“El feminismo y el sindicalismo tienen que enamorarse”

Por Bárbara Haurie

Fotos: Micaela Mennuto

 

El pasado martes 13 se llevó a cabo el 5° Encuentro de Género y Sindicalismo organizado por la Secretaría de Juventud de ATULP –Asociación de trabajadores Universitarios de La Plata –. En esta oportunidad estuvieron presentes Cecilia Molina, Prosecretaria de Cultura y participante de la Juventud Sindical Peronista Regional; Mariana Funes, Trabajadora No-docente e integrante de la Juventud APUSAM; y Claudia Lázzaro, responsable de Género y Derechos Humanos del Sindicato de Obreros Curtidores – Corriente Federal de los trabajadores- quienes intercambiaron perspectivas respecto a la situación de las trabajadoras organizadas y de la consolidación de un feminismo de corriente nacional y popular en pugna con las estructuras orgánico-patriarcales de sus sindicatos.

Hay un camino por recorrer a través de los espacios sindicales que sólo puede darse mediante la puja. Porque cada vez que las mujeres peleamos por nuestros derechos enseguida salta algún compañero a hablarnos de la doctrina, Secretario General; enseguida nos ponen la doctrina en el medio, no sé qué habrá adentro de esa doctrina que les viene a servir de tope”, cuestionó Cecilia Molina, quien expuso su postura con firmeza ante la mirada de Rául H. Archuby.

Por su parte, Mariana Funes, desde la Juventud APUSAM de la Universidad Nacional de San Martín, destacó la relevancia que tuvieron en la historia de las mujeres dos de sus movimientos fundamentales: “El de las que iban por los derechos en el trabajo y el de las que peleaban por el sufragio universal”. En cuanto al contexto actual, consideró la brecha salarial (27% para el trabajo formal y 35% bajo condiciones de empleo irregular) como un motivo fundamental para la organización y el accionar de las trabajadoras al tiempo que resaltó la significación del feminismo como “un movimiento que trasciende” y a partir del cual, es necesario empezar a construir políticas públicas en el camino hacia la justicia y la igualdad social.

En este sentido, Claudia Lázzaro se refirió a la invisibilización como una de las principales formas de desigualdad para las trabajadoras: “Esta es una forma de violencia que sufrimos las mujeres en nuestros espacios de trabajo, donde se suele pensar que nosotras estamos exclusivamente destinadas a tareas sociales o asistenciales”, afirmó.

Según explicó Lázzaro, su situación como trabajadora resulta particular puesto que se desempeña como promotora de políticas de Género y DDHH en un sector masculinizado donde las mujeres apenas representan el 3 % del total de lxs curtidores: “Pero esto no fue siempre así: hace poco cuando veía unos documentos –casi por casualidad porque nos estábamos mudando- , noto que durante el primer convenio que nosotrxs tenemxs ya había mujeres haciendo todas las actividades que hoy parecen exclusivas de los hombres; mujeres a las que, en su mayoría, se las ha ido desplazando hacia tareas administrativas”, aseguró.

Parte de este proceso histórico de masculinización es lo que, hasta ahora, ha venido a imponer sus obstáculos a la organización de las trabajadoras que integran este colectivo: “Nosotras tardamos mucho tiempo en pensar un espacio de género porque no nos encontrábamos; porque cuando empezamos a preguntar y a buscar; a preguntarles a nuestros compañeros, preferían que las compañeras no salgan a movilizar o a hacer distintas actividades y porque, a excepción de lo que sucede en Magdalena donde hay más de 40 compañeras, tenemos curtiembres en las que está trabajando una sola mujer”.

Dos cuestiones, señala Claudia, fueron necesarias para que se concretara la consolidación de un movimiento feminista en su espacio de trabajo: el Encuentro Nacional de Mujeres fue uno; el otro: buscarse en la foto del primer triunvirato de la CGT y descubrir que solamente se visibilizaba a dos mujeres: Noé Ruiz, secretaria de Igualdad de Oportunidades y Género y Sandra Maiorana, quien ese momento ocupaba la secretaría de Salud. “A partir de esa foto nosotras entendimos que había algo que tenía que cambiar; entonces decidimos armar el Primer Encuentro Nacional de Mujeres Sindicalistas”, recuerda Lázzaro. “¿Pero cuántas compañeras meteremos, 50?”, se preguntaba por aquel entonces. Para su sorpresa y la de muchxs, en ese primer encuentro participaron 450 compañeras.

Nosotras teníamos que convencer a nuestro sindicatos, convencer a nuestros secretarios generales y teníamos que hacer lo que ya nos decía el General Perón, que era persuadir; lo hicimos: hicimos el Segundo Encuentro Nacional de Mujeres Sindicalistas y modificamos el programa de la curtiembre en el que nos incorporaron a través del punto 27 y por primera vez en la historia de los programas obreros, hay uno que habla de nosotras, y no sólo habla de nosotras sino que el programa en sí tiene que ser leído con perspectiva de género” , resaltó Claudia.

Hoy, de cara al tercer encuentro, no para de apostar: “Porque si ya nos habíamos encontrado para visualizarnos, si ya habíamos logrado que un diario de tirada nacional como Página/12 nos meta en la tapa, si ya habíamos podido modificar el programa obrero, entonces dijimos, ´Ya está, ahora nos tenemos que ir a la cuna de los programas obreros´, entonces nos vamos a Córdoba, compañeras; nos vamos a Huerta Grande”.

Para finalizar, propuso una última reflexión: “El año que viene se cumplen 50 años del Cordobazo y recién este año se escribió un libro que habla sobre las mujeres que participaron en él, miren qué injusta es la historia con nosotras. Pero las mujeres tenemos estrategias, y la estrategia es encontrarnos, entender que el feminismo no es individual, es colectivo, y entender que esta deconstrucción la tenemos que hacer entre todas”. Y remató: “Porque el feminismo y el sindicalismo tienen que enamorarse, no queda otra.”

 

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