¡Chau chongos!: Economía popular, emprendedora y feminista

Por: Victoria Briccola

¿Te mudas y no tenés tiempo ni ganas de acondicionar el lugar…y querés dejar de fumarte chongos para hacer estos trabajos… o querés renovar tus espacios?” Así sentencia el flyer que Marta comparte en las redes para darse a conocer, para dar a difundir su trabajo, ese que la une con la albañilería, con la pintura, plomería y demás oficios.

Esa imagen se puede encontrar en Facebook, ingresando al grupo Transfeministas Trabajando La Plata y, por supuesto, dista muchísimo de otro que circula en la misma red social y en internet, que dice Maridos a domicilio. Una invitación, un titular, que no vale la pena ni desmenuzar.

Porque lo que importa es Marta y su relato sobre cómo empezó a involucrarse en estas actividades: “Siempre metiéndome donde había algún albañil o alguien pintando, tratando de intervenir para aprovechar y aprender. Básicamente de adolescente comencé a aprender y después estuve varios años siendo ayudante de algún que otro albañil y sobre todo, de algún pintor”, cuenta. “Empecé como ayudante y después me fui independizando. Empecé a trabajar por mi cuenta alrededor del 2016 con changas y laburé casi de boca en boca. Después, a medida que la crisis fue avanzando, hubo necesidades de reforzar más la difusión”, agrega.

Sin embargo, es consciente que ya – por suerte – no es novedad y cada vez son más las mujeres y las disidencias que trabajan entre herramientas, caños y picando paredes: “Si bien no es una explosión hay algunas compañeras mujeres y disidencias que se están animando a aprender oficios que les eran hostiles y creo que sí, que está creciendo. Sobre todo está creciendo la demanda de formación al respecto”, cuenta Marta. Recordemos que desde hace cinco años funciona la Escuela Universitaria de Oficios de la UNLP donde se realizan cursos anuales y cuatrimestrales de cerrajería, mecánica, pastelería y más.

No solamente el rubro está en expansión sino que llega de la mano de un circuito propio, que según Marta, construye sus propios códigos, totalmente nuevos y son normas de cuidado: propio y del otrx: “Hay un acuerdo tácito, y no tanto, de mutua comodidad, de valores distintos a sólo lo meramente laboral del intercambio dinero/ trabajo”, afirma.

Eso lleva a preguntarle por qué cree que las mujeres o disidencias se contactan con ella para requerir su mano de obra y responde segura diciendo que es por la búsqueda de una alternativa. Alternativa a muchos hombres cis que hacen un abuso de poder incluso siendo trabajadores en inferioridad de condiciones respecto a la clase: “Cualquier albañil, cualquier varón que se presente a hacer alguna changa se supone que ahí habría una diferencia de poder entre quien contrata y entre quien es contratado. Y eso en realidad se invierte y se pasan muy malos momentos”, asegura.

“Creo que tiene que ver con la tranquilidad de poder hacer un trabajo y no tener que rechazar invitaciones o recibir acosos o miradas”, afirma, y hace referencia a las tantas “avivadas” que reciben muchas por parte de hombres que se aprovechan del desconocimiento en la materia: “Entonces de repente cambiar una tuerca te salió $1500. Me considero hermanada en muchos aspectos con los compañeros que realizan estas tareas, en términos de clase, pero después hay algunas diferencias”.  

Es la combinación entre confianza, tranquilidad y ser consciente que el resultado será un buen trabajo: prolijo y barato. “También de apostar a una economía diferente. A dejar de estar poniendo la guita en los mismos lugares y que circule por otros ámbitos”, asegura.

Qué pasa, entonces, con esos compañeros cis que también son testigos que el campo laboral se abre y ahora hay otras identidades de género como pares: “En general hay buena recepción. Si hubiese recibido rechazo no los consideraría como ‘compañeros’. Nunca falta el ingrediente de la sorpresa y eso, en un punto, es un poco peyorativo. Por ejemplo te dicen ‘no puedo creer que hagas esto’. Sorpresa ante todo. Al menos en el círculo que me muevo y en los trabajos que trato de elegir”. Y sigue: “Por ahí, hay como una necesidad de sobreexplicar o explicarte cómo debería ser más allá que te están viendo hacer el laburo. Pero en general no trabajo mucho con varones así que no he tenido mayores repercusiones”.

Tampoco los elije como clientes, en lo posible: “A veces son novios, pero el trabajo lo arreglo siempre con mujeres o disidencias. Y si necesito una mano porque el trabajo es grande, tengo dos amigas que me acompañan. O lo derivo a otra compañera si yo no lo agarro”.

Cerca de la despedida, Marta comenta que le gustaría hacer referencia a algo puntual que necesita ser subrayado: “Dentro de esos oficios, que tenían históricamente un lugar dentro de la masculinidad, las primeras en copar fuimos las lesbianas. Y luego, más vale, se fue amoldando”. Y agrega: “También, además en términos de ganarse el mango, y de la pertenencia a las clases laburantes, creo que hay una disputa ahí, de desobediencia, de autosuficiencia que es el rol más político del ser lesbiana”.

Es decir, ir en contra de los roles tradicionales asignados a las mujeres y rebelarse ante las limitaciones que nos han impuesto sobre el control de nuestras propias vidas, en todos los ámbitos, y en cada uno de ellos.

Sólo queda invitarlxs a agendar a Marta, o a dejar su nombre y teléfono en tu agenda, o colgado en la heladera. Llamala: promete presupuestos acordes a cada persona y sin cargo: 221 – 314 6850.

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