Juan Branz: “Tenemos que construir identidades de género sin que las prácticas violentas sean el argumento de diferenciación”

Por: Fernanda Quiss

Juan Bautista Branz es especialista en deporte, sociedad y cultura. Investigador del CONICET, Doctor y Licenciado en Comunicación Social egresado de la Universidad Nacional de La Plata, y a fines del 2018 publicó el libro “Machos de Verdad. Masculinidades, deporte y clase en Argentina”, un trabajo con enfoque etnográfico que le llevó 8 años.

En la obra se puede ver cómo el autor persigue el objetivo de “reponer el concepto de clase y de dominación para pensar en la distribución desigual de capitales y demostrar por qué los valores y prácticas del rugby confirman y garantizan la reproducción de esa desigualdad”.

Con prólogo del escritor, sociólogo y licenciado en Letras por la Universidad de Buenos Aires, Pablo Alabarces, y dividido en 3 capítulos, el libro sumerge al lector en el mundo del rugby gracias a una profunda y detallada descripción de diferentes rugbiers de los clubes Universitario, Albatros y La Plata Rugby.

Machos de Verdad presenta un riguroso recorrido histórico del rugby y las connotaciones socioculturales que se le fueron imprimiendo a ese deporte a lo largo de los años.

Caballerosidad, virilidad, jerarquía, identidades, década del 90, poder, sociabilidad, escuela de valores, códigos de honor, son algunos de los conceptos que atraviesan el análisis para pensar al deporte como objeto de estudio de las Ciencias Sociales. Este libro significa un aporte elemental en un campo poco explorado por el ámbito académico, porque presenta una mirada amplia desde múltiples aristas.

¿Cómo surge la idea de hacer un trabajo en el que se entrecruzan el género, la clase y el rugby?

La idea surge a partir de que, allá por 2008, escaseaban los trabajos que pusieran el ojo en el deporte como espacio para analizar, cruzando la variable de la clase social como vector fundamental para comprender qué hacen las clases dominantes en su tiempo de ocio. Esto es: dónde se juntan por fuera de sus trabajos, dónde exhiben sus potencialidades físicas, dónde se divierten, dónde acumulan capital social (relaciones sociales), etc. No había. O, mejor dicho, había muy poco en Argentina.

El clivaje de género fue fundamental porque tampoco había mucho indagado. Sobre todo, de cómo se modelan las masculinidades entre varones de clases dominantes. Esto le agrega a la investigación la voluntad y la intención de discutir sobre relaciones de poder. Hablar de género, como de clase, es hablar de poder.

Además del ámbito académico, ¿Cuál es el público para el que escribiste el libro?

Quienes nos dedicamos a investigar y a escribir sabemos que construimos un público. Quienes trabajamos en el ámbito académico y en el sistema científico estamos acostumbrados a escribir para leernos entre nosotros. Entonces el registro, muchas veces, se torna un poco denso para otro público que no comparte códigos académicos.

En este trabajo intenté mixturar ese registro: hay producción y análisis de teoría pero en un tono más amigable para la lectura. Si te digo en quién pensé al escribirlo es en docentes secundarios, jóvenes estudiantes y agentes especializados en políticas públicas. Supongo que lo podemos lograr, porque también los investigadores queremos discutir políticas públicas. Porque tenemos mucho que aportar. Laburamos para tratar de comprender realidades más allá del sentido común, más allá de lo que se ve en la superficie, más allá de los discursos mediáticos.

– ¿Que implica ser hombre para los jugadores de rugby platenses?

Implica mucho en términos identitarios. Justamente, implica mucho en esa construcción del quién soy y a qué círculos pertenezco. Y el rugby, en La Plata y en Argentina, sostiene lógicas que garantizan el ingreso exclusivo y la permanencia excluyente. Con esto quiero romper con el mito que cualquiera puede jugar si no puede garantizar determinados capitales (pueden ser económicos, pero también culturales y, fundamentalmente, sociales) y trayectorias similares (por colegios o por lugares donde se decide: desde el Estado o la órbita privada). Entonces no es verdad que puede jugar cualquiera. Es un espacio de distinción social, moral, cultural, política y económica. Si no reconoces tradiciones propias del espacio o no las sostenés con esfuerzo, no podés practicar rugby.

