Dibujo: Ylem Ilustración

Por: Soledad Santalucía

En los años ´60, en los Estados Unidos, existía un bar llamado Stonewall Inn, el cuál reunía a personas del colectivo LGBTIQ. Debido al contexto de opresión y persecución policíaca que sufrían (y por ser consideradxs pecaminosxs, anormales o desviadxs frente a la sociedad) las reuniones eran clandestinas.

El contexto por estos años era caótico, atravesadxs por la Guerra Fría, la Guerra contra la Unión Soviética, la Guerra de los Misiles, la Guerra de Vietnam, y el conocido “Mayo Francés” en 1968. Los movimientos sociales adquirían mayor protagonismo y la juventud trazaba un nuevo paradigma al romper con los mandatos familiares tradicionales.

Stonewall Inn se ubicaba en Nueva York y era frecuentado principalmente por hispanxs, negrxs, varones homosexuales, lesbianas y trans o drag queens, por lo que las redadas policiales eran habitúes y tanto lxs administradores como lxs clientes estaban acostumbradxs a los actos de violencia y el abuso de la policía.

Sin embargo, siempre mantenían una lógica para las redadas puesto que se producían recién entrada la noche para que el bar pudiese funcionar nuevamente en las horas pico y siempre eran con aviso previo por parte del Precinto Seis de la policía. En los cacheos pedían identificaciones y revisaban los genitales de las personas que usaban prendas consideradas femeninas para cerciorarse de su sexo: si se trataba de mujeres trans, eran detenidas; aunque también eran una justificación de arresto los besos, el estar tomadxs de la mano o simplemente estar en el lugar en el momento de la redada.

Otro de los abusos que cometían era conocido como “gayola”, que implicaba el cobro de sobornos a quiénes estaban en los bares gays, tanto dueñxs como clientes, y si se negaban a hacerlo eran arrestadxs o expuestxs a tratos violentos y abusivos.

Pero una noche fue diferente: en la madrugada del 28 de junio de 1969, cuando pasadas las 1:20 horas, ocho oficiales del primer recinto ingresaron a Stonewall Inn vestidxs de civiles –sólo unx estaba uniformado– y anunciaron que iban a detener a las personas que “estuvieran sin identificación, vestidas con la ropa del sexo opuesto, y a algunxs o todxs lxs empleadxs”.

Durante la redada, la situación llegó a conocerse y más de 400 personas se aglomeraron en las puertas del bar aplaudiendo cuando liberaban a alguien. Sin embargo, la situación se puso tensa cuando tres chicas trans fueron arrestadas y metidas en la patrulla. Una de ellas se bajó y un policía la golpeó y la subió por la fuerza nuevamente. En ese momento, la gente comenzó a quejarse de que se estaba cometiendo brutalidad policíaca y empezaron a insultar a los policías.

Además, les tiraron monedas en referencia a los sobornos que cobraban a los bares, y luego botellas, latas o piedras. Lxs policías volvieron adentro del bar y comenzaron a destrozarlo y a golpear a todxs las personas que estaban allí. Hartxs de la violencia policíaca, la gente ingresó por una de las ventanas del lugar y se formó una batalla entre lxs asistentxs.

Poco después, llegaron los refuerzos, un escuadrón anti motines de control formado originalmente para contrarrestar a lxs manifestantes contra la guerra de Vietnam, el cuál entró y dispersó a la multitud. Al final de la noche, trece personas fueron detenidas y una decena de personas terminaron heridas.

Es muy importante establecer este punto en la historia como una bisagra, ya que a partir de esta fecha se da la creación de dos organizaciones en pos de los derechos de las personas LGBTIQ, que fueron el Frente de Liberación Gay y la Alianza de Activistas Gays.

Junio comenzó a ser reconocido como el mes del orgullo en conmemoración a un levantamiento y un acto de resistencia que marcó un antes y un después en la visibilización y la lucha por los derechos de las personas lesbianas, gays, bisexuales y trans.

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