Epígrafe: *

Pionera del periodismo feminista. Escritora. Docente. Considerada una de las precursoras de la educación femenina y defensora de la emancipación de la mujer en Argentina. A 200 años de su nacimiento, un repaso por la vida de Juana Manso.

Por: Antonela Mennuto

Imaginen el mundo de principios del Siglo XIX. Industrialización. Locomotora a vapor. Revolución. Imaginen, en lo que alguna vez fue un virreinato, un país que empieza a conformarse como un estado-nación. Declaración de independencia. Unitarios y Federales. Sarmiento y Rosas. Civilización y barbarie. Imaginen, ahora, una mujer que nace en esa Argentina incipiente, un frío 26 de junio, y a la que llaman Juana Manso.

Juana nace en 1819, en el barrio porteño de Monserrat. Desde niña la distinguen su inteligencia y el rechazo a los métodos convencionales de enseñanza. A los veinte años se ve obligada a exiliarse con su familia -de corriente unitaria- a Montevideo, Uruguay y funda, en su propia casa, el Ateneo de Señoritas y salones literarios.

Pero luego del pacto entre Rosas y Uribe debe exiliarse nuevamente. Esta vez, a Río de Janeiro, Brasil, donde conoce al violinista y compositor que, luego de tres meses, se convertiría en su marido. Durante esos años, publica en periódicos, escribe tratados filosóficos y poesía, como por ejemplo, “Una tumba” y “Una lágrima para ella”. Más tarde, viaja junto a su marido y sus hijas a Cuba y a Estados Unidos, donde comienza a interesarse por los nuevos métodos educativos.

Luego de trece años, después de la Batalla de Caseros, regresa a Buenos Aires, separada, pobre, y con una hija en cada mano. En esta Argentina de 1850, es cuando comienza la etapa más irreverente de Juana Manso y, a los codazos, empieza a abrirse paso en un mundo donde las mujeres estaban limitadas a las cuatro paredes de su hogar.

Trabaja dando clases particulares convirtiéndose en sostén de familia. Y en 1854, funda el “Álbum de Señoritas”, periódico de literatura, moda, bellas artes y teatro. En el primer número escribe su “Emancipación moral de la mujer”:

“¿Por qué reducirla al estado de hembra cuya única misión es perpetuar la raza? Todo le quitáis a la mujer. Todo lo que puede caber en la misión grandiosa de la inteligencia, donde forman parte la sensibilidad y la voluntad libre. La mujer es esclava de su espejo, de su corset, de sus zapatos, de su familia, de su marido, de los errores, de las preocupaciones. Sus movimientos se cuentan, sus pasos se miden, un ápice fuera de la línea prescripta y ya no es mujer. Llegará un día en que el código de los pueblos garantizará a la mujer los derechos de su libertad y de su inteligencia. La humanidad no puede ser retrógrada.”

En este contexto, donde el lugar de la mujer estaba subordinada, aparece un nuevo modo de ganar espacio en la vida pública y, con esto, en la participación política y la ciudadanía: las mujeres tenían un lugar asignado, que era el de la formación de sus hijos; retomando este esquema es que comienzan a asumir el papel de maestras, ya no sólo de sus hijxs, sino también de otrxs hijxs, y empiezan a actuar en el terreno de la Educación.

Encontraron, por decirlo de algún modo, un área difusa donde correr el límite entre lo público y lo privado. Y, rápidamente, entendieron que ese era un campo ideal de actuación porque estaba legitimado.

Juana Manso va ganando terreno y se vincula con Sarmiento, que en ese momento era jefe del departamento de escuelas. Crean la primera escuela mixta del país y la pone al frente. Es entonces cuando empieza a poner en práctica sus ideas: publica informes trimestrales, propone incorporar la educación física, trabaja el aprendizaje con juegos en lugar de repeticiones mecánicas, resignifica los dibujos y las imágenes como contacto con la enseñanza, propone dividir los grupos de niñxs por edades, y la creación de jardines de infantes, además de declararse en contra de los castigos corporales.

Sus ideas incomodan. La burgesía y a la Iglesia la atacan. Desde los diarios ridiculizan su imagen, la tratan de fea, de gorda, de marimacho. Mientras tanto, Juana avanza: funda en Chivilcoy la primera biblioteca pública, a la que dona todos sus libros. Gana aún más terreno: empieza a dar conferencias y lecturas, y se convierte en la primera mujer en hablarle al público desde un estrado para transmitir sus ideas políticas.

Adelantada a su época, lúcida, revolucionaria, Juana Manso sostenía las ideas que se llevarían a cabo un siglo después, cuando la mujer logra conquistas en el espacio público.

Ya enferma, se niega a recibir la extrema unción del catolicismo y muere, en 1875, a los 55 años y en la pobreza. La enterraron en un cementerio de protestantes ingleses con una leyenda que decía: “Aquí yace una argentina que en medio de la noche de la indiferencia que envolvía a la patria, prefirió ser enterrada entre extranjeros antes que profanar el santuario de su conciencia”.

Desde 1915 sus restos descansan en el cementerio de la chacarita.

***

*Epígrafe: “ Al retrato de mi lápida le han pintado bigotes. Bigotes de trazo oscuro e imborrable. Es el único retrato difundido entre aquellos, aún hoy muy pocos, que conocen mi rostro. En mi época, una mujer sin dinero no podía aspirar a más de una o dos fotografías en toda su vida. La mía fue estando ya vieja y cansada. Quien la observa puede ver ese cansancio en mi mirada, la miseria en mis ropas austeras, la preocupación en mi ceño fruncido…”

Los bigotes de Juana Manso – monólogo de Aldana Cal (Fragmento)

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