Mi cuerpo, mi voz, mi historia

Foto: Instagram: inesauquer

Ana Valeria Horber y María del Carmen Haag –de la Red de Psicólogxs Feministas- nos ayudan a entender qué es ser una mujer en una sociedad patriarcal organizada en torno a la cultura de la violencia; donde aún después de haber contado una situación de abuso, la sociedad vuelven a violentar nuestrxs cuerpxs y culpabilizarnos.

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Por: Victoria Briccola

¿Cuántas mujeres han tenido que callar distintas formas de violencia por miedo de que no les creyeran, de ser culpadas, de que se diga que se lo buscaron, de ser despedidas, de ser expuestas, ridiculizadas, de recibir más violencias y abusos de otrxs que también se crean con derecho a violentarlas?

Thelma Fardín, la actriz argentina de 26 años que el año pasado denunció públicamente al actor Juan Darthés por abuso sexual cuando ella era menor (16 años ella y 45 él, en ese entonces) estableció un antes y un después en nuestro país que trajo como consecuencia el relato a viva voz de muchas mujeres que se animaron a contar su experiencia traumática.

Además, Thelma ha revelado que incluso fue la actriz Calu Rivero quien generó en ella la necesidad de contar este episodio, de ponerlo en palabras: “Cuando ella habla en los medios sobre su experiencia laboral una amiga la desestima en una charla y yo digo ‘Tuve una experiencia de mierda’” detalló en una entrevista a Página 12 realizada por la periodista Luciana Peker.

“La denuncia pública quiebra el mandato de ‘de eso no se habla’. Lo que escuchamos a partir de la denuncia de Thelma, en los relatos, es que compartiendo estas experiencias se sintieron y se sienten acompañadas” explican María del Carmen Haag y Ana Valeria Horber integrantes de la Red de Psicólogxs Feministas.

“El sentimiento de soledad, arrasamiento subjetivo y desolación que experimentan las victimas luego de lo que debieron vivenciar es inconmensurable” agregan las profesionales consultadas por Visibles. Bien sabemos que el silencio no es un refugio, sino todo lo contrario: un calabozo en el que tarde o temprano dejas de respirar.

“La posibilidad de hablarlo con otrxs, hacer lazo a partir de un punto de identificación en sus historias, permite algo de ordenamiento en ese caos que puede estar sintiéndose. Este ordenamiento, la formalización por la palabra conlleva la posibilidad de historizar, de hacer a ese suceso parte de su trayectoria vital; si esto no sucede, queda como un elemento extraño, sin representación, que va a pulsar toda la vida por presentarse” añaden.

Sin embargo, Thelma, más allá de haber contado con el respaldo de organizaciones feministas, de derechos humanos y de la colectiva Actrices Argentinas para llevar adelante esta denuncia, sufrió todo un escarnio público, mediático y social donde volvieron a violentarla. Una revictimización que se generaba con la misma pregunta y repregunta: “¿Por qué tardó tanto en contarlo’”. E inmediatamente la sospecha de lo relatado, la retroalimentación de la cultura de la violación: ya que esta postura los avala a los agresores a reproducir y perpetuar sus dinámicas y prácticas de violencia sexual.

A la hora de pensar por qué las personas necesitan tiempo para poner en palabras lo relativo al abuso sexual, según Haag y Horber hay que pensar en factores tanto internos como externos. En los primeros se ubican las consecuencias psicológicas del abuso sexual, teniendo en cuenta lo singular: edad, condiciones en que se dieron la o las agresiones sexuales, etc.

“Acá es importante mencionar el tipo de agresor sexual; si el agresor es un familiar -hablamos de incesto propiamente dicho- o personas relacionadas con la víctima. Estos sujetos suelen buscar satisfacerse sexualmente con menores que tienen más a mano y que menos se pueden resistir. Cuando el agresor es conocido se ponen juego cuestiones de poder -asimetría entre un adulto y un menor y el ejercicio de la coerción sea física, verbal y/o psicológica-, la confianza y los sentimientos asociados, constelación que hace difícil, en un primer momento, que la víctima hable” explican. De esta forma, la víctima sostiene el secreto por un miedo fundamental a no ser creída, a destrozar una familia o a las represalias del agresor.

