Por: Bárbara Haurie

 

Sos una inútil, así no vas a conseguir nunca más trabajo, no vas a tener con qué darle de comer a tu hijo; ¿te caes de la escalera, pelotuda?, ¿y encima querés ART? Vendé el doble el mes que viene, haceme el favor, sino juntá tus trapitos y andate.”

Ese es el trato que recibió una empleada –cuyo nombre se mantiene anónimo por temor a cualquier tipo de represalia- durante los últimos tres años en los que se desempeñó como cajera en un reconocido local de ropa en la ciudad de La Plata.

Tras haber sido despedida sin ningún motivo, la mujer dio a conocer estos hechos a través de una publicación en su red social que resultó viral y arrojó como resultado unos 600 testimonios de mujeres que atravesaron experiencias similares en distintos comercios de La Plata; del total, hay por lo menos cincuenta referidos a la misma marca en sus distintas sucursales, y siempre bajo el accionar de los mismos dueños.

Hoy los mismos agresores que le niegan su indemnización, continúan su hostigamiento amparados por la ley: “Me mandaron una carta documento donde me notifican que me van a hacer una denuncia penal y civil. No puedo hablar de ellos, no puedo hablar de la marca, y no puedo seguir sosteniendo esa publicación; la sostengo porque es mi único recurso para difundir lo que pasó, pero en cuenta mi abogado me diga que la elimine, la tendré que bajar”, explica.

Además del maltrato psicológico que recibió, la mujer reconoce haber trabajado en condiciones de explotación, con jornadas laborales “ad honorem” y en situación de extrema precariedad: “En un local se cayó el techo, se llovía; los matafuegos estaban vencidos y las escaleras que daban al depósito no tenían baranda y si nos caíamos era problema nuestro.”

La violencia contra las mujeres en el ámbito laboral no es nueva: opera de manera constante y silenciosa. El carácter estructural que subyace a este tipo prácticas, coloca a lxs empleadorxs en una posición de tranquila impunidad respecto de los abusos perpetrados en sus espacios de poder. Ah, pero la ley…¿qué ley?.

La ley de Contrato de Trabajo encargada de regular el empleo privado no contempla la violencia laboral ejercida contra las mujeres en ninguna de sus clasificaciones. “Agresión física, acoso sexual y acoso psicológico”, son las categorías que propone la Oficina de Asesoramiento sobre Violencia Laboral, encargada de registrar denuncias y ofrecer asesoramiento. Aunque no utilicen ningún tipo de distinción de género, el organismo estatal reconoce que del total de 11 mil denuncias registradas en diez años, el 70% fueron realizadas por trabajadoras.

En marzo de este año, el Presidente Macri aseguró ante la prensa haber enviado al Poder Ejecutivo un proyecto de ley tendiente a modificar artículos de la Ley de Contrato de Trabajo, a los efectos de garantizar mayor equidad de género y oportunidades laborales para todas. El proyecto, según se dijo, había sido girado a las comisiones de Legislación del Trabajo y Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia. Ocho meses después, se sigue sin conocer su paradero.

En suma, el único amparo legal del que podemos disponer hasta el momento, parece ser -aunque con reservas- la ley de Protección Integral 26.485. “Desde mi experiencia profesional lo que puedo decir sobre esta ley tan linda es que, en la práctica, es imposible de cumplir por la amplitud que tiene. Por lo que el alcance en materia laboral es casi nulo”, sostiene la abogada Carolina Espinosa, militante de Mujeres Platenses Unidas.

Protectoramente existe un Pacto Federal de Trabajo que establece multas cuando las discriminaciones se dan por razones de género, pero obviamente las empresas tampoco lo respetan. Además: ¿qué le hace al empresario que le pongas una o dos multas? Y aún así, es muy difícil que las mujeres denuncien este tipo de situaciones por razones obvias; más, en momentos de crisis como éstos donde la posibilidad de perder el empleo es cada vez mayor”.

En tiempos de malestar como los que vivimos, signados por el ajuste y la precarización laboral, es clave comenzar a discutir políticas públicas de mayor alcance en materia de género para que, de una vez por todas, el trabajo deje de ser el empoderamiento de unas pocas, frente al infierno de la mayoría.

 

Foto: Panoramacultural.com

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