“Si alguna vez amé algo en la vida, fue haber sido chofer”

La historia de Blanca Carnevali, la primera mujer al frente de un transporte público.

Por: Soledad Santalucía

Blanca Carnevali, más conocida como “Blanquita” por sus compañeros de trabajo, fue la primera mujer chofer que manejó un colectivo en la ciudad de La Plata. Esto sucedió entre la mitad de la década de los 90´ y primeros años del 2000, hasta que Julio Alak aplicó la reforma de la Ley de transporte y las cosas ya no fueron como antes; al menos para ella, en un contexto machista en que el ser mujer era algo que molestaba y sigue molestando.

Durante seis años estuvo adelante del volante de la línea 518. Ya tenía experiencia en manejo de camiones, ya que su ex marido era chofer. Cuando se separaron, Blanca se presentó en la línea en busca de trabajo. Tenía cuatro pibxs y en el país castigaba el neoliberalismo, cuando la primera respuesta que obtuvo fue que “no había lugar para mujeres, ni siquiera para limpiar”.

Sin embargo, a las dos horas la llamaron nuevamente y le hicieron una prueba de manejo en un 1114. Anduvo bárbara y la tomaron. Pero al momento de ir a ampliar el registro le dijeron que no existían mujeres choferes de micro, así que volvió a la empresa a buscar alguna nota que lo certificara y regresó para que le dieran la libreta que llevó el número 001.

Al poco tiempo abrieron la vacante en la línea para diez mujeres más, pero sólo tomaron a una y duró unos pocos meses.

—Nunca estuve mejor que cuando trabaje en la 518. Eso fue desde el año ’97 hasta el 2002 cuando se hizo la reforma del transporte. Ahí me pasaron a la Norte junto a 33 compañeros porque el sindicato nos obligó. Los primeros días me dieron un buen coche y el mismo recorrido que ya conocía, pero después me cambiaron los horarios, los recorridos y las condiciones de trabajo. Llegaba llorando, pero nunca se dieron cuenta.

Blanca empezaba a ganar territorio entre sus compañeros que la querían de delegada. “¿Qué es ser delegada?”, decía ella.

—Después aprendí. Los muchachos hablaban mucho de que me iban a votar y eso llegó a oídos de los del sindicato de la Unión de Transporte Argentino (UTA) . Me tenían como una quilombera pero yo me considero una persona que pelea por sus derechos y por los de lxs demás”.

Corría el año 2003 cuando, una tarde en la que volvía de la segunda vuelta con su colectivo, Blanquita se encontró en la línea con un médico que estaba haciendo una revisación a todxs lxs choferes. Le tomaron la presión y el médico le dijo que estaba muy nerviosa, que fuera a la clínica a ver a un neurólogo. Ahí le dieron una carpeta psiquiátrica por 30 días y clonazepam, un fármaco con propiedades ansiolíticas, anticonvulsionantes y miorelajantes.

—Era una revisación trucha, me hicieron una cama porque cuando pasaron los treinta días fui a cobrar mi sueldo y no estaba. Así pasaron siete meses, yo tenía que mantener una familia, no tenía un peso y ni siquiera me pagaban el fondo de desempleo porque tampoco me querían echar . En la Norte no querían mujeres por eso me dieron los peores servicios, entraba a las tres o cuatro de la mañana, llegué a pesar 45 kilos y, aunque igual me la bancaba, me terminaron sacando.

El 08 de marzo de 2004, y como reclamo ante esta situación, Blanca se encadenó a una fuente en Plaza Moreno. Infantería intentó sacarla pero como no estaba interrumpiendo la calle tuvieron que dejarla. Por ese entonces, Pablo Bruera estaba haciendo campaña y, justamente, el transporte era una de sus consignas principales, por lo que un diputado muy cercano a él la buscó y ella, pensando que le iban a devolver el trabajo, aceptó reunirse con ellos.

