Fichado: “Esta considerado como homosexual”

¿Cómo tendría que ser el mundo para qué quiénes se alejan de la norma no estén condenados a una muerte en vida? Judith Butler

Por: Soledad Santalucía

Hace 43 años, el 24 de marzo de 1976, las fuerzas armadas mediante un golpe de Estado, depusieron al gobierno de María Estela Martínez de Perón e instalaron en su lugar un gobierno de facto bajo el nombre de Proceso de Reorganización Nacional, liderado por el teniente general, Jorge Rafael Videla, el almirante, Emilio Eduardo Massera y el brigadier general, Orlando Ramón Agosti.

Durante esos años, se llevaron a cabo medidas extremas de violencia y represión. Se declaró estado de sitio imponiendo la ley marcial y el patrullaje militar en todo el país; se censuró a los medios de comunicación; se disolvió el Congreso Nacional, las Legislaturas provinciales y los partidos políticos; se removió a los gobernadores de las provincias y se intervinieron los sindicatos quedando prohibida toda actividad gremial.

Los militares desaparecieron a 30.000 personas, de las cuales a la actualidad, sólo fueron recuperados los cuerpos de 128.

Es importante aclarar que, la represión al pueblo no excluyó la persecución a lesbianas, gays y personas trans como parte de los dispositivos de disciplinamiento social, político y sexual; sin embargo, ningún informe da cuenta de ello. Es como si las víctimas de la diversidad sexual continúan sin ser, sin estar, para el resto de la sociedad.

Durante esa época, el adjetivo de “subversivx” se hizo frecuente para dar cuenta de cualquier persona que “alterase” el orden social o “destruyera” la estabilidad política de un país. De 1976 a 1983, el término “subversivx” se le otorgó a estudiantes, madres que buscaran a sus hijos, trabajadorxs o incluso tres que caminaran juntxs: todxs eran subversivxs. Dentro de esta subversión generalizada, las sexualidades disidentes no fueron la excepción.

El informe “Nunca Más” que elaboró la Conadep no ha nombrado a una sola persona detenida o desaparecida a causa de su orientación sexual.

Carlos Jáuregui, primer presidente de la Comunidad Homosexual Argentina entre 1984 y 1987, contó que uno de los responsables de la Conadep (Comisión Nacional sobre Desaparición Forzada de Personas) le afirmó la existencia de una cifra de homosexuales integrando la lista de desaparecidxs, la cual estimaba que se trataba de entre 400 y 600 homosexuales y personas trans, torturadxs, violadxs, y asesinadxs. Y que, “el trato que recibieron fue similar al de los compañeros judíos desaparecidos, especialmente sádico y violento”.

Jáuregui, además expresó que el rabino Marshall Mayer le había admitido que esa escandalosa omisión se habría debido a las presiones del ala católica de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos.

El informe del Nunca más no dio cuenta de ello; las Madres de Plaza de Mayo, ni Abuelas, ni la agrupación HIJOS ni otros organismos de derechos humanos han manifestado la orientación sexual como causa de la desaparición de alguno de sus familiares; y, el Estado argentino, no ha otorgado aún ningún resarcimiento por el daño a desaparecidos de la diversidad, o a sus familiares.

UN POCO DE HISTORIA

En noviembre de 1968, estudiantxs y trabajadorxs liderados por Héctor Anabitarte, comunista expulsado del Partido Comunista por homosexual, crean “Nuestro Mundo”, una organización en defensa de los derechos homosexuales. Y en agosto de 1971, fundan en el barrio porteño de Once, el Frente de Liberación Homosexual.

A la par, comenzaron a crecer otras organizaciones como Eros, Profesionales, Safo (grupo de lesbianas), Bandera Negra (anarquistas), Emanuel (cristianos) y Católicos Homosexuales. Estos grupos fueron creando alianzas y tenían en común la consigna: “Amar y vivir libremente en un país liberado”.

Durante esa época, en Argentina se desempeñaba Juan Carlos Onganía como líder de la dictadura que acechaba al país. La Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPBA) realizó tareas de persecución y espionaje a ciudadanxs que tenían un posicionamiento político-ideológico contrario a la dictadura cívico-militar.

En los registros figuraban frases como “conducta lesbiana”, “costumbres demasiado liberales”, “amanerado”, “temperamento afeminado”, “invertido”, “nunca se lo ve acompañado por personas del sexo opuesto”.

