Por: Soledad Santalucía

 

Hace unos días, en un grupo de Facebook, se divulgó un evento sin dirección; se llama: “El abrazo gordx” y había sido publicado por Torment, quien el pasado miércoles 31 de octubre llegó a nuestra cita en su bicicleta dispuesta a contar, entre tantas otras cosas, el por qué de este taller.

Tomó asiento, puso su campera de jean en el respaldo de la silla contigua y al instante empezó a comentar sobre las plantas del balcón, mientras se calentaba el agua de los primeros mates.

Torment es chilena, nació en la ciudad de Rancagua, al sur de Santiago de Chile. Tiene treinta años y es una mina que capta la atención. Su pelo corto, rapado y negro, y su boca pintada de rojo contrastan con su tez blanca. Además, un llamativo arito con forma de flecha cuelga de su oreja derecha. Hace poco más de tres años que llegó a Argentina, y vive de forma autogestiva en la ciudad de La Plata: hace comida vegana, especialmente pastelería vegana; participa en una cooperativa creativa llamada “Eclipse cooperativa” en dónde hacen ropa gordx y accesorios gordxs para ir a feriar; hace toallitas de tela y, por último, pero no por eso menos importante, ha dado talleres de tarot desde una mirada terapéutica, desde el autoconocimiento, desde lo espiritual y desde una necesidad de tener una mirada no binaria y no heteronormativa.

La idea del taller “El abrazo gordx” es una forma de laburar desde la propia trinchera:

– Me surgió la idea y lo primero que hice fue convocar para ver a quien más le importaba esto y quería hablarlo aquí, en La Plata. Abrí el espacio para quien quisiera apañarme en la organización porque no quería hacerlo sola, ya que vengo habitando esto desde mi territorio en Chile, donde ya lo hice para los demás, entonces me gustaría escuchar las experiencias desde este lugar y desde otras realidades. En un principio, la idea es conocernos. Creo que no sólo hace falta un lugar teórico desde el que hablar sino más bien uno experiencial que pase por la cuerpa. Necesitamos visibilizar, transformar y recuperar un espacio que históricamente se nos ha quitado, explica Torment.

El taller “Abrazo gordx” se va a realizar por primera vez el domingo 04 de octubre. Es autoconvocado y abierto a cualquier persona que se sienta interpelada bajo esta temática.

—La idea es compartir experiencias y tener de guía un par de textos que son los referentes para contextualizarnos. Y esto cerrarlo con alguna dinámica corporal, que en el fondo es para bajar un poco esta línea de que todo tenga que estar hablado, ya que hay gente que no tiene tanto manejo de lo académico o de la palabra y por más que puede traer esto desde hace mucho tiempo, no va a llegar. Ver a la otra gorda y hablar, hay un montón de bloqueos en el cuerpo y capaz cueste cinco encuentros recién poder decir una palabra.

Torment habla sobre encontrar la propia trinchera y sumirse en la causa que la interpela: el taller está abierto sólo a corporalidades gordxs principalmente, pensando en hablar desde la propia herida y desde la propia cuerpa. Es un llamado para entender que “más allá de que haya sido tu dolor durante mucho tiempo, es indispensable encontrar un espacio de acompañamiento”.

Es un problema que empieza adentro, pero que el afuera lo confirma

Para la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 60% de lxs argentinxs tiene sobrepeso y la preponderancia de obesidad pasó del 14,6% registrado en 2005 al 18% en 2009 y el 20,8% en 2013, lo que implica un aumento del 42,5% en lo que respecta a obesidad en Argentina.

Por otra parte, la Encuesta Nacional de Salud 2016-2017 en Chile, reveló que 39,8% de la población chilena presenta sobrepeso, 31,2% obesidad y 3,2% obesidad mórbida, mientras que sólo 24,5% se encuentra en su peso normal. Además, señalan que las personas con obesidad serían 46% más costosas que las que tienen un “peso normal”, ya que tienen un 27% más de consultas médicas y presentan un 80% más de gasto en medicamentos.

Ahora bien, la obesidad ha sido y es vista como una enfermedad o una problemática. Algo que hay que encasillar y hay que cambiar porque está mal. Pero no sólo por la salud, como quieren hacer creer, sino para sostener un modelo de belleza que se nos impone y al cual hay que responder.

¿Cuál es la belleza que los medios reproducen, la sociedad avala y algún otrx exije?

—El sistema te obliga a tener un tipo de salud, un tipo de cuerpo, un color de piel, una sexualidad determinada, cómo hacer para funcionar y lograr eso. Hasta que entendés que eso es lo que realmente te está deprimiendo: obligarse a hacer algo que no se quiere, y que no se puede. No es una elección. Se han dedicado durante tantos años a crear discursos para que se sostenga la belleza hegemónica que en el fondo han hecho creer a las personas que es su culpa, su problema; y en realidad es un problema político que la obesidad sea una enfermedad. No nos podemos quedar con la idea de que existe una sola forma de cuerpo, y más sabiendo que provenimos de un mestizaje, y que ese modelo que nos imponen, blanco y europeo, no es nuestro.

