Por: Sofía Sánchez

 

A través de los años, las mujeres han logrado espacios en los diferentes ámbitos de la sociedad. En el deporte cada vez más mujeres se destacan por su capacidad en diversas disciplinas, rompiendo limitaciones y estereotipos que tradicionalmente se les atribuían.

La imagen de la mujer paciente que solo espera al varón parece estar quedando lejos de los nuevos estereotipos sociales que se plantean. Ellas avanzan ahora también en el deporte. Mujeres futbolistas que penetran en todas las zonas consideradas del sector masculino y lo hacen en muchas ocasiones mejor.

Todas las sociedades se estructuran y construyen su cultura en torno a la diferencia sexual de los individuos que la conforman, la cual determina también el destino de las personas, atribuyéndoles ciertas características y significados a las acciones que unas y otres deberán desempeñar –o se espera que desempeñen–, y que se han construido socialmente.

Los roles de género son conductas estereotipadas por la cultura, por tanto, pueden modificarse dado que son tareas o actividades que se espera realice una persona por el sexo al que pertenece.

El concepto sexo se refiere a las diferencias y características biológicas, anatómicas, fisiológicas y cromosómicas de los seres humanos que los definen como hombres o mujeres; son características con las que se nace. En cambio el género es el conjunto de ideas, creencias y atribuciones sociales, que se construye en cada cultura y momento histórico con base en la diferencia sexual. De aquí surgen los conceptos de masculinidad y feminidad, los cuales determinan el comportamiento, las funciones, las oportunidades, la valoración y las relaciones entre mujeres y hombres. Es decir, el género responde a construcciones socioculturales susceptibles de modificarse dado que han sido aprendidas. En consecuencia, el sexo es biológico y el género se elabora socialmente, de manera que ser biológicamente diferente no implica ser socialmente desigual.

El hecho de que mujeres y hombres sean diferentes anatómicamente los induce a creer que sus valores, cualidades intelectuales, aptitudes y actitudes también lo son. Las sociedades determinan las actividades de las mujeres y los hombres basadas en los estereotipos, estableciendo así una división sexual.

Ahora bien, ¿qué pasa en este caso cuando la mujer demuestra una mejor o mayor habilidad deportiva que los hombres? No solo se observa una reacción de asombro ya que no solo se trata de una destreza cualquiera sino de una relacionada al fútbol en particular, deporte que siempre se ha catalogado como masculino; sino que también se percibe una actitud burlona o de gracia ante la dificultad de los hombres para robarle la pelota a la mujer o para evitar que ésta les haga un caño. En un ambiente en el que la mujer ha estado más presente en los insultos de lxs hinchxs que siendo protagonistas del juego, y ante la superioridad de ésta ante los jugadores, la reacción se ve más orientada a considerar este hecho como una excepción o un fenómeno mas que a reflexionar críticamente sobre los estereotipos de género impuestos social y culturalmente. Por lo tanto, es clave que el movimiento y la visibilización de las mujeres tome el derecho al juego como una premisa en el marco de sus reivindicaciones.

 

Foto: https://bit.ly/2N3wVjD 

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