Representación y fútbol: Las dimensiones sexuales y políticas en la copa mundial

Fuente: Fifa

Por: Melina Eliana Mendoza

Esta edición de la Copa Mundial femenina de fútbol devino en un escenario particular, donde el movimiento de mujeres, feministas y disidentes logró colarse en el bastión principal de las masculinidades tóxicas: el fútbol.

Si bien las mujeres practican esta actividad desde hace tiempo, lo han llevado a cabo en los márgenes. La invisibilización es evidente si contrastamos la historia de los mundiales: mientras que los mundiales masculinos están pronto a cumplir 100 años, el mundial femenino apenas alcanza su octava edición. Y aunque en los ´90 se da el inicio formal, en su faceta organizada por FIFA, podemos considerar que este mundial de Francia 2019 representa un punto de inflexión, donde las protagonistas han decidido no callarse más.

Así como reza la frase que embandera cada movilización de las jugadoras e hinchas argentinas “en los botines llevamos revolución” (una revolución qué ha trascendido los límites nacionales) este mundial vino a desmitificar que el fútbol femenino no le importa a nadie. No sólo le importa a muchxs sino que, además, vino a mostrar un escenario con características propias. El fútbol femenino no se trata de un deporte desligado de lo social, de lo actual, de las luchas, sino de una actividad qué se encuentra imbricada tanto las dimensiones políticas como en las dimensiones sexuales.

Ambas dimensiones condicionan el juego, negarlas implicaría las dificultades para poder avanzar en el camino de acortar las distancias entre el fútbol femenino y masculino y entre las selecciones y clubes europeos y de los demás continentes. De este modo, no sólo hablamos de inversiones económicas y su importancia en términos de salarios, reconocimientos y formación, sino también el papel social y cultural que implica el derecho al juego, ya sea recreativo o como actividad laboral.

Es en este evento deportivo, que caracterizamos además como político, donde emergen referencias indispensables en el camino a la igualdad. Ejemplo de estas referencias son Megan Rapinoe y Marta Vieira da Silva que, asumiendo un posicionamiento político, tensionan las ideas vetustas respecto al papel de las mujeres en el deporte, y el entramado social y económico que eso implica.

Megan Rapinoe es una futbolista profesional estadounidense que juega en el Reign football Club en la National women’s Soccer League. Con 34 años de edad, tiene en su haber dos copas mundiales, Canadá 2015 y Francia 2019; y un oro en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Casada con la jugadora de baloncesto Sue Bird, cuatro veces campeona olímpica con el equipo de básquet norteamericano.

La capitana tiene un rol protagónico como activista por los derechos de la comunidad lgbtq+ y, más específicamente, en su ámbito laboral, es activista por la equidad y el reconocimiento al fútbol femenino. Ella ha participado en varias oportunidades de reclamos que han sido noticia previos al inicio de la Copa Mundial de FIFA. Megan, junto a otres deportistas norteamericanxs, se destacan por no cantar el himno ni permanecer de pie, hincándose de rodillas al suelo, previo a sus respectivos encuentros deportivos, como gesto de reprobación al gobierno de Trump.

Esta práctica surge en 2016, tras la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de su país, cuando el jugador de fútbol americano Colin Kaepernick, en señal de protesta, se arrodilló cuando sonaba el himno nacional antes de un partido, replicando el gesto en cada encuentro. Como contramedida, y tras varias adhesiones a esta señal de protesta, la federación estadounidense reaccionó y creó una regla interna que obliga a lxs futbolistas a permanecer de pie mientras suena el himno, sin hacer obligatorio el acto de cantar.

Además, en marzo de 2019 junto a 28 compañeras, Megan interpuso una denuncia ante un tribunal de Los Ángeles, que comprometió a la federación estadounidense de fútbol como entidad que discriminaba a las jugadoras, reclamando igualdad de salario. Ambas acciones la describen y resuenan también durante la copa mundial.

La capitana campeona, se alzó como una de las protagonistas tanto fuera como dentro del campo de juego, fue reconocida como la mejor jugadora del mundial obteniendo el Balón de oro y la Bota de oro tras anotar seis goles y dar tres asistencias de Gol en la competición. La norteamericana lideró al equipo que por cuarta vez se alzó con la corona de las mejores del mundo, un país que considera al fútbol o soccer, como elles lo llaman, como una actividad que representa condiciones femeninas, en contraposición a deportes “masculinos”, como el fútbol americano, pero que en términos económicos no representa una plataforma de igualdad, ni en el reconocimiento salarial, ni de visibilidad.

En el mundo del fútbol, la MLS (liga masculina) tiene mayor visibilidad e inversión que la NWSL (liga femenina), siendo que ellas como selección han obtenido 4 Copas mundiales y han participado de todas las ediciones, mientras que los varones, no han ganado ninguna de la 10 veces que han participado, de un total de 21 copas mundiales.