Otros mates, pero esta vez amargos, acompañan el devenir de la charla. Torment cuenta que, desde su percepción en Argentina, las cosas se hacen para el exterior, la lucha siempre es hacía afuera, mientras que en Chile las cosas van más lentas. Están y está acostumbradx al silencio. Sin embargo, lo que menos queda en este encuentro es silencio, porque sus ganas de contar se hacen evidentes.

—Si todo esto que estamos desarmando en la mente no lo pasamos por la cuerpa, se va a quedar ahí, porque el cuerpo es el territorio, entonces es la única forma de que las cosas realmente cambien. Y yo llegué a esa reflexión haciéndome la pregunta de: ¿por qué todo el tiempo me sentí fuera de mi cuerpo? El primer problema depresivo que tuve en mi vida, en la primera infancia más o menos, fue no poder aceptar mi cuerpo así como tal, esa fue la primera problemática que devino en un montón de cosas. Las primeras infancias son las violencias más fuertes. A nivel educación pública por ejemplo, pasa con las personas trans, negras, gente que no pertenece a la hegemonía y en el fondo te hacen pensar que es tu culpa porque afuera hay todo un sistema que avala eso. Entonces te preguntas: ¿por qué vine a nacer en este mundo y soy así?

Torment cuenta cómo después empiezan a obligarte a medicalizarte, a patologizar lo que te pasa:

—Me pasó desde el sistema educacional en la materia de educación física que, cuando empieza el año escolar te pesan y te miden, y si no estás bajo las normas te mandan una notita a tu casa de que ´parece que hay que ir a la nutricionista´. Y lo que sucede, es que vos no te podes dar cuenta de esto siendo niñx, solo querés hacer tu vida de niñx y disfrutar. Pero si afuera te lo están marcando, ahí empezás a sentirte diferente y a pensar que tenes un problema. Y aparecen las primeras auto violencias de “por qué soy esto”. Y empieza a bloquearse todo: desde tu expresión corporal, desde tus ganas de jugar, de lo que vendría a ser tu deseo después al encasillarte dentro de esta caja que está enferma porque no tiene el tamaño que debería tener.

Pero no sólo pasa en la escuela, pasa en las actividades extracurriculares, en los talleres de teatro, de danza, de gimnasia rítmica; y el hecho de que no te autoricen a entrar, no te permite entender el por qué con claridad.

Torment toma un mate, se acomoda en la silla y dice que unx mira los grupos que hacen estas actividades y son todxs iguales: la misma talla, el mismo pelo, la misma hegemonía militarizante que te obliga el sistema. Y que eso va creando un problema para relacionarse con unx otrx.

—Por más resuelta que estés de más grande esto es como un chip que siempre vuelve, como por ejemplo, en la forma de comer frente a la gente que no es gordx. ¿como es mi intimidad con gente que no es gordx? o ¿qué me pasa a mí cuando voy a comprar ropa o cuándo no hay ropa de mi talla? ¿o qué tanta exigencia me pongo yo por ser gordx cuando estoy en un movimiento más político? ¿Tengo que ser la gordx que sabe mucho de algo? ¿No puedo ser sólo la gorda que va sin tener un doble esfuerzo?. Como eres gordx y tienes que visibilizarte, tienes que visibilizarte con otrxs talentos que salgan además de esto, porque sino tienes dos opciones: o pasar muy invisible, como la mayoría de lxs personas gordxs lo hacen, ( incluso muchxs no pueden salir de sus casas), o directamente te pones en este lugar de la gordita simpática, que es un arquetipo muy de Chile, la gorditx graciosa que jamás va a ser deseada.

Su acento chileno por momentos se acentúa en las palabras o irrumpe con un “cachai” al final de la oración. Parece ser la primera vez que Torment empieza a escupir estas verdades.

—Nunca fui muy muy gordx, siempre tuve fluctuaciones y nunca fui extremadamente flacx. El tipo de vida que estaba teniendo era acorde a las exigencias que se me estaban presentando en el sistema al cual yo tenía que responder. Siempre estaba entre esa atemporalidad, no podía estar aquí ahora, porque era estar en la flaca que fui, o en la flaca que voy a hacer en un futuro para que realmente me valoren, para que realmente me validen, para que realmente me amen y me deseen. Como siempre pensándome desde ese plan, como en el detalle más mínimo que muchxs gordxs hacemos es ir a comprar ropa que nos queda chica porque pensamos que en algún momento vais a bajar de peso y vais a poder usar o la vais a arreglar.

¿Qué pasa cuando de niñx te encuentras frente al espejo de un probador de la tienda de ropa y alguien te dice que no te compres eso sin ningún por qué?

Para elle fue muy difícil atravesar ese período en donde los jeans a la cadera se pusieron de moda con Shakira o Britney Spears, y aceptar que no “eran” para ellx.

—A mi no me importaba nada el cuerpo que tenía, yo quería tener uno. Y recuerdo haber tenido un drama con mi mamá en la tienda porque le daba vergüenza que yo me los pusiera, pero no podía decírmelo. Era mejor negármelo hasta al fin. El miedo que ella tenía por mí, por lo que pudiera hacerme el externo, marcaba un problema también. Y tu potencial creativo, que también es tu fuerza, se va apagando, se va coartando. Y ya no querés ocupar espacios, no querer dar ideas, no querés levantar la voz, no querés decir lo que te gusta, porque lo primero que van a hacer es mirar tu cuerpo, entonces te empezás a invisibilizar de una manera y se te van acabando un poco las ganas de querer vivir también.

Una manera de enfrentar los miedos y empezar a resistir el ser diferente es siendo aún más diferente, plantea Torment.

—Si yo soy diferente, voy a ser la más diferente. Como que se me note tanto la diferencia que realmente la gente me mire y me tema. Que en fondo, creo, es el lugar que nos queda a lxs mostras, a lxs mutantes, que es como “bueno, acá estoy, tengo todo esto”.

Su rostro y sus labios pintados denotan los piercing en su ceja y en su labio ( o en su encía superior). Pero su aspecto no es temeroso, más bien es dulce y tranquilo. Su risa, por momentos, se vuelve contagiosa entre los mates que circulan con la misma rapidez con la que la yerba tarda en absorber el agua.

—Me ha costado en los espacios donde he estado que no se hablara de las cuerpas gordas, o que hubiera cierto fetiche, entonces me pasó eso de “necesito hablar de esto, de lo indeseada que me siento a veces, de las problemáticas que tengo de salir de casa, de lo mucho que me cuesta el deseo frente a un montón de cosas que no puedo y no tengo con quién. Y se que somxs miles dentro de nuestras casas y por eso vi como una oportunidad este taller. Yo vengo de un país en el que el silencio es como una daga que nos clavó a todxs desde pequeñxs, entonces yo aprendí desde otro lugar. Desde un lugar donde voy mucho más lento, desde un lugar donde no necesito demostrarle nada a nadie. Ese es uno de los puntos importantes del taller, que no es sumarse a este marketing del body positive, porque me parece algo súper capitalista. Como endosarte a ti la responsabilidad de amarte de un día para otro como una pastilla que te tomas, cuando en verdad hay un sistema más abajo que te lo está negando.

Torment piensa en el taller como un espacio para reunirse con otrxs de forma mensual, en donde puedan haber varios caminos que se unan con una misma finalidad. Piensa que, quizás, una parte sea más para afuera con escraches visibilizadores; pero quizás haya una parte que sólo quiera trabajar más internamente y terapéuticamente. O quizás, solamente haya quienes quieran llenarse de información. No habla de expectativas, por el contrario, aunque sólo fueran dos personas, está segurx que el taller se va a mover de la forma que se tenga que mover, ya que confía en las consecuencias de las acciones. También menciona el próximo Encuentro Nacional de Mujeres en la ciudad de La Plata, o de armar un encuentro regional, o de hacer un fanzine para visibilizar. Habla de un sin fin de posibilidades.

—Me parece vital lo del cuerpo territorio. Me niego a vivirme pensando en un futuro en delgadez o en el pasado del tamaño al que jamás voy a regresar. Me niego a patologizar mi deseo y a la vez pensarme hipersexualizada como única forma de habitar unx cuerpx que incomoda. Se nos ha quitado el acceso al deseo también. Como que ni siquiera en el ambiente disidente existe un deseo gordx, es súper difícil. Hasta la torta que sale en la tele o en la película siempre es una torta hegemónica. Entonces, ¿a qué forma me tengo que apegar? Te quitan las ganas hasta de querer compartir socialmente con cualquier persona. Estamos justo en el momento en el que tenemos que recuperar ese territorio, ese deseo. No quiero ser la gorda que se súper sexualiza y que está las 24 horas 24/7. Yo quiero habitarme desde otro lugar porque la cuerpa gorda es una cuerpa salvaje que se permitió habitar desde su goce por la comida y ese es su castigo. Como otros tantos goces que son penalizados hasta el día de hoy.

¿Cuál es realmente mi deseo?, ¿cómo rescato y descubro mi deseo por fuera de capas y capas de adoctrinamiento y de bloqueo?

Torment piensa en esto y abre el debate, da su reflexión: “La estrategia tiene que venir en recuperar cosas que se nos quitó, los cambios a medida que se producen adentro, van cambiando cosas hacía afuera. Hay que dejar de sentir miedo de sentirnos vulneralizadxs, o de pedir ayuda. La verdad es que sólo puedo hablar así porque sobreviví y no se lo deseo a nadie nunca más. No quiero que esto se vuelva a repetir, por eso comparto lo que me pasó e intento ayudar desde eso. Mientras más seamos convocándonos y uniéndonos, esos miedos que tenemos se van a ir perdiendo un poco”.

El mate queda frío a un costado de la mesa y Torment se pone su campera de jean, sonríe y se va dejando como estela la pregunta final: ¿cómo rescatamos y descubrimos nuestro deseo por fuera de capas y capas de adoctrinamiento y de bloqueo?

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