No estamos todas, falta Clara

Por: Julia Lastra

Nelida se despertó porque sentía que alguien la observaba mientras dormía. Parada al lado de la cama con una coneja de peluche en los brazos estaba su nieta, Sofía. Sin decir nada, abrió las sábanas y la niña se metió en la cama y la abrazó fuerte, como se abraza a alguien cuando se tiene miedo de perderlo. Estuvieron así un rato hasta que sonó el despertador. Se levantaron y fueron a la cocina. Javier, su hijo menor ya estaba levantado haciendo mate. Nelida le preparó una leche con chocolate a Sofía, mientras le pedía a Javier que esa tarde se quede con su sobrina.

-¿Por qué no podemos ir a la marcha con vos?

-Porque no me gusta exponerlos.

-Es mi hermana y su mamá, también queremos encontrarla- Javier le pegó un fuerte sorbo al mate. Nelida empezó a llorar.

-No doy más…

-¿Cuándo va a volver mi mamá? – Sofía hacía sonar la cuchara en la tasa. Su tío la miró, le acarició el pelo y le besó la frente. Nadie le respondió. Nélida se secó las lágrimas y se tomó un mate.

Clara tenía 21 años, era una joven que contagiaba alegría en el lugar en el que estuviese. Tanto ella como su madre eran madres solteras y se acompañaban mutuamente de tal manera que con solo verlas se comprendía el significado de la palabra sororidad. Estaba terminando la secundaria en el plan Fines en un club a diez cuadras de su casa. Un jueves, hace seis meses no volvió de clases. Sus compañeros dijeron que se despidió en la puerta y la vieron caminar una cuadra y doblar en la esquina. Desde entonces nadie la volvió a ver.

Nélida se hizo un rodete en el pelo, se puso las zapatillas deportivas y la remera con la cara de su hija que se hizo luego de un mes de su desaparición. Se despidió de su hijo y su nieta y salió a tomarse el colectivo para ir al centro.

Cuando llegó al punto de concentración saludó a las amigas de su hija, presentes en cada movilización. Las abrazó con la misma fuerza y el mismo amor con el que abrazaría a su hija el día que la encuentre.

Se colgó en sus pensamientos. Recordó cuando Clara era pequeña y jugaba con sus muñecas, le decía que quería ser enfermera, que le gustaría ayudar a la gente. Siempre tan solidaria, siempre queriendo cuidar a los demás. Era una gran mamá, era mejor mamá que lo que ella considera que había sido. ¿Dónde estará? ¿Cómo la tratarán? ¿Volveré a verla?, pensaba y se le hizo un nudo en el pecho.

Una militante de los movimientos sociales que vienen acompañando su lucha le tocó el hombro y le indicó que ya estaba la bandera al frente de la columna, que ya se podía ubicar. Nelida tomó con fuerza la bandera con la consigna: No estamos todas, falta Clara.

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