“ ´Cuando yo haga actos te vamos a buscar y vos tenés que contar por qué fuiste despedida´. Así que me venían a buscar y yo no podía creer lo que pasaba: subía al escenario, me aplaudían, empecé a ir a los medios, a los canales de tv y a las radios. Me hice más conocida de lo que era, y con tanto lío que hice me llegó la carta de despido”, expresa Blanca y cuenta que el juicio con la línea recién lo pudo cobrar nueve años después.

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Un día en el que estaba baldeando la vereda de su casa, unx de sus hijxs le dijo que en la esquina estaba Alak hablando con los medios. En ojotas, toda mojada, se presentó ante ellxs y empezó a escupir toda su bronca:

—¿Usted me conoce?

—Sí, la conozco.

—Usted no me conoce, es un mentiroso

Dos tipos se le fueron encima y Blanca amenazó: “Si alguno me toca, uno termina en el hospital y el otro en la comisaría”. Automáticamente, Alak le respondió que el viernes la iba a atender en su oficina y que se quedara tranquila.

—Ahí mismo le digo: ´tengo un peso con veinte en la billetera, es lo único que me queda y tengo cuatro pibxs. Si yo me gasto este último peso con veinte y no me atiende le pateo todo y me voy a todos los medios´.

Entonces, Alak la observó y le dijo que mejor fuera el lunes, porque el viernes no iba a estar. Blanca se ríe al recordar la situación, tan lejana ahora en el tiempo.

Al lunes siguiente, se presentó en la municipalidad, pero la atendió el secretario de Alak y lo primero que le ofreció fue un plan social.

—Yo no quiero un plan, yo quiero trabajar, arremetió.

Así que a duras penas le dieron un puesto como camionera de un almejero en la delegación de Gonnet.

—Yo no sabía manejar ese camión, es un camión tipo grúa que abre las zanjas. Pero no me importó, iba a aprender. Por suerte había un tipo muy gaucho ahí que tenía miedo que le robe el puesto y él quería seguir manejando el único camión que había. Así que me hacían ir al divino botón, cumplir mi horario y volver.

Por esos días ganó Pablo Bruera las elecciones en la ciudad de La Plata y cambió el delegado que tenían en Gonnet. Lxs empezó a tratar mal y ante la situación de maltrato renunció. A los veinte días, el nuevo Secretario de Cultura la encontró, la llevó a hablar con Pablo, quien ya por ese entonces era intendente, y le dieron un trabajo en la línea 0800 de reclamos. Había muchas quejas y Blanca, que no iba a quedarse callada, se fue a hablar con él.

—Pablo, hay muchas quejas. Hay que sacar inspectores a la calle y yo quiero ir.

Así, Blanca logró volver a subirse a los micros. Conocía los recorridos, a los empresarios, a los choferes y, encima, las quejas de la gente y cómo era el manejo de la Dirección de Transporte.

—Yo ejecutaba más horas de la que debía, me encantaba el trabajo. Nos llevábamos muy bien con los choferes, les explicaba que ahora yo estaba del otro lado, que si los veía hablando por celular lo tenía que notificar, pero nunca hubo ningún problema con ellos. El motivo de descontento conmigo eran los empresarios que tenían acciones en la línea e iban a UTA y decían que Blanquita estaba rompiendo las pelotas. A mí como pasajera me daba bronca, había menos micros de los que habían licitado, los horarios no se respetaban y las paradas de colectivos estaban llena de chicos que salían del colegio.

Así que un día, Blanca le pidió a Pablo Bruera que la acompañara a la parada de 7 y 72 y le dijo que se escondiera. Pasaron varios micros repletos y no pararon. O directamente nunca pasaron. Así que el intendente llamó a la empresa y le dijeron que Blanca mentía, que los micros estaban pasando y él enojado les respondió: “estoy yo en la parada con Blanca”.

—Desde ese momento cinco menos diez, antes que salgan los chicos de la escuela, me mandaban tres coches vacíos y así fue, desde entonces, en todas las paradas que reclamé.

