Ni sumisa ni devota: Evita una mujer libre

Nodal Cultura

Por: Julia Lastra

En el marco de los 100 años del nacimiento de Evita, la Facultad de Trabajo Social de la Universidad Nacional de La Plata organizó la charla “Mujeres al Frente: militancia y liderazgo femenino en la política Argentina”. El evento contó con la presencia de la diputada nacional y sobrina nieta de Eva Perón, Cristina Álvarez Rodríguez.

En la primera parte de la charla, la vice decana de la facultad, Alejandra Wagner, invitó a las oradoras a reflexionar sobre Evita. Cristina Álvarez Rodríguez expresó: “No hay una sola Evita. Yo hoy quiero traer a una Evita que a mí me conmueve mucho, que es la mujer libre”.

La sobrina nieta eligió contar la historia de la vida de Eva Perón desde la perspectiva de una mujer rebelde y revolucionaria que no acataba las normas que se nos imponían en esa época, y relató ante un aula magna llena:

“En el año 1935 decidió dejar Junín para cumplir un sueño. Había que ser libre en el ´35 en Argentina si eras mujer, había que ser muy corajuda, decidida y tener sueños. Es la búsqueda de la libertad que a muchas de nosotras nos lleva toda la vida.

Un día, como dice en La razón de mi vida, ‘muy temprano dejé mi hogar y quise ser libre, y me hice cargo de mi misma’. Evita tenía 15 años y venir de un pueblo a la Capital era un desafío muy grande. No tenía la casa de un pariente donde quedarse así que fue a una pensión a vivir. Hizo una prueba en la radio y tuvo un contrato, que alcanzaba a duras penas para pagar esa pensión y comer porque la vida para las mujeres que decidían ser libres era muy dura.

Nosotras éramos menores tuteladas, no podíamos firmar contratos, no teníamos documentos. No sé si podemos ahora, en la mirada del presente, comprender lo que pasaban nuestras abuelas, nuestras bisabuelas, las frustraciones, estar guardadas y ser siempre ‘mujeres de’ Y que la opción fuera matrimonio o convento.

La mujer libre llegó a Buenos Aires 10 años antes de conocer a Perón. Hizo muchas tapas de revistas porque era modelo. Salió en traje de baño y fumando. Esa chica logró comprarse su casa, tener un sueldo como artista en una compañía de radioteatro en un época en la que no había redes sociales ni televisión.

Ella ganaba un sueldo mayor al de Perón cuando lo conoció y encabezaba la compañía de radio más popular de aquel momento, radio Belgrano. Interpretaba a todas mujeres famosas, actuaba en un ciclo de historia de mujeres famosas como Juana de Arco, sin saber que iba a ser una de ellas, pero latinoamericana.

Ella había creado el sindicato de los artistas de la radio y fue Secretaria General, tenía vocación por representar a los demás. Ella del sueldo siempre le mandaba una parte a mi bisabuela porque sabía que en esa casa todavía costaba y faltaba.

Evita fue libre, decidió ser artista y lo conquistó. Luego conoció a Perón y torció el rumbo. Se fueron a vivir sin estar casados. Otra vez, dando nota porque había que cumplir los mandatos de la época. Sin embargo, ella rompió ese esquema y volvió a ser libre y se fue a vivir con el hombre que amaba. En cada elección siguió su corazón.

La mujer libre fue primera dama en Argentina a los 26 años. Era joven, linda, podría haber sido la tradicional. Las damas de beneficencia no la querían, les parecía un poco ordinaria. pero no hubiera sido un motivo si ella hubiese sido domesticable. Pero el problema de Evita es que fue la mujer insumisa.

www.cta.org.ar

Ni domesticable, ni sumisa apareció otra vez la mujer libre y decidió construir a Evita. Primero fue Eva Duarte, la actriz; después Eva Perón, la primera dama; y finalmente Evita, el puente entre la necesidad y el derecho, el puente entre Perón y los trabajadores.

Se sentaba con los obreros y creaba nuevos sindicatos, peleaba por paritarias con las patronales, discutía a la par con los varones en un mundo de hombres. ¿Cómo puede ser que los trabajadores le dieran bola? ¿No les parece raro que una mujer fuese la mediadora en ese mundo? Y sin embargo, no sólo le dieron bola, no sólo se sintieron reivindicados por ella sino que la amaron y la obedecieron tanto -porque la sentían la jefa espiritual- que pidieron que fuese la vicepresidenta de la Argentina. Y ella renunció al honor, pero no a la lucha”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *