Por: Julia Lastra

Joaquín corrió en zigzag por el pasillo esquivando el vaso que le revoleó su padre. Patinó en el intento de evitar otro golpe, cayó al piso y con desesperación se arrastró hasta su habitación. Cerró la puerta y echó llave justo antes que Ricardo llegara. Mientras pegaba patadas gritaba con furia:

-¡Yo no pienso vivir con putos! ¿Me escuchas? No se toleran putos de mierda en esta casa.

Joaquín tiene 16 años y motivado por sus amigxs y novio decidió contarle a su familia que era gay. Su madre siempre lo supo, aunque nunca hizo mención del tema, por eso cuando él en medio de la cena dijo “soy gay”, Susana le advirtió con la mirada “corre porque te va a matar”. Su hermana lo miró y siguió comiendo, sin emitir comentario. Mientras su padre se ponía rojo de odio. Cuando Joaquín vio que ponía la mano sobre el vaso supo que era momento de correr, sabía lo que venía.

Su padre siempre le pegó. Le pegó cuando lo encontró jugando con las muñecas de su hermana a los 4 años, le pegó cuando se llevó la primera materia en la escuela. Incluso una vez, luego de un partido de fútbol (deporte que practicaba porque su padre lo obligaba) le pegó con un fierro en la pierna por haber errado un penal. Joaquín tuvo que usar yeso ese verano, diciéndole a sus amigxs que se había caído trepando un árbol. Susana intentó defenderlo cada vez que eso ocurría pero terminaba recibiendo peores golpes. Él le insistió varias veces para que lo denuncie pero Ricardo tenía un hermano policía que lo iba a cubrir en todo.

Joaquín se quedó dormido llorando. Unas horas más tarde escuchó que le golpeaban la puerta despacito.

-Joaco, abrí, soy mamá- susurró Susana.

Él le abrió la puerta y ella lo abrazó fuerte. Enseguida agarró un bolso y empezó a guardarle ropa y cosas.

-Agarra tu mochila con las cosas de la escuela

-¿Qué pasa?

-Te vas a lo de la abuela, ya la llamé y te va a estar esperando. Yo mañana paso a verte- le puso plata en la mano para que se tome un taxi- Va a ser mejor que no estés por un tiempo en casa.

-Ma, ¿por qué no te venís conmigo?- Joaquín le tomó la mano a su mamá y la miró fijo a los ojos. No necesito respuesta, ella sabía que si dejaba a Ricardo la iba a buscar y la iba a matar. Él también lo sabía, todxs lo sabían.

Susana le besó la frente y salieron de la habitación intentando no hacer ruido. Se despidieron en silencio en la puerta. Una vez en el auto Joaquín volvió a llorar, sentía una angustia muy fuerte en el pecho y la horrible sensación de que no iba a volver a ver a su mamá.

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