La primera vez que la despidieron fue en enero de 2015 cuando ella estaba de vacaciones, al poco tiempo que asumió Julio Garro, el actual intendente. La acusaron de ser una ñoqui, UPCN la defendió demostrando lo contrario y lograron reincorporarla, pero ya no en planta sino con contrato mensualizado.

Un año después, también durante sus vacaciones, unxs compañerxs de trabajo le avisaron que la habían dado de baja porque la habían visto en una marcha en 7 y 50 al lado del concejal Gabriel Bruera, junto a otras 300 personas (fue en la marcha que se realizó en defensa de los choferes de la línea Este, quiénes estaban pasando por un momento de huelgas y reclamos legítimos). Y la última vez, en enero de 2018, “porque trabajaba mucho”.

—Me acerqué a personal, me dijeron que la información me la tenía que dar mi jefe de dirección, Emiliano Nezhoda . Así que lo fui a buscar y lo obligue a acompañarme hasta ahí; nos dijo en la cara que mi legajo estaba dado de baja. Subimos a nuestra oficina y empezamos a discutir, le dije que hacía más de veinte años que venía con esto, que muchas veces le salvamos las papas porque él es arquitecto y D.J y no sabía nada de colectivos cuando entró.

Blanca añade que, en su recuerdo, él le dijo que le pidieron una lista y puso su nombre, pero que no sabía que la iban a echar, que cómo podía ser si ella era la que más trabajaba.

En ese momento eran cinco inspectores, echaron a Blanca y a otro que, a los dos días, le dieron el alta nuevamente. A fuerza de vehemencia logró que su director confiese: “Hay gente a la que le molesta tu trabajo. Porque vos tenes que entrar a las 8 de la mañana y ya andas dando vueltas en la calle a las seis”, cuenta.

—Yo llamaba a la empresa porque los micros no tenían la frecuencia que debían o notificaba si veía a un chófer hablando por celular. A veces, cuando había cortes, iba en mi camioneta con mi nafta y llevaba a lxs pasajerxs que tenían que llegar al trabajo o les explicaba que había paro.

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En enero un medio local se contactó para hacerle una nota por radio y contar esta situación, pero esa fue la última vez en la que se habló sobre Blanca Carnevali. Desde la Dirección de Transporte no volvieron a hablar, desde el municipio tampoco y los medios callaron, quizás por pedido de alguien.

—Yo lo siento como una persecución personal desde el momento en que entré en ese ámbito de hombres. Acá el que tiene fuerza es el poder y es la plata. El gremio es muy machista, ellos dicen que la mujer es conflictiva y que puede quedar embarazada. No va por el tema del manejo. Pasaron casi 15 años y todavía no volvió a haber una chofer mujer. Y encima mi jefe que me dice que un empresario que tiene acciones en la línea pagó para que me pongan en la lista de despidos. De bronca lloraba, temblaba, otra vez me echaban como hacía quince años atrás.

Blanca se emociona y empieza a recordar algunos momentos en la línea, con sus compañeros, delante del volante y el nudo en la garganta se desata cuando sus ojos brotan un par de lágrimas.

—Pienso que si alguna vez amé algo en la vida, fue haber entrado a laburar de chofer, me sentí la mujer más querida del mundo ahí adentro. Ellos saben que adoro desde el mecánico hasta al jefe de personal y ellos a mí. Cuando me echaron me cortaron las manos y los pies, estuve con un estado depresivo que me la pasaba encerrada llorando. Pero cuando Pablo Bruera me dio la posibilidad de salir otra vez a la calle como inspectora volví a ser yo, en la línea los muchachos me dejaban acomodar el coche, ir hasta el lavadero y, aunque eran veinte metros, yo era feliz.

Ahora Blanca trabaja en dos reconocidas pizzerías de La Plata haciendo pollo o carne al disco y siente la nostalgia de no poder manejar un micro. Todos los días se traslada en su auto y dice que le hace mal ver los colectivos.

Fotos enviadas por Blanca Carnevali

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