Y ser “varón del rugby” implica pasar muchas más pruebas que las que nos tocan atravesar de acuerdo a los mandatos que indican que debemos responder de manera viril, con coraje, fuerza, seguridad, exhibiendo todo tipo de potencia. Hay mucho del cuerpo y mucho del lenguaje que diferencia esa masculinidad dominante en el rugby de otros espacios. Para sintetizar, pongo de ejemplo que los propios varones que juegan rugby se perciben “civilizados fuera de la cancha, pero animales dentro”.

– Nombras las lógicas de discriminación como machismo, sexismo y homofobia, ¿cómo se presentan en el mundo del rugby?

Se presentan como formas de exclusión a lo “otro”. Y lo “otro” es lo que no responde a lo esperado. Aquello que dijimos sobre lo que se espera de un macho: exhibir su fuerza, su potencia sexual, su virilidad, su potencia económica, cultural y la capacidad de someter al resto si es necesario. Hay juegos del lenguaje que te ubican en lugares subalternos (dominados) y es muy difícil invertir ese juego. Si no respondes a esos atributos es probable que tu etiqueta sea la de “puto”, como estigma y como opción no deseada por los integrantes de un equipo. El espacio, justamente, está planteado para “machos de verdad”.

A fines del año pasado, dos chicas de La Plata denunciaron a dos jugadores de rugby del club San Luis por haber abusado de ellas. Las jóvenes, acompañadas por un colectivo feminista de la Universidad Nacional de La Plata, señalaron que hay más casos pero que no todas se animan a realizar denunciarlo.

Un antecedente un poco más alejado en el tiempo, pero no tanto en espacio, fue en 2015 cuando se llevó adelante una denuncia por violación de una adolescente de 14 años durante una fiesta realizada en las instalaciones del club de rugby Los Tilos de La Plata.

– La antropóloga argentina, Rita Segato, en una investigación que hizo en cárceles sobre violadores, habla del rasgo psicológico en común que tienen los hombres en el momento de la violación: la imagen de otro, hombre, al que tienen que demostrar aspectos de virilidad. Vos citas a la socióloga Silvia Chejter y “la mirada voyeurista de los otros varones”. En las observaciones que llevaste adelante en tu trabajo, ¿crees que estos aspectos hayan tenido incidencia en los casos mencionados más arriba?

Yo no analicé desde rasgos psicológicos, no tengo esas herramientas. Sí, adhiero a la idea de las relaciones de poder. Si hablamos de una cultura machista, hablamos del poder que tienen los hombres sobre lo que no consideran o reconocen como hombres. Y la estructuración de esa desigualdad recae y es sufrida por las mujeres (también por otras disidencias sexo-genéricas). Entonces la mujer se vuelve “por mandato natural” en territorio a conquistar. El cuerpo de la mujer es la propiedad vuelta conquista. Si esa idea se naturalizó (es decir, se volvió incuestionable) es difícil des-aprenderla. Pensemos en esas violaciones o abusos donde los cuerpos y las voluntades de esas niñas o mujeres son avasalladas y conquistadas, ante una aprobación (u omisión) social que no discute un orden crudo, injusto y aberrante. Otra vez: la idea de que alguien le puede pertenecer a alguien. Es una lógica de propiedad privada que tenemos que desterrar.

No creo que sea exclusivo del rugby. Lo excede, lo desborda.

– En tu conclusión decís “seguimos creyendo que hay otros modos de construir identidad de género, ¿cuáles son esos modos?

Comprender qué son las disidencias sexo-genéricas. Salir del binarismo varón/mujer. Eso implica pensar al género como construcción cultural y no absolutamente biológica. Quiero decir que nuestras estructuras de sentir tienen que ser modificadas. Tenemos que construir nuestras identidades de género sin que las prácticas violentas sean el argumento de diferenciación, ni someter a alguien (en cualquier tipo de vínculo) esté a la orden del día para actuar y sentir como “Hombre” o como “mujer”.

– ¿Qué experiencia te dejó a nivel personal y profesional esta investigación?

Lo que me dejó: un profundo aprendizaje. Muchas preguntas, algunas respuestas. Un panorama un poco más claro sobre las clases dominantes y la posibilidad de no reproducir esa lógica que tanto sufrimos los varones. O por lo menos intentarlo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *