Al carajo clown (con las reglas impuestas)

Por: Carolina Martín

 

El pelito carré de plástico azul, el vestido blanco y un collar de perlas. Charlotte es niño y es niña. Oficia de presentadora y directora de orquesta, intentando manejar a un público que aunque se esfuerce carece de ritmo.

La niña crea historias de princesas: Princesita está en la torre, el príncipe cabalga en su caballo negro; su pelo largo, brillante y sedoso parece salido de una publicidad de Pantene. Sube a la torre y se besan. Ahora la niña es madre y Princesita decide irse de casa. El niño juega a la pelota con el padre. Ambxs responden a los mandatos culturales.

Para ser aceptado hay que tener gracia sentencia Charlotte, sentada en uno de los peldaños más altos de la escalera que ocupa el centro de la escena. Y define:

Gracia: facilidad en los movimientos y elegancia en los modales.

Al parecer, vamos perdiendo la gracia en la medida que crecemos. Desaparece y zaz: nunca más la volvemos a encontrar. Se les perdona a los muchachitos ciertos descuidos pero en las muchachas —según una serie de reglas que indican cómo comportarse —está prohibido darle rienda suelta a la torpeza.

Pero la torpeza es un hecho inevitable la primera vez que alguien se sube a un par de zapatos altos; y se mueve, tambaleante, la actriz que ahora es una adolescente que va a salir por primera vez a bailar. Se destapa una bola de espejos y el escenario se convierte en un boliche donde el muchachito y la muchachita repiten discursos aprendidos y se mueven con cuerpos impostados.

Debajo de todo ese maquillaje hay una historia de amor adolescente y hay malentendidos y hay distanciamiento. Ella cuelga un corazón de cartón en un escalón de la escalera; él cuelga otro corazón ahí, al costadito del corazón de ella.

La actriz trabaja el cuerpo y la voz con suma precisión, y su entrega hace que el público —que sigue sin poder coordinar frente a los pedidos de Charlotte— ría y se conmueva durante toda la función.

La muchacha está sentada bajo la escalera —que ahora es escritorio y computadora— intentando resolver el problema con herramientas escuetas aprendidas en la revista Seventeen (o puede colocar aquí la revista adolescente de moda).

La angustia es como un cuarto de bizcochitos atragantado en la garganta en medio de una ronda de 35 personas y un solo mate— descubre, de pronto, la adolescente frente al círculo verde y titilante del chat.

La presentadora, el público, las revistas del corazón y los vestigios de una sociedad con ideales de amor romántico pasados de moda seguirán escribiendo recetas sobre cómo comportarse y sobre cómo y a quién hay que querer, pero siempre estará la posibilidad de romper las reglas impuestas y crear las propias.

 

Escénicas, ciclo de teatro hecho por mujeres

Teatro de la Comedia. Sala Armando Discépolo

4/11 “Al Carajo Clown”

Libro, actuación y diseño estético del clown: Carla Pollacchi

Puesta De Luces: Marcos Tesoro

Dirección: Graciela Pereyra y Marcos Tesoro

Foto: Teatro de la Comedia.

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