La rebelde, la compleja, la real

Por Victoria Briccola

 

Virginia Woolf, quien nació en Londres, un 25 de enero de 1882, fue la escritora que nos hizo conocer a los protagonistas de sus novelas desde el exterior y el interior, y hasta nos hizo escuchar sus voces más íntimas, acercándonos a su gran enfermedad –esa que la hacía escuchar voces en ciertos momentos– y que la llevaron a llenar los bolsillos de su abrigo con piedras para ahogarse en el río Ouse.

Virginia, la novelista desafiante y vanguardista; la biógrafa irreverente que se rio del género de moda y publicó una biografía de un perro y otra inspirada en su ex amante: Vita Sackville-West, cuando la bisexualidad era vista como la peor de las aberraciones.

Fue también la autora de uno de los primeros y más fundamentales textos feministas: Un cuarto propio (1929). Con este ensayo fue la primera en hacer ver a las mujeres la importancia de tener una habitación propia y de un ingreso suficiente para poder crear.

Después llegaron sus novelas más vanguardistas y más conocidas: La señora Dalloway (1925), Al faro (1927), Las olas (1931), y dos biografías imaginarias: Orlando (1928), sobre un poeta que cambia de género después de siglos –dedicada a su querida Vita– y donde toca dos temas tabú de la época: la homosexualidad femenina y la independencia económica de la mujer.

Virginia, la aristócrata, la socialista, la que escuchaba voces, la que sacó la voz por las mujeres. La que dejó su casa en el barrio de Kensington y armó un grupo en Bloomsbury junto a su hermana Vanessa y los amigos que sus hermanos se habían hecho en Cambridge. La que no fue a la universidad pero tuvo una educación impresionante. La conservadora que se enamoró de un hombre y de una mujer y que vio con naturalidad las distintas relaciones de género que mantenían sus amigos.

La que decidió terminar con su vida ese 28 de marzo de 1941. La que, a pesar de las especulaciones por su relación con Leonard, le dejó una carta de suicidio que decía así: “No creo que dos personas puedan haber sido más felices hasta que esta terrible enfermedad apareció (…) Todo el mundo lo sabe. Si alguien podría haberme salvado, habrías sido tú”.

Virginia, la que no soportó oír más voces, pero nos dejó, en cambio, su voz –fuerte, clara, feminista– en sus novelas, ensayos y cuentos, y se convirtió en un mito y hoy, en el personaje del mes.

 

Ilustración://bit.ly/2N2kk5d (Marcelo Parra) 

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