Hoy nos quedamos entre las palabras de la escritora nigeriana, Chimamanda Ngozi Adichie y su ensayo “Todos deberíamos ser feministas”. Ese libro que deberías regalarle a tu amigx para que entienda, de una vez por todas, qué es ser feminista hoy.

Por Victoria Briccola

La novelista africana Chimamanda Ngozi Adichie nos regala esta conferencia de TEDXEuston convertida en libro y el resultado es un discurso imponente y claro sobre el ser feminista en el siglo XXI.

Es una guía con fuerte magnetismo para lxs que recién comienzan a zambullirse en las lecturas feministas porque explica clara y llanamente, y sin perder el humor, situaciones cotidianas y describe micromachismos con los que tenemos que lidiar desde siempre, porque “forman parte de nuestra cultura”.

Hay un poder que está cayendo, y en ese devenir genera miedo, espanto, rechazo, resistencia: el patriarcado. Lo conocemos “desde siempre” y lo aceptamos sin cuestionar. Porque resulta que si hacemos algo una y otra vez, acaba siendo normal, así como si vemos la misma situación una y otra vez, acaba siendo aceptada como normal y por ende, no llamativa “hasta ahora”, sentencia la autora.

Relata que escribió un artículo sobre ser una mujer joven en Lagos, la ciudad y núcleo comercial más grande de Nigeria. A partir de ahí la criticaron por estar “tan rabiosa” y ella lo corrigió: “la situación actual en materia de género es muy injusta. Estoy rabiosa. Todos tendríamos que estar rabiosos”. Pero no se queda en ese sinsabor y en esa bronca, sino que salta y confiesa que siente esperanza porque cree en la capacidad de los seres humanos de reformularse para mejor.

Hoy me gustaría pedir que empecemos a soñar con un plan para un mundo distinto. Un mundo más justo. Un mundo de hombres y mujeres más felices y más honestxs consigo mismxs”.

Para Adichie, la herramienta más eficiente es la educación de lxs niñxs; criarlos de otra manera; repensar la infancia. Ahí realiza una fuerte crítica a la masculinidad, la cual define como una jaula fuerte y estrecha en la que instalamos y enseñamos: a los nenes, a ser duros y por contraposición, a las niñas a encogerse y ser más frágiles.

Según la autora, lo realmente peligroso de este concepto de la diferencia entre mujeres y hombres. Se invierte mucho tiempo en enseñarles a las niñas a preocuparse por lo que piensan de ellas los niños. Lo que demuestra que nosotrxs hemos evolucionado pero, en cambio, nuestras ideas sobre el género no han cambiado ni mejorado mucho.

Adichie emplea constantemente el recurso de la anécdota y lo combina con su estilo claro para transmitir ideas y mensajes sumamente directos: deposita su confianza en el poder de las personas y se opone a dejar la realidad en manos de un reduccionista: “es parte de la cultura”.

Las diferencias biológicas son innegables, pero la socialización exagera las diferencias”, dice ella. Además, reafirma que la cultura no hace a la gente; por el contrario, la gente hace a la cultura. Es así que podemos, y debemos, modificar la cultura para que las mujeres sean seres humanos de pleno derecho.

La primera vez que Chimamanda Ngozi Adichie conoció, escuchó y – lo más importante- la llamaron “feminista” fue en tono de insulto y fue su mejor amigo, Okoloma.

En el 2003 luego de publicar su novela “La flor púrpura” comenzó a llegarle una lluvia de críticas sobre su perfil feminista. Utilizando la ironía y apoyándose en esos “consejos” se presentaba como: “feminista feliz africana, que no odia a los hombres y a quien le gusta llevar pintalabios y tacones altos para sí misma y no para los hombres”.

Evidentemente palabra “feminista” y la idea del feminismo como movimiento también se vieron, y se ven, constreñidas por los estereotipos.

Después de varios años, ella se anima a escribir su propia definición de “ser feminista”: “Es todo aquel hombre o mujer que dice ´sí, hay un problema con la situación de género hoy en día y tenemos que solucionarlo, tenemos que mejorar las cosas´”. Entre todxs.

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