Por : Bárbara Haurie

 

Son las cinco de la mañana del 7 de mayo de 1919 y en las tierras de La Unión, ubicada a 20 km de Los Toldos, comienzan a caer las primeras gotas de lluvia; golpean contra los techos de la estancia donde una mujer mapuche asiste a Juana Ibarguren, quien puja por dar a luz a su cuarta hija: María Eva. Su padre, Juan Duarte, descendiente de inmigrantes franceses de apellido D’ Huart, desarrolla una actividad política afín al Partido Autonomista Nacional de Marcelino Ugarte, cuyos punteros zonales son la familia Malcom, propietarios de la estancia que administra. En Chivilcoy, ciudad de la que es oriundo, convive en matrimonio con su prima, Adela D’ Huart y sus hijos legítimos, mientras Eva y sus cuatro hermanos -Blanca, Elisa, Erminda y Juancito- esperan por él en el campo.

En un auto alquilado llega Eva, junto a su madre y hermanos, al velorio de Juan Duarte, el 8 de enero de 1926. La familia legítima, según algunas versiones, se resiste a recibirlos. Pero el hermano político de su padre, intendente de Chivilcoy, intercede para que puedan acompañar al cortejo y asistan a su entierro.

Fallecido Duarte, los Ibarguren tienen que abandonar la estancia; se mudan a una casa de dos ambientes ubicada en las afueras del pueblo, donde Juana comienza a trabajar como costurera para alimentar a sus hijos. Producto de la difícil situación económica en la que se encuentran, Eva retrasa dos años su ingreso a la escuela primaria; sus calificaciones en la mayoría de las materias son bajas y sus amistades prácticamente nulas debido a su condición de “bastarda”, por la que sufre constantemente el desprecio y la humillación de sus compañerxs.

De naturaleza tímida y solitaria, comienza a sentirse atraída por el arte, al tiempo que desarrolla una fuerte conciencia social y sensibilidad ante la injusticia. “Me contaba doña Juana, su mamá, que se escapaba de la escuela y se iba a pasar las tardes con los indios que quedaban en Los Toldos, les organizaba quermeses y rifas, bailaba folclore con ellos”, recordó en una entrevista la escritora platense Aurora Venturini, quien trabajó como psicóloga en la Fundación Eva Perón.

Eva ya tiene once años cuando su madre decide mudarse con la familia a Junín; allí continúa su educación primaria en la Escuela N°1 para egresar recién en 1934, a la edad de quince años. Para entonces, más de un miembro de la familia ya se encuentra trabajando y eso genera algunas mejoras en la economía de los Ibarguren, quienes logran mudarse a una casa más amplia, disponiendo de relativas comodidades que hasta ese momento les habían sido negadas. Es por aquellos años que Evita descubre su vocación por el teatro: arriba del escenario olvida su timidez y comienza a dar nacimiento a la mujer que, años después, la multitud reconocerá como su líder.

Cholita, como le decían en el barrio, viaja a Buenos Aires por primera vez en 1933 y, ayudada por su madre, se presenta para una audición en Radio Belgrano. “Te vamos a llamar”, le dirán después del casting, pero eso nunca sucede y Eva regresa a Junín bastante desalentada. Tras terminar el colegio primario decide volver a intentarlo: el 3 de enero de 1935 viaja en tren hacia capital y un par de días después obtiene su primer papel en la compañía teatral de Eva Franco. Ya hacia fines de marzo debuta profesionalmente en “La Señora de los Pérez”, Teatro de la Comedia, y en 1936 realiza su primera gira por Rosario, Córdoba y Mendoza, junto a la Compañía Argentina de Comedias Cómicas.

Un año después es convocada por Radio Belgrano y consigue su papel en Oro Blanco, radioteatro inspirado en la vida de los algodoneros del Chaco. En 1943 funda ARA (Asociación Radial Argentina), primer sindicato de los trabajadores de radio y por el que será elegida como presidenta.

Un año después, el 15 de enero de 1944, la Provincia de San Juan será sacudida por un terremoto que provocará la muerte de 5.000 personas. Juan Domingo Perón, a cargo de la Secretaría de Trabajo y Previsión, se presentará en el Luna Park para desarrollar un acto con el objetivo de recaudar fondos para los familiares y víctimas:

Eva entró en mi vida como el destino (…). Entre los tantos que en aquellos días pasaron por mi despacho, había una joven dama de aspecto frágil, pero de voz resuelta, con los cabellos rubios y largos cayéndoles a la espalda, los ojos encendidos como por la fiebre. Dijo llamarse Eva Duarte, ser una actriz de teatro y de la radio y querer concurrir, a toda costa, a la obra de socorro para la infeliz población de San Juan”.

Evita ya había empezado a ser Esa mujer

Fotos: https://bit.ly/2RtoKAf

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