Por: Juliana Cingolani (MGL)

 

Un atrapa sueños atrás de la cama, las sábanas torbellino y el colchón mojado. Hay un porro, dos copas de vino tinto al costado, a lo lejos una ventana abierta sin persianas.

Es verano. Anochece. Un cuadro húmedo en la pared, el ropero despelotado. Tiene la bombacha de encaje arriba de sus caderas, yo el corpiño desabrochado y las tetas traspiradas.

Ana tiene el pelo lacio color azabache, ojos almendrados y una sonrisa tímida. Es la primera vez que voy a su casa. No recuerdo todo lo que hablamos, pero no quiero que se termine.

Estamos en un dúplex pequeño, las puertas de vidrio corredizas, el baño arriba a la izquierda y un living con aroma a vainilla. Tiene almohadones por todos lados y una escalera caracol que llega a la habitación.

Afuera, el viento corre ligero. El atrapa sueños se mueve de un lado a otro, la ventana sigue abierta y adentro vuelan papeles que están sueltos.

Intento ir a cerrar la ventana pero Ana me toma del brazo y me besa, siento que está ansiosa, muy excitada, como cuando tenés ganas de que pase todo rápido. Entre las cosas que vuelan me llama la atención un sobre color violeta, me quedo con los ojos abiertos mientras nos besamos. Nuestras manos van de arriba a abajo. De alguna manera, ella se estira, logra agarrar el sobre y lo guarda abajo del colchón.

Quiero seguir hablando, preguntarle porque hizo eso, pero me da la sensación de que está incomoda. El momento está llegando a su fin, no sé por dónde quedó el porro y ya no hay más vino, nos separamos. Del otro lado de la ventana es de noche.

Entre la música y el viento suena el timbre. Ana se viste, me pide que haga lo mismo. Aunque no entiendo por qué, me pongo un vestido, el primero que encuentro.

Voy al baño. Ana me apura. Mientras hago pis, escucho que baja las escaleras y abre la puerta; murmullos y más murmullos, trato de no hacer ruido para no molestar, pero es imposible, son escalones de madera.

Hay una chica parada en el marco de la puerta. Ana está apoyada en la pared y están hablando, me acerco, miro de reojo, sus labios se rozan. Siento que estoy de más, la recién llegada entra al patio con una valija en la mano. Nos cruzamos sin saludar.

-Volví, dijo su pareja sonriente. Ana me mira y apoya el dedo índice sobre su boca.

Me siento extraña. Agarro todo lo que es mío: llaves, celular, un pañuelo. Me acerco a la pared donde está, me da el sobre violeta.

-Léela en tu casa tranquila, me dice y me toca el pelo.

Empiezo a caminar sin mirar atrás.

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