La marea feminista pisa verde la ciudad

Por: Soledad Santalucía

Son las 15:50 horas del 08 de marzo de 2019. La marcha del #8M convoca a las mujeres con el lema “Ante el ajuste macrista, avanzada feminista” y “Si nuestra vida no vale, produzcan sin nosotras”.

Las nubes grises forman entre sí una imagen difusa, por momentos negra, y se desplazan al compás de los tambores, hasta que una se aleja y ya no puede regresar.

Los caminos internos de Plaza Moreno ocupan más de ocho cuadras y unen cada punto principal de la ciudad: frente a la Municipalidad, en 12 entre 51 y 53, se conglomeran la Comisión Organizadora y, por detrás, las agrupaciones de izquierda y Barrios de pie. En el centro de la plaza, las facultades de la UNLP, la FULP, docentes, no docentes y alumnos; y, frente a la Catedral, en 14 entre 51 y 53, las agrupaciones peronistas, kirchneristas y del campo popular.

También se ven en la catedral a lxs policías de la ciudad vallando las escalinatas y la enorme puerta de madera, mientras que un grupo de cinco personas portan pañuelos celestes en sus brazos, en el mismo lugar que los nazis lucían la esvástica el siglo pasado. Miran el piso y debaten el por qué del pañuelo verde y blanco con el lema “Aborto legal, seguro y gratuito”:

─Estoy segura de que esta pintada es ilegal. Es bueno saberlo, dice una mujer robusta de unos cincuenta años a cuatro jóvenes, que asienten con la cabeza mientras toman Pepsi del pico y comen Doritos.

Poco después, se sientan junto al vallado policial mientras que, cruzando la avenida, la plaza se pinta de verde y las mujeres se unen para formar una imagen, al igual que las nubes en el cielo. Vienen después de la tormenta, buscando calma y justicia por esas compañeras que no pudieron regresar.

Entre veinte y treinta pibas con sus congas al hombro se plantan en ronda alrededor del pañuelo abortero pintado en la plaza. En sintonía, cada una lleva consigo uno colgado en sus mochilas, como pulsera, o como vincha.

El verde, desde que se negó el Aborto Legal, Seguro y Gratuito, se ha implantado con más fuerza en la ciudad y, en el Paro internacional de Mujeres del #8M, las pibas hacen honor a la causa. Es un símbolo que hermana cuando se cruzan en el bondi, en la calle, en el laburo o en un boliche, y el miedo disminuye cuando se ven, porque se saben acompañadas sin decirse una palabra. Eso también es feminismo. Todo lo contrario a lo que pasa cuando se cruzan a un chabón en la calle y se imaginan cualquier cosa, menos que las va a dejar caminar tranquilas.

Y así, sin más, están en nuestra marcha, codo a codo en las filas de mujeres, flameando las banderas, cargando algunos tambores y mirando para otro lado porque la cara se les cae. ¡Cuánto macho privilegiado se acerca a la manada! ¿Alguien los llamó?

Pasadas las 16:00, de una punta de la plaza se acercan caminando cinco niñas de unos siete u ocho años, riendo de verde y violeta, tomadas del brazo, mostrando orgullosas un cartel que dice: “Niñas, no madres”. Y se pianta un lagrimón a cualquiera que las ve, porque a esa edad, hace un par de años, Disney, las instituciones y la sociedad les enchufaban muñecos para cuidar, darles de comer y ayudarlos a cagar. Y que hoy se pida “ser niñas y no madres”, dice mucho de lo que el feminismo viene logrando.

Ele De Ge

La marcha empieza a conformarse a las cinco de la tarde cuando las agrupaciones feministas, de partidos políticos y las autoconvocadas, se empiezan a ubicar debajo del cordón, en la calle 12. Una tras otra empiezan a encolumnarse, y empiezan a caminar.

Desde fuera de la marcha, el resto observa los carteles que pasan, que dejan un grito callado por esa piba que salió a la calle y no volvió, por esa mujer que discutió en casa y ya no despertó, por esa abuela que no abrió más la puerta, por esa niña que dejó la escuela para ser madre, por esa chica que la marcha anterior pisó suelo y hoy su nombre pinta un cartón.

Hay abrazos compartidos, con una misma y con las que acompañan, con las que se cruzan después de años, y entre las que se dan vuelta con la sonrisa dibujada cuando otras les pegan el grito amistoso. Hay empatía, porque todas, sin importar las edades, se miran cómplices sin tener que decir nada.