Dentro de los factores externos está principalmente la respuesta social a estos relatos: “Se ejerce una presión para silenciar esta realidad, muy propia del patriarcado -poder del padre-varón- que legitima el uso de las violencias para obtener lo que se desea y perpetuar las posiciones de dominio, sobre todo el de los cuerpos. Así es como se sigue descreyendo de la víctima, culpabilizándola a ella o a su familia -en general a su madre-, desviando el foco hacia otro lado y de algún modo generando la idea de que eso es algo que sucede a algunas personas, muy lejano y extraño; cuando las estadísticas y también lo ocurrido a partir de la denuncia de Thelma Fardin, nos muestran que es una realidad social muy extendida” exponen Haag y Horber.

Una de las razones de este panorama es la complicidad innegable de los medios de comunicación que, a través de sus coberturas y discursos, perpetúan los estereotipos sexistas e instalan barbaridades, por ejemplo, que un hombre con las características de Darthés no “necesita” acosar o violar, por el contrario, se insiste en que las mujeres “se les insinúan, se les ofrecen, se les regalan”.

Ambas psicólogas feministas añaden al respecto: “En algún punto tiene que ver con el concepto de “mujer” como alguien capaz de mentir por despecho, interés económico, y otras razones. Y un concepto de hombre, contrapuesto, como alguien que puede verse impedido de razonar y ser llevado por sus “instintos sexuales” porque fue “provocado” (“mira cómo me pones”) a actuar de determinada manera”.

A la mujer víctima de violencia sexual se la condena porque nos juzgan y condenan a todas las mujeres y cuerpos feminizados por múltiples motivos. Todo resulta excusa para dudar de nuestro relato: “Mucha gente se pregunta ‘por qué no denunció en el momento’, como si el abuso se tratara de un delito como cualquier otro, te roban y vas a denunciar lo más rápido posible. Hay que ver también, qué es lo que la persona necesita y qué es lo que le resultaría más reparador” apuntan. “A veces hace falta un proceso previo de acompañamiento –terapéutico- para que en otra instancia la persona decida y pueda sostener una denuncia”

El objetivo es escuchar la voz de las víctimas, y romper con los círculos de silencio, protectores de los abusos, desde siempre. Pero no solo los medios alimentan dicha revictimización sino también la Justicia: “No siempre tiene una “respuesta justa” y otras veces revictimiza; los procesos judiciales y/o juicios largos, las repetidas testificaciones, las revisiones médico-legales, las pericias psi y los testimonios puestos en entredicho suponen esta victimización secundaria y ofrecen oportunidad de un nuevo ataque contra la estabilidad emocional de la víctima”

Nos parece sumamente importante dejar sentado que no todas las personas reaccionan de la misma manera frente a la experiencia de victimización, ni todas las experiencias comparten las mismas características: “Cuanto más crónico e intenso es el abuso, mayor es el desarrollo de un sentimiento de indefensión y de vulnerabilidad y más probable resulta la aparición de síntomas” nos explican ambas profesionales. “Cuanto mayor es el nivel de intimidad emocional existente con el agresor, mayor será el impacto psicológico, que se puede agravar si la víctima no recibe apoyo de la familia”.

Por otra parte, destacan que el apoyo parental – dar crédito al testimonio y proteger a la víctima – “es un elemento clave para que las victimas mantengan o recuperen su nivel de estabilidad después de la revelación. Probablemente la sensación de ser creídxs es uno de los mejores mecanismos para predecir la evolución a la normalidad de las víctimas de abuso sexual”.

María del Carmen y Ana Valeria detallan a continuación las secuelas psicológicas en victimas adultas de abuso sexual en la infancia:

Thelma Fardín en una entrevista publicada por el diario Clarín respondió: “A mí ya me sanó hablar, pero yo tengo esa fortuna que es la de poder ser escuchada. Es difícil decirle a todas las mujeres que hablen porque tal vez a muchas no las escuchen, en eso hay que insistir, en que nos escuchen, en poder hablar y ser escuchada de esta manera. No sé por qué justo pasó conmigo. Es interesante pensar por qué pasó todo esto”.

  • María del Carmen Haag, Psicóloga de la Red de Psicologxs Feministas Asociación Civil, Acompañante Terapéutica.
  • Ana Valeria Horber, Psicóloga de la Red de Psicologxs Feministas, Coordinadora y docente del Programa ASITIR – SALUD ACTIVA, Perito.

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