado por la religión que determina qué es lo que podes hacer o no con tu cuerpo; y por otro lado, la relación con una supuesta mafia y trata de personas que provoca una no-existencia, pura clandestinidad, lo cual niega la humanidad a millones de personas, y lxs expone a una total vulnerabilidad.

Apunta que las putas o el trabajo sexual son la gran cuenta pendiente del feminismo y su “gran fantasma infantil”. Por lo que asegura que es hora de enfrentarse con él. Vale la aclaración: cuando se refiere al feminismo hace referencia a una cúpula feminista siempre blanca, liberal, puritana e institucional que no tiene nada de inocente y que cada día aterra más.

Vivimos en una sexualización limitadora y extrema de nuestro cuerpo que nos fue impuesto y terminamos aceptando ciertas normas y reglas. La autora, por lo tanto, afirma que “si la imagen de feminidad se vende siempre relacionada con el deseo masculino es un problema masculino, son problemas que tienen que solucionar ellos. Si a mí me apetece ponerme una minifalda o salir con un corsé, es una cuestión identitaria mía, ningún macho me lo ha impuesto”.

Para concluir en una frase, y uniéndome a las palabras de Itziar Ziga, lo lamentable es que haya feministas que sigan creyendo que hay minifaldas demasiado cortas antes que hombres demasiado violentos.

Nacida en 1974 en España, Itziar Ziga, es una activista feminista licenciada en Ciencias de la ComunicaciónActualmente tiene una sección fija en la revista de teoría del género “Parole de Queer” y participa activamente en diferentes movimientos transfeministas. También escribe en el blog “Hasta la limusina siemprey colabora con el grupo de producción de postporno “PostOp”

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