Por: Torment

En mi tierra natal solía mirar a la cordillera para saber en qué lugar me encontraba y hacia qué dirección ir, la montaña siempre me ayudaba a recordar cuál era el camino de regreso a casa, de donde viene el sol, por donde sale la luna, hacia donde está el mar, por donde respira el desierto, encontrar guía y dirección en un lugar que habita tiempos cíclicos, tiempos circulares, igual que los ritmos que me genera la vida para rehabitar procesos y cuestionar si el camino o la respuesta es realmente lineal.

Sin embargo no fue siempre así, crecer en la ciudad, y ser educadx en un sistema patriarcal y capitalista es una de las primeras violencias sin consentimiento que recibimos para ser domesticadxs dentro de este sistema piramidal.

Habitar Abya Yala* bajo un mestizaje caótico, sin poder tener herramientas que alimenten la autonomía por medio del autoconocimiento, que gestionen políticas de autocuidado y apoyo mutuo es realmente un panorama desolador, es como caminar a ciegas en un valle de muertos pero con la sensación de que nada realmente calza, intentamos poner afuera, empatizar, hacer acciones y mantenernos en movimiento y búsqueda para no escuchar la ansiedad, sin embargo me doy cuenta que no soy lx unicx, que mientras más puertas abrimos, hay una especie de fuerza que está transformando el miedo en valentía y el silencio en voz, hay algo más fuerte que atraviesa los planos racionales cada vez que que miro como los feminismos abren camino a conectar todos esos cables rotos.

Cuando veo cómo la realidad se mueve y cambia a pasos agigantados cruzando fronteras y barreras, vuelve a mi esta pregunta, ¿Acaso realmente vivimos un tiempo lineal?

El usurpar las cosmovisiones a nuestras colectividades, el dejar los ritos como aperturas y cierres a los procesos, el perder la importancia de concebirse como un ser cíclico y parte del todo, el estar obligadx a corresponder a un género impuesto por mi biología, fue parte de la jugada colonizadora en esta punta de sudamérica, Punto patriarcado, sin embargo por ahí dicen que la memoria habla más fuerte.

El poder politizar los procesos personales, el poder hablar de emociones colectivamente como una necesidad vital, el buscar acompañarnxs y aliarnxs en tiempos de tanta transformación, plantó en mí la semilla hacia una búsqueda por la recuperación de herramientas de transformación y la reparación colectiva de nuestra memoria.

Cada vez es más evidente la necesidad de habitar nuestras vulnerabilidades para descubrir la memoria borrada, estamos en un momento histórico donde muchos factores se juntan y unen en búsqueda de cambiar la realidad en la que vivimos ya que se está volviendo insostenible para quienes no creemos en este sistema opresivo y jerarquizante, pero muchas veces no basta con lo que sabemos o tenemos si esos saberes responden a estas mismas lógicas patriarcales

El cuestionarnos todo ayuda a que tengamos la posibilidad y la motivación a descubrir y habitar nuestras propias herramientas, sin embargo a veces nos deja sin fuerzas, el rechazar lo que tanto tiempo me mantuvo en pie, no es un proceso fácil ni que pueda hacerse de manera individual porque nos agota y deprime, también nos llena de culpa y rechazo, no es una pildorita mágica que pueda tomarse y que dependa únicamente de nosotrxs, ya que ahí afuera el mundo sigue funcionando para que me sienta invisible y miserable si estoy del lado de la opresión, necesitamos volver a lo comunitario para abrir paso a esta apertura de procesos profundos reciclando saberes, poder hablar de lo que nos duele sin el asistencialismo maternal para el que fuimos educadxs, sin tener que abandonarnxs para ayudar a otrxs, si no que intentando potenciar nuestras virtudes y revalorar nuestros saberes y poder cerrar procesos de forma significativa con todo esto que muere dentro para permitirnos también habitar no solo el fuego de la rabia, si no también el creativo.

Si algo tenemos como punto en común entre quienes habitamos disidencias, es que somos sobrevivientes, el sobrevivir a esta era en este sistema que te impone y obliga a una idea de lo “normal”, como un ser en constante búsqueda y mutación, es un valor tremendo que todavía no tiene el reconocimiento suficiente en todos los espacios políticos y no se va caer mientras habitemos la comodidad del lugar que el patriarcado me da como falsa excusa a la estabilidad.

No podemos hacer uso de muchas de estas herramientas sin cuestionarnos el racismo y cómo hemos sido criadxs bajo ese eterno genocidio, es necesario un reconocer y nombrar para reparar, es necesario detectar el amo como decía Audre lorde “Las herramientas del amo, nunca desmantelaran la casa del amo” entender que estos amos nos habitan y que son los mismos que nos han privado de la experiencia colectiva consciente y aún siguen haciéndolo, exponerlos en una búsqueda de querer mejorar nuestras relaciones y nuestras vidas también requiere reconocer privilegios y opresiones, lo político no esta separado de la búsqueda y me ayuda a reconectar el camino usurpado.

Muchas de las herramientas de acompañamiento y apoyo mutuo, fueron herramientas que nuestrxs ancestrxs y pueblos originarios tenían muy claro para el bienestar de sus comunidades, sin embargo hasta el dia de hoy siguen siendo asesinadxs por creer y construir una realidad acorde a una cosmovisión.

El problema es estructural y lo transformaremos derribando dentro nuestro estructuras que ya no son vitales, recuperando nuestra propia soberanía creativa y la posibilidad de elegir cómo, cuándo y a qué tiempo quiero aprender de mi, es urgente tejer fino y redescubrir lo que tanto tiempo nos han ocultado.

No creo que exista una sola forma, una sola lucha o una sola receta, siento importante el habitar múltiples escenarios para ir dibujando lo que nos identifica y nos abre puertas. Las guias son cada vez mas claras y evidentes, el cuerpx habla, esta en los astros, están en los saberes ancestrales, está en el cuidado y la responsabilidad afectiva, en el autoconocimiento así como también en el valle de muertxs que gritan porque su muerte no haya sido en vano.

El abrirme a escribir por este medio es mi humilde intento en compartir esta búsqueda por un presente que nos permita convivir en diversidad, buscando la reparación a nuestros propios caminos y heridas, y habitando una mirada que contemple la importancia de lo emocional, espiritual y cíclico como camino de vida. Comprendiendo que mientras más grande y desolador es el miedo y el panorama allá afuera, menos lugares tiene para esconderse el enemigo. Hagamos del miedo compost y que la incomodidad sea el motor para buscar cómo mutar y descubrir que nuestro deseo y potencial creativo esta vez sí nos va salvar.

Esta vez el fuego es nuestro.

@dibujos.analu

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