Por: Camilx Cristal 

 

Juguemos a que no

me seca el racimo

que me sigan preguntando

si me cabe la banana

o si prefiero chupar naranja

para siempre.

Juguemos a que los tipos

no nos torturan,

a qué no vamos a escuchar

nunca más

que nos hace falta un buen macho.

nos desacomode el Poncho.

(un buen macho

con una buena cosa)

Así ves “cómo se te va la torta”.

Juguemos a que podemos

caminar de la mano

frente a tus papás.

A que ningún familiar

va a volver a preguntar

qué para cuándo el novio.

señora si usted supiera…

Juguemos a que nadie

nos pide que no nos besemos

frente a sus viejxs

porque esa es una casa de familia,

(todo bien con las tortas,

pero en público no)

Qué carajos sabrán de ser una familia.

todos esos caretas,

si no tienen ni un cachito de amor.

Juguemos a que no

tenemos que fingir

ser amiguitas,

mientras escuchamos

que el hombre de nuestras vidas

ya va a llegar.

Mientras por dentro

se nos retuercen de asco las tripas.

A que no nos van a preguntar

quién es el hombre de la relación

Somos dos mujeres, imbécil.

¿No sabes contar?

Juguemos a que no

tenemos que esconder

mi-tú-nuestra identidad

para que en el pueblo chico

(y en tantos otros lugares)

no se espantan los demás.

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