También hay dolor, hay resentimiento hacia el macho que acompaña y mira de reojo. Incomoda a muchas que no entienden su presencia y él, privilegiado, marcha abanderado sin decir nada tampoco. Hay quienes lo festejan y lo llevan a su lado. Pero esa descripción la hará alguien que esté de acuerdo con eso.

El rugido del viento acompaña el grito de todas las mujeres pidiendo “basta de matarnos, aborto legal, seguro y gratuito”, un Estado presente, porque para ausente está el Presidente; que el chabón cague a su macho, y que se calle un poco más; que nos abracemos en las pérdidas pero también en la lucha, y que caminemos libres, que mañana escuchemos nuevamente la voz de la amiga o la pareja que se fue y no avisó al llegar. Que avancemos como sociedad y que los medios nos respeten un poco más porque para circo y show está Mirtha Legrand.

Las calles se atiborran del verde flameando en todas las mujeres, en miles de mujeres que pisan suelo platense, firme y decididas. Y no se inmutan ante el tránsito impaciente que quiere cruzar las esquinas y toca bocina como queriendo callar al pájaro que canta su libertad. Pero se entristecen con esa piba que mira una vidriera en oferta por el “Día de la mujer” sin hacer caso a lo que pasa tras ella.

La marea avanza por diagonal 74 desde Plaza Moreno hasta 45 y dobla hacia calle 7, se detiene en la casa de Sandra Ayala Gamboa y un grupo de mujeres hace una performance al grito de “Sandra Ayala presente, ahora y siempre; presente, ahora y siempre, ahora y siempre…”

Luego gira a la derecha y avanza por calle 8 hasta 51, donde las agrupaciones ingresan a Plaza San Martín para leer el documento de la marcha y del Paro Internacional de Mujeres y así luego continuar con una serie de actividades culturales que, de golpe, deben suspenderse porque “se cortó” la luz, aunque las únicas cuadras del centro que están a oscuras son, justamente, las de la plaza.

Pasadas las ocho de la noche, el frío se torna hostil y el viento golpea la nuca. En un rato la fiesta sigue en Guajira, 49 entre 4 y 5, hasta que el sol salga otra vez.

*****

Pasadas las doce y desde las nueve de la noche, en Guajira pinta cumbia y birra. Carmen Sánchez Viamonte abre la noche y Ágatha y Gala le siguen con una performance que las tiñe de rubias, las cubre con un chal de terciopelo rojo y entre cantos rapeados, se escucha un eructo liberador para gritar que hay que dejar de cumplir mandatos ajenos y hay que dejar de ser lo que otrxs quieren.

Ele De Ge

Ya son las 2 de la mañana cuando llega Paz, con su melena ondulada y mapuche a hacer bailar a toda la monada que sigue al compás de su rap la música en su cuerpo. DJ y activista trans-no binario, despliega en sus canciones su discurso a favor de la diversidad, el respeto y la libertad.

(Compartimos su primer álbum: https://www.youtube.com/watch?v=imGFhODcwyE)

Dakalachina y DJ mutante sucesivamente mueven al público durante una hora para luego dar paso al cierre de Kumbia Queers, aunque ni bien empezado el show, tras la canción “Daniela”, se detiene la música para darle vuelo a un macho que molesta pibas en el lugar.

Juana Chang se baja del escenario, encara al chabón que se rehúsa a irse y lo increpa:

─Gracias por venir, pero andate. Las pibas se sienten incómodas con vos acá así que te vas. ─Y el show sólo sigue cuando el personal de seguridad invita al pibe a retirarse.

Brazos arriba, cumbia al palo y la gente que baila sin in-pass. Entre cortes, Juana mete bocado de la marcha y apunta a uno de los chicos que está escuchándolas:

─¿Me imagino que hoy no estuviste en la marcha? ¿O qué te pusiste una guardería al costado para ayudar a las pibas? Porque la marcha de hoy es para acompañar.

Silencio. Hay quienes prefieren no contestar.

Ele De Ge

La música sigue, el bajo, la guitarra, el teclado y la batería, nuevas canciones del próximo álbum que las Kumbia están por lanzar. La noche va cerrando entre baile y vasos vacíos. Pero la lucha, que no es sólo por hoy, sigue mañana y todos los días que vendrán.

Fotos: EleDeGe

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