El género que renovó las formas de la literatura local

Por: Bárbara Haurie 

 

“La Plata es una ciudad hermosa y está llena de escritoras mujeres y de otras identidades fuera de la masculinidad hegemónica” replicó, allá por marzo, La Colectiva de Mujeres Escritoras y Editoras de La Plata en respuesta a una nota titulada: “La ciudad escrita” donde un periodista de El Día enaltecía a figuras masculinas de la literatura platense al tiempo que arrojaba sus olvidos–a excepción de la eterna Aurora Venturini y de Camila Sadi– sobre el centenar de mujeres escritoras que, día a día, (re)componen el universo literario local.
Trátese de olvido o ignorancia por parte de otro periodista no deconstruído o de las negligencias del medio, da lo mismo; en una ciudad escrita por varones: “Es una decisión política no entrevistar autoras”, tal como se encargó de evidenciar aquella vez La Colectiva.

La Plata es una ciudad hermosa y está llena de escritoras mujeres” que, como Lucía Ana Florio no sólo escriben, resisten; (re) escriben la ciudad, la historia de una ciudad escrita por hombres, habilitando otros espacios de lectura y difusión alejadas de la masculinidad como lugar común: “Son trincheras para la resistencia, y también abren espacios de encuentro y refugio necesarios para la construcción colectiva”, asegura Lucía, apoyada junto a la barra de La Caipo- 9 e 58 y 59. En este mismo lugar en unos pocos minutos dará inicio al ciclo de poesía Te quiero verde; el mismo que fundó su amiga, Glenda Pocai- actriz, poeta y escritora -y que ahora ella organiza, entre los segundos y terceros jueves de cada mes.

Laureana “Buki Cardelino”, China Made, Malena Pascual, Juliana Celle, Quimey Figueroa, Glenda Pocai, son algunas de las identidades que, desde julio, circulan en La Caipo proyectando formas nuevas sobre la literatura local.

“Es un ciclo que yo heredé; no le decidí el nombre, pero igual lo adopté porque tiene que ver con la lucha de todos estos años y sirve, no sólo a la difusión de la poesía sino a la construcción colectiva: al encuentro entre las cuerpas que hacemos la marea verde”, explica.

“Son momentos re difíciles, donde está todo re-podrido y me parece que la resistencia y el aguante está ahí: en la construcción de espacios colectivos, en el encuentro entre mujeres, y entre todes”, asegura.

Lucía es feminista y escritora. Escribe, dice, desde los ocho años; ahora tiene casi 32, dos libros publicados y unos cuantos proyectos andando. Cuatro, su primer libro de poemas, fue publicado en 2013 por Club Hem, editorial independiente de la que, paralelamente, formó parte; Diciembre es su segundo poemario y tiene el sello de Ediciones de La Caracola, colectivo editorial que lanzó junto con otras compañeras entre los años 2014 y 2015 y que hoy ya lleva más de 14 títulos. “Somos todas mujeres pero tenemos una propuesta editorial bastante abierta, no es una editorial exclusivamente feminista, sino que publicamos diversas cosas”, cuenta.

Al margen de toda lógica comercial y de las estrategias de mercado, sostiene: “Como editorial -edicionesdelacaracola.wordpress.com- creemos que los libros tienen que ser libres, por eso trabajamos con Creative Commons -que es licencia libre- para que, una vez que el libro se presente, se libere el PDF”.

“Me parece que hay un montón de producción re piola, que está bueno visibilizar”, dice Lucía y agrega: “Yo las uso para mis talleres, entonces es como que estoy en una búsqueda constante, de escritoras, y diversidades, pero siempre en el palo de lo emergente.”
Escritoras como Marina yuszczuk, Samanta Schweblin, Camila Fabbri, Gabriela Cabezón Cámara y Cristina Baroni, forman parte de una biblioteca itinerante cuyas lecturas imparte entre talleres, círculos de poesía y militancia.
“Yo, por ahí, soy más del palo de la poesía; pero también leo mucha narrativa por esto, por los talleres que doy; y sí: hay una cuota de feminismo en esta literatura de mujeres pero porque me parece que es algo que está ya desde la identidad, desde la construcción del ser mujer.”

La Plata es una ciudad hermosa y está llena de escritoras mujeres: dictan cursos, recitan a la gorra, vomitan en las redes y publican en editoriales independientes. Están ahí, subidas a una marea verde desde la que (re)escriben, codo a codo, la trama de una ciudad que quiso ser negada para el género.

 

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