Por: Julia Lastra

 

Lucrecia llegó a la casa cansada. Se sacó las botas en la entrada, colgó el pintor en el perchero, dejó el bolso en una silla y se desplomó en el sillón. Suspiró, tan fuerte que Daniel la escuchó desde la habitación. Vino a saludarla y le preguntó cómo le había ido. Ella le dijo que bien, que los niños y niñas habían participado de la clase y que había salido mejor de lo que esperaba.

-¡Viste! Y vos que tenías miedo.

-No le tengo miedo a lxs chicxs, les tengo miedo a lxs padres y madres.

Daniel le ofreció tomar un vino para relajar y mirar una serie. Lucrecia se distrajo por unos momentos pero cada tanto volvían sus temores. ¿Habré hecho bien? ¿Y si lxs padres y madres se quejan? ¿Y si me echan? ´Pero es una ley´, se respondía para relajarse. Le costó dormirse, había leído tantas cosas en facebook, veía tantas cosas sobre el movimiento #ConMisHijosNoTeMetas que no podía parar de pensar en las consecuencias que podía tener la clase de ESI que había dado.

Al otro día, cuando llegó al jardín, sus alumnxs la recibieron a los besos y abrazos como todos los días. Ni un padre, ni una madre apareció para quejarse y eso la relajó.

Pasó media jornada, estaban haciendo unos dibujos por el día de la primavera cuando Anita se acercó a Lucrecia. La niña se paró frente a ella con la cabeza gacha, no hablaba.

-¿Qué te pasa mi amor?- preguntó incomoda por el silencio de su alumna.

-Tengo algo que contarte, pero me da vergüenza.

Lucrecia la tomó la mano y la tranquilizó. Hasta que Anita por fin le dijo:

-Tengo un secreto, pero de los malos…

Anita le contó a la señorita del jardín que su tío José le había metido la mano en la bombacha en navidad, y que eso a ella no le había gustado, que él le pidió que guarde el secreto porque su mamá se iba a enojar con ella si se enteraba y la iba a dejar de querer.

-Ayer dijiste que si alguien nos tocaba las partes íntimas teníamos que contarlo, que no había que guardar ese secreto.

Lucrecia citó a la mamá de Anita para contarle la situación. La mujer rompió en llanto a penas escuchó el relato de lo que le había ocurrido a su hija, estaba en shock porque nunca había pensado que un miembro de su familia pudiese hacer eso. Inmediatamente hicieron la denuncia. La familia de Anita se partió en dos: quiénes le creían a la niña y quiénes le creían al tío. Decían que la nena lo había inventado, que malinterpreto lo que ocurrió. “José es un gran hombre, jamás haría algo así”, decía la abuela. Hasta que las hermanas mayores rompieron el silencio también, Anita no era la única víctima, el tío José venía abusando de sus sobrinas hacía tiempo.

Dos años después fue el juicio oral, lo condenaron a 20 años. Lucrecia jamás volvió a dudar sobre dar una clase de ESI.

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