Por: Soledad Santalucía

Camino por la calle a las diez de la noche.
Sí, estoy sola de noche, para los que quieran justificar.
Tengo una cuadra de distancia desde que bajo del colectivo hasta mi casa, y la verdad, me gustaría ser invisible.
La oscuridad, el silencio, los autos estacionados en hilera y mi corazón latiendo fuerte y con prisa, van al compás de mis pasos.
A veces me prendo un cigarrillo y pienso en cosas que tengo que hacer para evadir el momento y llegar pronto.
Cuando me cruzo a alguna mujer caminando en la misma que yo, me siento segura, recupero el aliento y llego con la imagen de esa mujer hasta la puerta de mi casa.
Pero cuando no es así, el miedo me invade, escucho y pongo en alerta todos mis sentidos.
No puedo evitar imaginar lo peor, no lo puedo evitar porque hoy es 21 de enero y ya hay dieciséis femicidios.
¿Que habrá pensado Agustina Imvinkelried caminando esas cuadras hasta que se topó con Pablo Trionfini?
¿Habrá sentido su corazón latir a mil?
¿Habrá sentido miedo y sus palabras de que “todo iba a estar bien” la habrán tranquilizado?
Agustina salió del boliche y paró a comprar algo.
Sus últimas imágenes la muestran caminando mientras comía, cómo me gusta comer a mí cuando salgo de algún lugar.
Iba sola, como cuando salgo yo sin mi pareja, sin mis amigxs, sin nadie que me tenga que ir de “guardaespaldas”.
Me imagino a mí mientras camino esa cuadra que me separa del colectivo a mi casa, comiendo, sola, escuchando mi corazón, mi miedo, e imagino que un hombre en un auto pasa, me sube y me lleva.
Hace y deshace con mi cuerpo como le da la gana.
Me toca, me pega, me insulta, y nada puedo hacer.
De repente mi cuerpo es su cuerpo.
Ya no me pertenece.
Empiezo a sentir que mis manos están frías, temblorosas.
Mis labios están partidos de tanto pedir que me deje.
Mi cuerpo sangrando, ahorcado, asfixiado, yace en un auto ajeno sin latir.
Mi corazón no tiene miedo porque ya no late.
Me pregunto si este tipo esperará que lo busquen, se escapará hasta ser hallado o se matará porque sabe que está jodido, al menos por un par de años hasta que por buen comportamiento lo dejen salir de la cárcel.
Quizás se vaya del país, cambie de rubro, encuentre una persona que lo quiera y hasta quizás, sea feliz. Como si se lo mereciera.
Como si no hubiera cagado una vida y las tantas que en consecuencia quedarán destrozadas.
Y yo, a menos que me encuentren, seguiré pudriéndome en un descampado, dejando en la tierra algo de mí, dejando en la gente que me conoció solo recuerdos.
Pintaran mi cara en algún mural, me llevarán cientos de mujeres en sus carteles cada año, cada marcha.
Pondrán cuadros en mi casa, recordarán mi fecha de nacimiento, alguna charla conmigo.
Los medios buscarán toda la información de mi vida, harán un video bonito con fotos de algún viaje que, quizás, haya hecho. Al menos, los primeros tres días en donde mi muerte garpa.
Dirán que era una buena piba, que estudiaba y trabajaba, o dirán que era una cualquiera, una putita de esas que se merecen lo que les pasa.
Y mientras el tiempo pasa, yo seguiré en algún descampado sin saber porque.
Y mientras el tiempo pasa, este tipo será feliz en algún lugar, o será condenado en alguna cárcel porque vivo está, o se habrá matado porque tiene el poder de decidir sobre su vida, como decidió sobre la mía.
Me invade el dolor.
Abro los ojos, estoy en la puerta de mi casa y estoy viva.
Mando un mensaje: “chicas, llegué bien”.
Y pienso que hoy no fui, hoy estoy, pero ¿Cuál será el nombre de la piba que no llegó?
¿Habrá activado su botón antipático y nadie la encontró?
¿Habrá discutido con su novio y habrá pensado que todo iba a estar bien, que él no era capaz, que el miedo mañana se habría ido? ¿Qué quizás podía irse? ¿Que a ella no le iba a pasar?
¿O será otra mujer que por discutir con el vecino por unas hojas en la vereda la mató a plena luz del día, en la vereda, junto a otra vecina que vio todo?
Y te juro que esa mujer no iba sola de noche, no estaba provocativa.
Era una mujer “normal”, de familia.
¿Pero seguro era una loca, no? ¿Una hinchapelotas?
“Algo seguro que hizo para que ese hombre actué así”, si hasta me parece escuchar la voz del macho justificando a su par.
Algo siempre van a decir para culpar a la mujer.
Me pregunto, ¿Qué familia escuchará el timbre de su casa y al abrir se enterara de lo peor?
¿Que amigx, hermanx, abrirá sus redes y se encontrará con su amiga, hermana, en la placa de crónica, y de tantos medios que tomaran su caso como un número, un número que al final tiene un nombre, pero el nombre no importa porque se transformará nuevamente en un número que en el año formará una cifra?.
Hoy llegué, caminé la cuadra que me separa de mi casa y estoy acostada escribiendo esto. Pero mañana tengo que arrancar temprano para el laburo, meterme en barrios desconocidos porque soy vendedora, cruzarme a hombres, jóvenes que nunca vi y que no conozco.
Tengo que seguir mi vida, salir con mis amigxs, salir sola, estudiar, trabajar, vivir.
Y la verdad no quiero sentir más miedo viviendo.
No quiero tomarme un remis por cuatro cuadras.
No quiero que me pregunten más si llegué bien, porque no tendría que haber ningún motivo para que no lo haga.
No quiero pensar que si salgo sola, me lo busqué.
No quiero pensar que si tomo demás, estaba disponible.
Quiero que respeten nuestras vidas, nuestros cuerpos, nuestros latidos del corazón y dejen de lastimarnos.
Porque cada vez que matan a una, nos matan a todas un poquito más. Y la verdad, cada vez me siento menos viva.

Abramos las ojos, vivas y libres nos queremos.

Foto: Resumenlatinoamericano.org

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