La verdadera musa de sus poemas: Emily Dickinson desde el feminismo

Dos autoras españolas emprendieron un viaje para deshacer una leyenda que, durante más de un siglo, ha tratado de convertir a Emily Dickinson en una escritora convencional de la época.

Por Victoria Briccola

Ana Mañeru es economista y editora, y también ha sido responsable de programas de Educación y Cultura en el Instituto de la Mujer de España. Pero hoy la mencionamos porque, en colaboración con María-Milagros Rivera Garretas, publicó la edición en castellano más completa e impecable de los poemas de Emily Dickinson (1830-1886).

Si todavía no la leíste, es probable que su nombre te suene familiar porque fue una escritora americana que influyó enormemente en el desarrollo de la poesía estadounidense. Se dedicó a aprender sobre la naturaleza y la astronomía. Y un dato curioso es que mantenía un cuaderno de campo en el que estudiaba las cualidades de las flores que conservaba en su jardín. Siempre, en cada uno de sus poemas, se ocupó de describir la pasión, la sorpresa, la curiosidad, el miedo y el regocijo que la acompañaron toda su vida.

Desde el inicio de su carrera decidió mantenerse en el anonimato por lo que su vida resultó, para muchos y en varios aspectos, un misterio. La historia oficial la retrata como una “curiosa solterona” que pasó los días entre las paredes de su habitación de la casa paterna, “perdida en sus ensoñaciones”.

Pero por suerte, Mañeru y Garretas lograron echar luz al asunto y descubrir, como suele suceder en muchos casos, que la historia oficial no cuenta toda la verdad.

Como te contábamos, ambas son las autoras de la traducción al castellano de la obra completa de Emily Dickinson, publicada en edición bilingüe por Sabina Editorial en el 2002: Poemas 1- 600.

Mañeru confesó que lo que más le llamo la atención y le generó interrogantes fueron las anteriores traducciones: “comencé a comprar más libros y en todas las introducciones y los prólogos lo primero que hacían era contar lo mismo, como si se calcaran los unos de los otros: la historia de una mujer muy rara, recluida, enamorada de un clérigo que había visto una vez en su vida y que se dedicó a vivir en casa de sus padres con este amor platónico”.

Porque claro, las piezas no coincidían ¿Cuáles? La poesía, las estrofas, los versos, con ese perfil que repetían y repetían de ella. Fue en ese tramo que decidió recurrir a la filóloga y bilingüe, María-Milagros Rivera para que la asistiera con su estudio e investigación sobre las mujeres: “Nos pusimos las dos a investigar mucho más y, nos dijimos: Vamos a traducirla entera y, además, la vamos a publicar”.

Lisa y llanamente, pero no por eso exento de gravedad, se ha montado una falsa leyenda en torno a la vida y personalidad de Emily Dickinson.

Ambas autoras esclarecieron la situación y revelaron que no sólo NO estaba enamorada de un clérigo, sino que todos sus poemas de amor —y hay muchísimos, ardientes, preciosos y muy sensuales— eran para su cuñada, Susan Huntington Gilbert Dickinson. “Descubrimos que ella, que vivía al lado de su casa y se había casado con su hermano, fue en realidad el amor de su vida. Toda la vida tuvieron una historia de amor y Emily le dedicó más de trescientos poemas”.

Ellas afirman que en realidad, han sido las mujeres feministas en Estados Unidos las que han impulsado la actual revisión de la biografía oficial de Emily Dickinson.

Esto ha sido consecuencia, a la vez, de la digitalización de sus poemas, que pueden hoy por hoy consultarse en internet desde el 2013. Previo a esto, las universidades custodiaban sus manuscritos y durante más de cien años fueron propiedad privada, con lo cual la leyenda no hizo más que perpetuarse.

Lo cierto es que por más que quisieron callarla, para el clérigo, finalmente, no hay escrito ni un solo poema:

Apilarse como el Trueno hacia su final

Luego desmigajarse grandiosa lejos

Mientras todo lo creado se escondió

Esto —sería Poesía—

O Amor —una y otro al tiempo llegan—

Nosotras ambas y ni una ni otra demostramos—

Experimentamos cualquiera de las dos y nos consumimos—

Pues nadie ve a Dios y vive—“.

Fuente foto: https://bit.ly/2tguEdG

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