Por: Sofía Sánchez

 

El fin de semana pasado se vivió un momento tenso en“Crónicas de Lirio” por Crónica HDentre el Patón Basile y Alejandra “Locomotora” Oliveras.

El conductor, Hernán Lirio, le consultó al boxeador qué opinaba de la primera pelea que se va a realizar entre mujeres con 12 rounds y su respuesta fue: “Comparto que las mujeres entrenen el deporte pero no que practiquen boxeo. No estoy a favor del boxeo femenino. Creo que la mujer está para otra cosa. No para subirse a un ring y agarrarse a piñas“, disparó Basile y detalló: mi mujer entrena pero no me gusta que esté con los guantes a las piñas. Me gusta más femenina, más coqueta”.

Sin dudarlo, la Locomotora Oliveras le contestó: “La mujer puede hacer lo mismo que el hombre. Absolutamente en todo. Lo que dice es machista”.

“Los machistas dicen que la mujer es el sexo débil. Yo gané 5 títulos mundiales, 4 por nocaut. Ahora voy por el sexto y voy a pelear 12 rounds de 3 minutos igual que los hombres. Es la pelea de la igualdad. Todas las mujeres del mundo y los hombres que no son machistas nos tienen que apoyar”, reflexionó la boxeadora.

“Yo no soy machista, soy realista”, contestó él y la Locomotora se indignó:“Si tuvieras mi peso yo te cago a trompadas”.

“Ahora me estás agrediendo vos, esto es ser feminista, me faltás el respeto y me estás haciendo calentar”, disparó Basile, claramente al ver amenazada su virilidad y su supuesta superioridad por el sólo hecho de ser hombre y tomando como una agresión el hecho de que una mujer le diga que puede superarlo, en este caso en un deporte de combate.

“Vos le estás poniendo límites a una persona”, acusó la boxeadora.

Se recomienda ver y escuchar la nota nota completa que continúa con la intervención del psicólogo Bernardo Stamateas, el cual habla de los estereotipos de género.

A raíz de esta nota podemos analizar cómo el boxeo se considera algo que “salva la masculinidad”. Si el deporte en general es un campo clara e intensamente generificado, el boxeo multiplica de manera fundamental estas características en todas sus dimensiones, como espacio para la masculinización de los niños y los jóvenes, como el lugar donde se endurecen el cuerpo y el carácter por medio de técnicas corporales intensas, repetidas y deliberadas. Técnicas dirigidas al establecimiento de una disciplina rigurosa cuya finalidad es preparar no sólo para la pelea, sino también para la vida.

En el imaginario del boxeo, los roles de género están rigurosamente repartidos. Las mujeres pueden ocupar el lugar de espectadoras o en las peleas, su papel se limita a funciones estereotipadas que se realizan usualmente de manera entusiasta y estereotipadamente femenina [como la de anunciar, casi siempre en bikini y con maquillaje y peinados vistosos, el número del round], porque de otra manera, las mujeres no tienen un lugar natural en el espectáculo.

De esta forma, mientras se considera que el boxeo es una actividad “normal” para los varones, aparece como la más inapropiada para las mujeres.

A pesar de que en la actualidad los gimnasios de boxeo son espacios abiertos a personas de uno u otro sexo, su vocación genérica sigue siendo una condición problemática. Esto significa que el ingreso de las mujeres al boxeo aún se lee como una transgresión de fronteras: ellas están invadiendo un territorio masculino. Por lo tanto, resulta decisivo comprender la lógica interna de esta territorialidad, es decir, los elementos y las relaciones estructurales de significación a partir de los cuales se atribuye a una actividad humana su pertenencia al reino de lo masculino o al reino de lo femenino.

En conclusión, la construcción discursiva de la mística del boxeo postula la figura heroica del boxeador como un resistente paradigma de la masculinidad, en el que se reivindican valores de mérito individual, autoconstrucción, coraje, resistencia (como cualidades espirituales) y fuerza corporal que subliman la violencia de la práctica boxística en un imaginario intensamente atravesado por significados de género. El gimnasio de boxeo, se convierte entonces en un espacio para la masculinización de los niños y los jóvenes, donde se endurecen el cuerpo y el carácter mediante técnicas corporales orientadas en una rigurosa disciplina con la que los varones se preparan no sólo para la pelea, sino también para la vida.

En este ambiente, la presencia de mujeres se percibe como una discordancia —aunque las condiciones actuales hayan obligado a hacer adaptaciones e improvisar nuevas reglas del juego dentro del campo boxístico—: las mujeres siguen siendo un problema. El boxeo sigue necesitando subrayar y naturalizar la diferencia entre hombres y mujeres como incapacidad para el desempeño de la disciplina, lo cual se traduce en un postulado de supremacía masculina.

En esta trasformación y democratización de las prácticas deportivas las mujeres han tenido, desde todas las perspectivas, un papel importante. El deporte de competición se ha enriquecido gracias a la presencia de las mujeres. La deportivización de nuestra sociedad sería impensable si el colectivo femenino no hubiera apostado y, luchado por ocupar un lugar en él. Una vez conseguida la normalización de las mujeres en el ámbito del deporte queda conseguir que el número de practicantes deportivas, sea cual sea su ámbito aumente.

 

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