LOHANA BERKINS: “En un mundo de gusanos capitalistas, hay que tener coraje para ser mariposa”

Por: Soledad Santalucía 

 

Tres años se cumplen de aquel 5 de febrero de 2016, cuando Lohana falleció a causa de un tumor que, en un principio, fue diagnosticado como hepatitis C.

Días antes de su muerte se reunió con su amiga y compañera de lucha, Marlene Wayar, a quién le dio la tarea de difundir un mensaje:

“Queridas compañeras, mi estado de salud es muy crítico y no me permite reunirme personalmente con ustedes. Por eso quiero agradecerles sus muestras de cariño y transmitirles unas palabras por medio de la compañera Marlene Wayar, a quien lego esta posta. Muchos son los triunfos que obtuvimos en estos años. Ahora es tiempo de resistir, de luchar por su continuidad. El tiempo de la revolución es ahora, porque a la cárcel no volvemos nunca más. Estoy convencida de que el motor de cambio es el amor. El amor que nos negaron es nuestro impulso para cambiar el mundo. Todos los golpes y el desprecio que sufrí no se comparan con el amor infinito que me rodea en estos momentos. Furia Travesti Siempre. Un abrazo”.

Lohana de niña se sintió diferente, ajena a su cuerpo de varón, luchadora entre tantas otras voces que a gritos le decían que dejara de ser quien era. Sabía que era una mujer, así se sentía y así pedía que la traten, por supuesto, entre discordias de todxs lxs que intentaban detenerla.

A los doce años, después de ver como injustamente expulsaban de la iglesia a una amiga -también incómoda en su cuerpo de hombre- por haber decorado el lugar para la misa y por “marica”, como así lo diría el cura adelante de todxs, Lohana se paró de su asiento y defendió a su par a los gritos, ya que a ella no la habían expulsado por pertenecer a una familia conocida de Pocitos, provincia de Salta, donde nació y se crió.

Hija de un joven militar y una migrante boliviana, hermana de trece hermanxs, Lohana ya de niña se negaba a usar los borceguíes que le compraban,por eso usaba sandalias franciscanas.

Recordaba que en su infancia pedía juegos de niñas para las fiestas y que, en la escuela primaria no la dejaban enfilarse con las nenas, y como no se sentía cómoda con los varones, se paraba en la mitad de ambas, sin importarle que la sociedad le reclamara que debía posicionarse de un lado.

La situación se tornó insostenible y, a los trece años, fue forzada a abandonar la casa en la que vivía con su familia. Primero vivió con una tía y luego llegaría a lo de Pocha, una mujer travesti, que la aceptó como una hija. Allí, empezaría a prostituirse y comenzaría a llamarse Lohana, adoptando el nombre de su madre, Ana.

Con Pocha, Lohana empezó a leer constantemente, un hábito que nunca abandonaría. También aprendió a maquillarse y a ahorrar, mientras les decía a sus compañeras que debían prepararse para el futuro, porque la prostitución y la belleza eran cosas pasajeras.

Era abolicionista, su visión de la prostitución era que no se trataba de una elección sino más bien de la única alternativa de supervivencia, y que es producto de un sistema perverso de pobreza y corrupción estatal que excede las decisiones individuales de las travestis.

De Salta llegó a la ciudad de Buenos Aires en los duros años de la dictadura militar, como tantas personas trans expulsadas de los pueblos del interior. En un principio ni siquiera encontraba hoteles que admitieran travestis por lo que de noche trabajaba la calle y de día simulaba ser una turista durmiendo en la plaza del Obelisco.

Gran activista y defensora de los derechos, no sólo de las personas trans, sino de todas las luchas en donde había actos de desigualdad, participó e impulsó grandes cambios:

– En 1994 fundó la Asociación de Lucha por la Identidad Travesti y Transexual (ALITT)

– En 2002, tras la negativa de anotarla con su nombre en la Escuela Normal 3, denunció ante la Defensoría del Pueblo de la ciudad de Buenos Aires la situación y se ordenó que se respetara su identidad.

– Trabajó como asesora de Patricio Echegaray, legislador porteño, siendo así ella primera persona trans en ejercer un puesto estatal.

– En 2003, la filósofa Diana Maffía asumió como diputada de la Ciudad y la nombró como asesora en temas de Derechos Humanos, Garantías, Mujer, Niñez, Infancia y Adolescencia, y desde allí logró que el entonces vicepresidente primero de cuerpo, Diego Santilli, del PRO, le firmara el contrato con su nombre elegido y así figurara también en la cuenta bancaria.

-Fundó en 2008 la Cooperativa Textil Nadia Echazú, y se convirtió en el primer emprendimiento laboral gestionado y administrado por personas trans, que venían en su mayoría de la explotación sexual.

– En 2010 conformó el Frente Nacional por la Ley de Identidad de Género, una alianza de más de quince organizaciones que impulsó la sanción a nivel nacional de una ley que garantizara la adecuación de todos los documentos personales a la identidad de género vivida y al nombre elegido por las personas y el acceso a tratamientos médicos de quienes soliciten intervenciones sobre su cuerpo. Fue aprobada por el Congreso en 2012.

– En 2013 comenzó a dirigir la Oficina de Identidad de Género y Orientación sexual.

– Fue columnista del diario Página/12.

– Publicó dos libros fundamentales para la visibilización de la situación de la comunidad travesti en la Argentina: “La gesta del nombre propio” (2005), que coordinó con Josefina Fernández; y “Cumbia, copeteo y lágrimas” (2007), que compiló, y acaba de reeditar Ediciones Madres de Plaza de Mayo.

 

Fuente Foto: Infobae 

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