Octubre de Amancay Diana Sacayán

Por: Soledad Santalucía

Dibujo: Ylem Ilustración 

 

Activista trans y orgullosa descendiente del pueblo diaguita nació el 31 de diciembre del año 1975 en la provincia de Tucumán y murió asesinada el 15 de octubre de 2015, a los 39 años.

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El colectivo trans es considerado parte de la población más vulnerable de Argentina, ya que tienen una expectativa de vida que ronda entre los 35 y los 41 años de edad. Diana lo sabía, vivió en carne propia las heridas que la sociedad le impuso a través de los mandatos sociales del “deber ser”, los cuales rechazó luchando incansablemente por defender su identidad.

Gran portavoz de los derechos humanos y de los derechos por la igualdad de género; militante activa en La Matanza; abolicionista de la prostitución; fundadora del Movimiento Antidiscriminatorio de Liberación en plena crisis económica, política y social de 2001; y candidata a defensora del pueblo por La Matanza. Además, fue la primera persona trans en recibir su DNI tras aprobarse la Ley de Identidad de Género en Argentina y fue impulsora de la Ley de cupo laboral trans que, en su homenaje, se denomina Ley de cupo laboral trans “Diana Sacayán”.

Vivió una infancia de extrema pobreza cuando, a sus nueve meses, su padre decidió mudarse con su familia a la localidad de Laferrere, en el conurbano bonaerense. Atravesada por las vivencias de un padre alcohólico y el maltrato de una familia violenta, su único amparo fue la escuela. Hasta que esa institución le dio la espalda y la expulsó por empezar a manifestar su identidad. Ante el abandono institucional y familiar, y ante una sociedad que la juzgaba por ser quién era, la prostitución apareció como una alternativa. Y el primer consejo que recibió de sus pares fue siliconarse y prostituirse.

Ser travesti en el conurbano es un peso social”, expresaba Diana. Fue señalada, perseguida y hostigada como tantas personas trans. Ella luchaba tanto por la igualdad de género como por la igualdad de clases, ya que “no es lo mismo ser Florencia de la V que ser una travesti que vive al costado del CEAMSE de González Catán. Hay que hacer una separación, porque hay travestis que son de derecha y hay travestis que son de izquierda”.

En 2001 conformó el Movimiento Antidiscriminatorio de Liberación que, en un principio, se dio de la mano del movimiento piquetero y territorial de liberación. Pero en 2004, en el comienzo de la gestión del ex presidente Néstor Kirchner, lo que en un principio era un movimiento de denuncia se transformó en política concreta: empezó a anudarse con el movimiento de mujeres y pasó por la Universidad de las Madres de Plaza de Mayo. Así es como comenzó a construir su identidad, que no hubiera sido la misma, sin esas experiencias.

El colectivo que gestó empezó a reconocer que las personas trans vivían en extrema opresión, con la ausencia de un Estado que durante décadas ignoró su derecho a ser reconocidas como sujetas de ciudadanía. “Es una bisagra que nos hace dar cuenta que el Estado nos viene a resarcir del daño que históricamente nos había hecho e incluso, la presidenta Cristina Fernández, pide perdón por todos esos años de abandono al colectivo trans”.

La lucha por el abolicionismo de la prostitución fue una postura que Diana encarnó a raíz de sus propias vivencias. Es importante aclarar que la segunda causal de muerte de las personas trans es la aplicación de siliconas con aceite de avión. Se hace exclusivamente para ejercer la prostitución, hecho que deja marcas desagradables sobre lxs cuerpxs. Ella entendía que era una situación obligada, la única alternativa para sustentarse. Pero no estaba a favor de la prohibición ni tampoco quería que sea reconocida como un trabajo, puesto que entendía que es una situación de explotación para las personas trans y una violación sistemática de sus derechos.

Si una nena travesti de 13 años es expulsada de su casa y es tirada a una ruta del conurbano. ¿Tiene derecho realmente a decidir?”

Fiel a Laferrere, lugar donde se crió y vivió hasta sus últimos días, empezó a militar y llegó a ser candidata a defensora del pueblo por La Matanza en 2012.

Nuestro sueño es poder popular. No se construye solo, se construye en constante relación y diálogo con el otrx. Si me dieran a elegir dónde vivir elegiría nacer en el lugar donde vivo. Reniego con algunas cosas pero me parece un territorio interesante, tan complicado para mirarlo como para analizarlo y pensarlo en términos políticos”.