Muchxs militantes, incluidos lxs principales referentxs de las organizaciones nombradas, debieron exiliarse en otros países para no sufrir el mismo destino que sus compañerxs detenidxs.

El Comando Cóndor y el Comando de Moralidad formado por integrantes de las Fuerzas Armadas y de Seguridad, fueron los grupos encargados de perseguir y asesinar a homosexuales durante aquellos años.

El jefe de la División Moralidad de la Policía Federal, en el año 1977 llegó a decir que uno de sus objetivos era “espantar a los homosexuales de las calles para que no perturben a la gente decente”.

Era cosa de todos los días que las razzias policiales aparecieran en plena calle a reprimir y a llevarse a cualquier persona que se “saliera” de la norma. Así sucedió en febrero de 1981 cuando Prefectura irrumpió en una isla del Tigre, deteniendo a 340 homosexuales. Y en noviembre del mismo año, pese a que había muchos turistas en la calle, la policía arrestó a un cantante y a otras veinte personas en una plaza bajo la justificación de que “hay mucha gente amoral, homosexuales y ese tipo de gente” (The Buenos Aires Herald 7/11/1981).

Quienes no se exiliaron debieron llevar a cabo estrategias de resistencia: redes de baños públicos de trenes, las cuales eran conocidas como TETERAS, barrios alejados de las vigiladas ciudades, fiestas privadas con música a sonido apto para lxs vecinxs.

Desde su exilio en España, Héctor Anabitarte señaló que el grupo Nuestro Mundo envió el 17 de marzo de 1977 un comunicado a los medios de comunicación denunciando los arrestos arbitrarios que sufrían los homosexuales bajo la dictadura y cómo se los obligaba a firmar por la fuerza declaraciones incriminatorias, como el “2doH”. Similares denuncias realizó Néstor Perlongher desde Brasil, señalando la existencia de una “limpieza moral” (Boletín do Grupo Gay Da Bahía. N. 1, 8/1981).

Valeria Ramírez, activista travesti detenida en el centro clandestino conocido como “El Pozo” de Banfield, brindó a principios de 2011 su testimonio ante la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), convirtiéndose así en el primer caso en que una persona travesti declaró ante ese organismo.

“Ser homosexual o transexual en esa época era muy difícil, éramos constantemente perseguidos por la policía. Teníamos que arreglar con los jefes, y aún así éramos arrebatadas por patrullas de otras zonas porque necesitaban justificar que el plan se estaba cumpliendo.

Padecí violaciones para poder acceder a la comida o ir al baño. Nunca sentí miedo de morir. Vi la tortura y tuve que callar para poder seguir. Nuestras vidas no valían nada. La segunda vez que recuperé la libertad, mi abogado me dijo que si quería seguir viviendo me fuera de esa zona.”

Memoria, verdad y justicia por esas 400 personas de la disidencia que permanecen desaparecidxs entre los desaparecidxs.

ARCHIVO DE LA MEMORIA TRANS

Durante esos años, muchas trans pudieron exiliarse, algunas se fueron y volvieron, otras murieron allá. Otras acá. A algunas se la llevaron en cana y salieron, otras nunca más aparecieron. Es triste, pero a pocxs les importó que las trans no pudieran salir a la calle porque las golpeaban, las mataban en las comisarías o en plena Panamericana.

A mediados del ´89, en el día del cumpleaños de María Belén Correa, fundadora del Facebook del archivo trans, hubo una fiesta en su departamento. El ritual, cada vez que se reunían, consistía en controlar que estuvieran todas, porque todos los días se llevaban a alguna.

Ese día se fundó ATA (Asociación de Travestis Argentinas). El nombre se lo deben a un policía que un día, ante los reclamos del grupo les dijo: “¿Quién se creen que son? ¿La Asociación de Travestis Argentinos?”.

En el año 2012, María Belén Correa creó el grupo de Facebook: El Archivo de la Memoria Trans, con el objetivo de reunir a las sobrevivientes, sus memorias y sus imágenes. Preservar la memoria de esos cuerpos que sufrieron los atropellos de la policía, el abandono del Estado y la hostilidad de la sociedad durante la dictadura militar.

Se trata, en pocas palabras, de una suerte de construcción colectiva de la memoria trans por parte de las pocas de ellas que sobrevivieron. Se centra en el período que va de los ´70 hasta fines de los noventa.

Revista Anfibia
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Foto: AnRed

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