Informe 

Por Soledad Santalucía

Pocos son los estudios que se han llevado a cabo en el país en torno a las condiciones de vida y el acceso a la salud de las personas trans en Argentina. El informe “Cumbia, copeteo y lágrimas: informe nacional sobre la situación de travestis, transexuales y transgéneros” fue realizado en 2007 desde la Asociación de Lucha por la Identidad de Travestis y Transexuales (Alitt), coordinado por Lohana Berkins y Josefina Fernández, y publicado por Ediciones Madres de Plaza de Mayo, el cuál reveló que un 40% de las personas trans no concurre a centros de salud por miedo o discriminación.

Por otro parte este estudio fue revelador puesto que detalló que la expectativa de vida de las personas travestis y transexuales en Argentina es de 32 a 35 años y un 55% de las feminidades trans murió a causa del VIH/SIDA. En segundo lugar, los asesinatos con un 16% y luego el cáncer, las sobredosis, la diabetes, la cirrosis, los ataques cardíacos, las complicaciones por la auto-administración de hormonas y/o siliconas o aceites como otras causantes de muerte.

Cuatro años después, entre diciembre de 2011 y el segundo semestre del 2012, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) y el Instituto Nacional contra la Discriminación (INADI) realizaron una prueba piloto de la primera Encuesta sobre Población Trans en Argentina. Como resultado, se determinó que un 80% de la población trans no tiene cobertura de obra social, prepaga o plan estatal y nueve de cada diez personas dijeron realizarse tratamientos de hormonización sin asesoramiento ni acompañamiento de unx profesional o médicx.

Las personas trans, por miedo o por discriminación, o para no ser objeto de patologización, han dejado de ir a los hospitales para evitar tratos desiguales o violencia por su identidad de género o condición sexual. Es entendible que la encuesta del INADI arroje como saldo que tres de cada diez personas que fueron entrevistadas abandonaron los tratamientos médicos por estos motivos.

Pero, ¿qué pasa después de la sanción de la Ley de identidad de género N°26.743 el 09 de mayo de 2012? ¿La situación cambió, mejoró o sigue siendo la misma?.

El artículo 11 de la ley establece que se deberá garantizar la salud de las personas trans y, acompañarlas si deciden una cirugía o un tratamiento hormonal. Este concepto fue reglamentado recién tres años después de la sanción, en mayo de 2015.

Algunos de los derechos adquiridos es que las personas trans pueden acceder a estos tratamientos sin necesidad de una autorización judicial; además, lxs médicxs y profesionales de la salud incluyendo al personal administrativo, de seguridad y de mantenimiento serían capacitadxs con perspectiva de género y de diversidad sexual. Por su parte, el Ministerio de Salud, se compromete a brindar la infraestructura y los insumos necesarios a los centros de atención.

Es importante esclarecer que hablar de salud trans no solo implica el vademécum de las cirugías y hormonizaciones. También es indispensable que el personal del hospital y lxs profesionales de la salud llamen a sus pacientes de acuerdo a su nombre de elección y a su identidad de género autopercibida, esté o no contemplada en su DNI.

Además, la despatologización es de suma importancia ya que implica abandonar categorías que definen a las identidades trans como una enfermedad o un problema, y dejar de lado el binarismo hombre o mujer como las únicas dos opciones disponibles o el hecho de ser heterosexual como única forma de vivir la sexualidad. Esto abriría paso a lxs cuerpxs disidentes y no estereotipadxs y a nuevas formas de elección sexual.

A partir de la Ley de Identidad de Género, las personas trans serán tratadxs como sujetxs de derecho en el ámbito de la salud, desde una mirada integral, con la posibilidad de una atención sanitaria de calidad por fuera de la discriminación y de cualquier acto de violencia. Además, tendrán pleno acceso a todas las prestaciones de salud reconocidas en el PMO (Plan Médico Obligatorio), incluyendo la hormonización y las cirugías de modificación corporal para quiénes lo soliciten.

En diálogo con Visibles, Valentina Pereyra, activista trans y referente platense de la Asociación de Travestis Transexuales y Transgéneros de Argentina (ATTTA), afirma que muchas compañeras prefieren no atenderse en centros de salud porque consideran que el sistema no está capacitado ni con perspectiva de género y mucho menos con diversidad sexual y para ir a un lugar donde te violenten, te desconozcan y no te atiendan, eligen no ir a atenderse hasta el día de hoy”. Además, agrega que tienen en claro que “la mentalidad de la sociedad no va a cambiar de un día para el otro porque tengamos una Ley de Identidad de género y tampoco va a obligar a que lxs médicxs o profesionales de la salud se capaciten en una perspectiva en diversidad sexual y en tratamiento de reemplazo hormonal”.

Es tan importante que cambien las currículas de las facultades porque son tan binarias y biologicistas que no contemplan lxs cuerpxs disidentes y no se sale de la cisheteronorma. Por ende no tenemos profesionales capacitadxs para atender cuerpas disidentas”, explica Valentina.

En 2013, un año después de la aprobación de la Ley de Identidad de Género, Fundación Huésped junto con ATTA dio a conocer un documento en torno a los resultados de la investigación realizada a 498 personas trans de la Argentina. El objetivo era mostrar las consecuencias de la implementación de la normativa en las condiciones de vida de ellxs, enfocándose tanto en la salud, la educación y el trabajo así como en la vivienda, y lxs derechos políticos y civiles.

En lo que respecta a la salud, los principales miedos que rondaban en las mujeres trans respecto al abandono o al no acceso a tratamientos o consultas de salud, se vinculaban con no ser tratadas por el nombre que eligieron o ser internadas en salas que no correspondieran a su identidad de género autopercibida.

Asimismo, el estudio muestra que un 78,6% no tienen ningún tipo de cobertura médica adicional que no sea garantizada por el Estado, el 11,9% tiene obra social mientras que un 8,2% tiene algún servicio de emergencia y, tan solo un 3% una medicina prepaga. Por otra parte, tienen un porcentaje mayor de cobertura aquellas que poseen el DNI actualizado a la hora de atenderse de quienes no lo tienen con su nombre de elección.

Otro dato importante es que la mayoría de las personas diagnosticadas con VIH expresaron haber vivido discriminación en un hospital o un centro privado por ser portadoras del virus: un 44,3% por parte del personal administrativx, un 38,3% de médicxs, un 35,9% por lxs enfermerxs, un 24,5% por psicólogxs y trabajadores sociales, y un 23,7% por otrxs pacientes.

En lo que respecta a los hombres trans, 7 de cada 10 hombres dijeron no tener una cobertura de salud adicional que no sea la garantizada por el Estado y solo un 26,8% tiene una obra social. Y en cuanto a la discriminación sufrida, un 45% de los entrevistados asegura haberlo sido por médicxs, un 40,1% por personas administrativxs, un 28% por enfermerxs y un 24,4% por otrxs profesionales como psicólogxs.

Laura Moyano, activista trans, defensora de los derechos por las identidades sexuales y de género, maquilladora y trabajadora de la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires, comenta que el problema de que las personas trans no quieran acceder al sistema de salud radica en la falta de información, en la falta de capacitación por parte de lxs médicxs e institutos especializados, así como en el contexto, ya que todo el tiempo se ven casos de discriminación: “lo que digo respecta a todas las edades, pero si sos joven y estas emergiendo y encima sos discriminadx, es como que de un sopapo te mandan para abajo” .

Atención en hospitales públicos

En la ciudad de La Plata en 1997, se realizó la primera cirugía de reasignación genital del país en el Hospital Ricardo Gutiérrez, ubicado en Diagonal 114 e/ 39 y 40 y, desde ese momento, ya son más de cincuenta las intervenciones que se realizan de este tipo. En 2012 además, recibió capacitación sobre la base de la primera “Guía para personal de salud sobre salud sexual y reproductiva y prevención de la violencia hacia la población de lesbianas, gays, transexuales, bisexuales e intersex” presentada por la cartera sanitaria bonaerense. Este hospital, aparece como un lugar especializado donde se realiza hormonización para personas trans, cirugías de modificación corporal, diagnóstico y tratamiento de ITS, PAP, profilaxis post-exposición, inmunización, servicio social y atención integral.

Las opiniones también son variadas: Alexis de diecinueve años e integrante de Zona de la Federación LGBT de la ciudad de La Plata, es un chico trans que hace un mes y medio está en tratamiento hormonal en el Hospital Gutiérrez y relata su experiencia: “el trato hasta ahora re bien, es un espacio que está reservado para la atención integral trans, antes estaba en un lugar horrible donde está urología porque la zona es bastante fea, incluso dice “Zona restringida”, pero ahora estamos en otro sector”.

Alexis cuenta que le costó un montón encontrar el contacto y arranca: “lo primero que te preguntan es qué te interesa de la transición, qué era lo que quería cambiar, y trabajar en eso. Si tenes un problema, por ejemplo con la imagen o una disforia bastante seria que no podes ni verte, entonces trabajas más del lado de psicología, así como todo lo que puede surgir durante el proceso. La endocrinóloga te pregunta lo mismo, cuáles son los efectos que buscas, qué cosas te incomodan y si queres tener algún tipo de operación te ponen en la lista de espera. Yo estoy esperando para la mastectomía (es la cirugía para extirpar toda la mama), creo que tengo que esperar un año y pico. Está bien, hay lugares que están muchísimo peor, que no tienen ni Ley de género, así que estoy fantástico”.

Además aclara que nunca tuvo ningún inconveniente: “he consultado y nunca hubo ningún comentario raro. A nivel hospital están al tanto evidentemente que estamos circulando. Los pronombres los usan bien, y todo lo que es terminología de facciones o partes del cuerpo, características, tienen bastante cuidado. Se trata de tocarlo de la mejor forma posible para que no resulte incómodo al hablar y demás. Lo único que les voy a criticar que no sé si es por la cantidad de gente con la que se manejan, es que somos muchxs el día que nos atendemos. Deberían hacer turnos intermedios, en vez de una vez cada tres meses el control y creo que debería haber un seguimiento más frecuente”.

En la vereda opuesta, Valentina Pereyra, considera que en lo que respecta a la atención del Hospital Gutiérrez “nosotras nunca lo recomendamos, particularmente porque tiene una mirada muy biologicista y muy determinante: o sos hombre o sos mujer, no hay intermedios, no hay otro tipo de identidad”. Y añade que esta opinión la da de acuerdo a las experiencias que ellas han tenido pero que “también debe haber compañeras que tienen buenas experiencias con el equipo médico de este lugar. Yo particularmente no lo recomiendo por ese tema, porque siempre la finalidad es la readecuación sexual. Eso es una decisión tan personal que no podes tener una injerencia médica o un condicionamiento desde lo médico, desde lo profesional. Por eso no me parece bien que el tratamiento de reemplazo hormonal siempre termine con una readecuación genital”.

Laura Moyano, en la misma línea, también explica su vivencia: “en el Gutiérrez no me atiendo, y no voy a ir nunca porque no me gusta la atención que tienen. Fui una sola vez, hace unos años atrás, y no me gustó el trato de la doctora Claudia Capandegui, la endocrinóloga, porque me acuerdo que en ese momento nos dio una respuesta como diciendo: ´Ustedes solicitan hormonas gratis y hay gente que no le llega la prótesis de cadera´. Y ahí te das cuenta como nosotras quedamos en el fondo, siempre olvidadas para todo. Para ellxs esto no es importante porque hay cosas que lo son más. No conformamos un valor fundamental para trabajar o solucionar”.

Otro problema de falta de atención se da en el Hospital de Niñxs “Sor María Ludovica”, ubicado en calle 14 y 66, el cual es el primer centro de hormonización especializado en niñxs trans. La noticia se dio a conocer en octubre de 2017, paradójicamente un mes después de que se negaran a atender a Gonzalo, un niño transgénero de 12 años bajo la excusa de “es el primer caso, no estamos preparados, no tenemos equipo, no tenemos experiencia, el servicio de salud mental no tiene la capacidad. Vuelvan el año que viene cuando el hospital esté listo”.

¿Entonces a dónde acudir en caso de necesitar un tratamiento hormonal o una cirugía de reasignación? Laura cuenta que la atención del Hospital Horacio Cestino es excelente ya que el compromiso que tiene la doctora Mónica Caporal y el cirujano Coscarelli, es muy buena: “es muy importante ampliar ese equipo porque sería muy significativo que en ese hospital se pudieran hacer las cirugías de readecuación genital o de feminización facial u otras más que también requieran los varones trans”.

En 2014, el Estado dio funcionamiento a una decena de consultorios “inclusivos” a lo largo del país, espacios que hicieron que muchas personas trans se acercaran a recibir por primera vez atención de rutina y preventiva. Pero debido al contexto de inflación, endeudamiento y falta de políticas públicas, el mismo Estado ha desfinanciado en los últimos meses estos espacios, lo que impide la atención adecuada o provoca el cierre de los mismos.

Este tipo de consultorios inclusivos, si se puede decir, o “amigables” aunque no me gusta este término, ya que la salud es un derecho humano y todxs deberíamos acceder de la misma forma y no debería ser un privilegio de pocxs, son la herramienta que brinda el Estado para subsanar la demanda que existe para la atención de personas trans y travestis. Porque la realidad es que existimos”, arremete Valentina.

Al mismo tiempo explica que debido a lacoyuntura social, política y económica y a esta crisis que estamos atravesando desde diferentes sectores de la sociedad se está dando el vaciamiento de un montón de programas relacionados a salud, tanto a nivel nacional como provincial. Hay faltante de medicación tanto de pacientes que conviven con VIH como personas que están en tratamiento de reemplazo hormonal. Hay veces que demora la medicación y ves a una persona que tiene una expectativa acerca de un tratamiento de reemplazo hormonal, sabiendo que hay que tomar cierta cantidad de medicación, regularla, generar una conducta para tener una adherencia a ese tratamiento y te falta la medicación y, obviamente, puede llegar a tener contraindicaciones”.

En lo que respecta a la capacitación de lxs profesionales y médicxs de la salud en perspectiva de género y diversidad sexual, Valentina expresa que hay ciertos sectores que pueden estar aggiornados a la inclusión de la diversidad sexual, pero eso no quiere decir que se solucionen los problemas. Según ella hay una clara falta de conocimiento desde la atención primaria de cuerpxs no binarios, de cuerpxs trans o de cuerpxs disidentes y por eso también desde la sociedad civil vienen luchando para que haya un cambio en este aspecto.

Por otro lado las obras sociales, las cuáles deberían estar capacitadas para atender estas demandas, siguen en el papel de mirar para otro lado. Al haber un gran recorte en provincia, en el caso de IOMA por ejemplo, en un principio se aprobaron un par de cirugías parciales pero no totales.

Lo que Valentina intenta dejar en claro es que el obstáculo es desconocer la Ley de Identidad de Género: “la ley habla que el acceso a la salud para nosotras es una construcción identitaria y no una cirugía plástica como muchxs obras sociales lo plasman. Para nosotrxs no es estética o plástica es algo más bien identitario, algo que forma parte de la construcción de nuestra identidad”.

Laura Moyano también tiene IOMA y explica que “no cubre el reemplazo hormonal y lo peor de la obra social es que a pesar de tener la ley el PMO (Plan Médico Obligatorio) no se cumple a través de una prepaga. Por lo tanto IOMA no me cubriría el acetato de ciproterona (antiandrógeno esteroideo, progestina, y antigonadotropina sintético) y a través del PMO debería estar incluido. No se ha logrado nada en relación a esto, por más que se hayan presentado todas las documentaciones y se mande a defensoría, no se logra nada”.

Además enfatiza que cuando le tienen que autorizar una orden dice algo de ley de identidad de género y si te lo rechazan, la obra social tiene que dejar por escrito el porqué de ese rechazo, “pero IOMA se niega a darlo porque nadie se quiere hacer responsable. Entonces al no tener un comprobante si vas a defensoría, pero sin el papel, ellxs no pueden hacer nada”

El proceso de hormonización

La hormonización consiste en la administración de distintos fármacos con la finalidad de modificar algunos caracteres físicos. Para acceder, la Ley de Identidad de Género, reconoce en su artículo 11 el “derecho al libre desarrollo personal” y garantiza que las personas mayores de 18 años que deseen acceder a la hormonización tienen como único requisito su consentimiento informado, sin necesidad de autorización judicial o administrativa. Para las personas menores, la solicitud deberá ser realizada por sus representantes legales, con la expresa conformidad de la persona interesada y si sus representantes legales se niegan, deberá darse intervención a unx abogadx del niñx (Ley 26061) para recurrir a una intervención judicial.

El proceso de hormonización consiste primero en tener una consulta donde te explican prácticamente que cambios va a haber en relación al cuerpo, a que cambios una quiere apuntar, ahí ven mucho la edad, ven si fumás, si tomás, si consumís o si ya tuviste algún tratamiento anterior de reemplazo hormonal. Es una lectura precisa, porque no lo hacen para juzgar sino porque se empieza un tratamiento que va a ser un giro de 360 grados en el sistema hormonal. Es una mirada más humana. La expectativa de una persona trans es de 35 años, yo tengo 40 y espero vivir un poco más”, cuenta entre risas Laura Moyano.

Según el último estudio realizado por la Fundación Huésped de la mano de ATTTA, se concluyó que en cuanto al acceso al proceso de construcción de la identidad sexual a través de intervenciones médicas con el fin de adecuar sus cuerpos a su identidad, el 68% de las 452 mujeres trans entrevistadas mencionaron haber realizado tratamiento hormonal. En más de la mitad de los casos (54,4 %) las hormonas fueron administradas por cuenta propia y sólo en el 19,8% de los casos este procedimiento fue bajo supervisión de un profesional.

En cuanto a los hombres trans que participaron en la muestra, el 33,7% afirmó haber realizado tratamiento de hormonización alguna vez y, de estos, aproximadamente la mitad lo realizó por su cuenta (49,5%) y sólo 38,1% bajo supervisión médica.

Desde diversas agrupaciones políticas y feministas, se sigue luchando por el pleno ejercicio de la Ley de Identidad de Género que desde el 2012 está aprobada. No solo eso sino también que las instituciones médicas y lxs profesionales de la salud puedan capacitarse en atención con perspectiva de género y diversidad sexual. Porque si bien nadie lxs va a obligar, es una deuda pendiente con la población trans y el colectivo LGBTIQ en su conjunto, por lo que forma parte de una decisión personal que de cuenta de la calidad humana en el trato hacia un otrx.

Foto: Flor Domínguez

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