Diana quería construir desde el amor a pesar de haber vivido una infancia y una adolescencia de violencia y abusos. Su objetivo era construir redes porque para ella no había un sector y otro no: para ella sí era posible un mundo donde entren todas y todos.

Su labor militante se extendió a la creación de cooperativas como la Silvia Riera, que tenía el objetivo de brindar oportunidades laborales a aquellas personas trans que quisieran dejar la prostitución. También luchó por el cupo laboral trans, que determina que el 1% de los puestos administrativos laborales deben estar ocupados por personas trans y que se aprobó en 2015, un mes antes de que fuera asesinada. Aunque hasta el momento, tres años después, no ha sido reglamentado.

Diana fue la primera persona trans en postularse como Defensora del Pueblo por el partido de la Matanza y, aunque no ganó, fue un gran reconocimiento como cuadro político y, más, pensando en que hacía sólo unos años atrás era una travesti, como tantas otras, tirada en el suelo y golpeada a patadas por un policía.

¿Por qué las personas travestis no podemos ocupar lugar de decisiones y posiciones de poder?”, se preguntaba Diana.

Y es que pensamos que la sociedad tiene miedo a la diversidad, tiene miedo a lo diferente, al otrx. La sociedad es ignorante, no acepta que la identidad es una construcción social puesto que se basa en fundamentos naturales impuestos por la religión católica y el concepto de “normalidad” (que se funda en parámetros culturales impuestos).

Estigmatizadas las travestis por elección de vida, están pagando lo que la sociedad no quiere ver con sus propias vidas. Conviviendo con frases que las reducen a “tipos disfrazados”, se sienten en autoridad de decretar que son enfermos”, escupía Diana el mismo 19 de octubre de 2011 cuando se desayunó con la noticia de que su compañera, La Moma, había sido asfixiada, apuñalada, golpeada y asesinada en su casa, en la ciudad de La Plata.

Cuatro años después, Diana era una nueva víctima de travesticidio, asesinada de 13 puñaladas, quedándose con el deseo de envejecer y sin tener respuesta a esa pregunta que se hizo cuando a la Moma la mataron: A veces me pregunto cuándo será el día en que algunas de nuestras chicas trans muera de vieja sin que nadie la haya expuesto a la violencia consentida por los discursos de una sociedad ignorante y miedosa”.

Escupamos sociedad, escupamos que Diana se nos fue. La culpa es del patriarcado, del macho, del miedo a no dejarnos ser. El 13 de octubre de 2015 encontraron a Diana atada de manos y pies en su departamento de Rivadavia 6.700, en el barrio de Flores. Tenía 27 heridas y había sido apuñalada.

El primer juicio oral y público por un travesticidio fue, justamente, el caso de Diana Sacayán; y después de 11 audiencias, el tribunal integrado por los jueces Adolfo Calvete, Ivana Bloch y Julio César Báez, resolvió que el acusado, Gabriel David Marino, de 25 años, era culpable de homicidio con la carátula “odio a la identidad de género”.

Diana se nos fue, nos la arrebataron. Diana escribió “Cuando yo me vaya” para el día que se fuera. Ese día llegó tristemente hace tres años, a sus 39, dejando una marca en la sociedad que la recuerda como una referente de lucha. A seguir y a no defraudarla.

 

CUANDO YO ME VAYA – 2014

Cuando yo me vaya no quiero gente de luto. Quiero muchos colores, bebidas y abundante comida; esa que de niñ* me hacía falta.

Cuando yo me vaya no aceptaré críticas; más razonable y serio seria que me las hagan en vida.

Cuando yo me vaya desearía una montaña de flores… Esa que l*s mil amores por los que he sufrido nunca supieron regalármelas.

Cuando yo me vaya no quiero farsantes en mi despedida; quiero a mis travas queridas, a mi barrio lumpen, a mis hermanxs de la calle, de la vida y de la lucha.

Cuando yo me vaya se que en algunas cuantas conciencias abre dejado la humilde enseñanza de la resistencia trava, sudaca, originaria.

Cuando yo me vaya quiero una despedida sin cruces ; todxs saben sobre mi atea militancia.

Y sin machos fachos porque también; saben sobre mi pertenencia feminista.

Cuando yo me vaya; espero haber hecho un pequeño aporte a la lucha por un mundo sin desigualdad de género, ni de clase.

Cuando yo, esta humilde trava se vaya; no me habré muerto …Simplemente me iré a besarles los pies a la Pacha Mama.

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