Esto daría cuenta de que la problemática, se ahonda más en las estructuras de desigualdad, donde el argumento “primero ganen algo, después reclamen” quedaría sin efecto, dado que aún, ganando no se logra equiparar el valor de su juego. Aun así, las voces se replican, en el reclamo por la disminución de la brecha salarial. Durante la premiación, una vez concluida la final entre EEUU y Países Bajos, la hinchada rugió “equal pay”, igual salario, como reclamo, cuando Infantino se hacía presente en el estadio.

Ademas, durante la competición, Megan Rapinoe, le ha plantado cara al presidente Trump, no sólo con la señal de protesta en el Himno, sino también al negarse a participar de la visita protocolar a la Casa Blanca, ya que considera que es utilización política descarada de parte un gobierno que se caracteriza por ser homofóbica, xenofóbica y machista. Dicha acción es avalada por sus compañeras, porque se asumen con orgullo, como un equipo que compone su fuerza a partir de la diversidad.

Además, no ha tenido pudor en señalar las incongruencias del Presidente de la FIFA, Gianni Infantino por la organización: “Es un insulto para el fútbol femenino, es una idea terrible jugar la final de la Copa América y la Copa de Oro el mismo día que nuestra final. Hablamos de una final mundial, debería paralizarse todo en el fútbol para darnos visibilidad”. De este modo, remarcó como FIFA le resta la importancia mediática qué debía, contraponiéndose a las medidas de inversión y desarrollo de la competitividad que el propio Infantino lanzo el día previo.

Como activista de la comunidad lgbtiq+, y teniendo en cuenta que el mundial coincidió con el mes del Orgullo, decidió en conferencia enunciar la tan significativa frase de “Sin homosexuales en tu equipo no se puede ganar un torneo” y que viene a cuento de permitirnos, no sólo pensar sino saber que la dimensión sexual está y estará siempre en la escena. Y que aunque en el fútbol hegemónico, masculino, representa un conflicto tan notorio, no tiene las mismas connotaciones en el fútbol de los márgenes, femenino, ya que con las tan sonadas frases “son machonas”, “las jugadoras son todas lesbianas” se las visibiliza, aunque no siempre sin estereotipos.

Las lesbianas juegan al fútbol, son protagonistas tanto como las heterosexuales, y no son, ni quieren ser, las notas de color para los medios hegemónicos, como fue el caso de las jugadoras que festejaron la clasificación a semifinal de Suecia, y otros tantos besos más que se replican, como objeto morboso de divertimento masculino.

De esta manera, la homosexualidad, con diferentes matices, es más visible en el fútbol femenino, y que si bien representa un tabú para los vestuarios de varones, intentar negarla, no implica que no existan. Ella misma resalta que en la diversidad es donde se construye un equipo, con la propia selección que lidera como ejemplo.

Fuente: Ibohelp.com

Otra de las referentes es Marta Vieira da Silva. Marta oriunda de Brasil, actualmente milita en el National women’s soccer league defendiendo los colores del Orlando Pride. Fue elegida seis veces por la FIFA como la Mejor Futbolista del Mundo y reconocida en el 2018 con el Premio The Best FIFA.

Marta ha cosechado con la canarinha en 3 oportunidades la Copa América, Perú 2003, Ecuador 2010 y Chile 2018, además, de 2 Oros en los juegos panamericanos, y en una ocasión disputo la final del mundo, en China 2007, obteniendo el segundo puesto. En este mundial de récords, la delantera goleadora histórica de la Selección brasileña, logró un record personal, ya que se convirtió en la futbolista con más goles en la historia de los mundiales englobando tanto el masculino como el femenino. Es decir, con 17 anotaciones desplazó del primer lugar al alemán Miroslav Klose y a la delantera alemana Brigit Prinz.

Pero, así como Rapinoe, Marta también fue protagonista fuera de las canchas. Ya que este deporte se construye en equipo, del mismo modo en que se juega. La brasilera, en su rol de referente, optó por interpelar a las siguientes generaciones a asumir sus papeles protagónico en el desarrollo del fútbol femenino.

Tras la derrota frente a Francia, donde las locales dejaron sin chances de avanzar a cuartos de final a Brasil, Marta daba una declaración que era imposible ignorar: “La gente tiene que llorar al comienzo para sonreír al final”. Aludiendo a las jóvenes a estar más preparadas, física y mentalmente. Las instó a entrenar más, a estar lista para jugar los 90 minutos y más, a enfrentar todo lo que sea necesario. Y agregó: “Eso es lo que pido para las niñas. El fútbol femenino depende de ustedes para sobrevivir”.

Fuente: Mia Hamm

Ella se reconoce en el lugar de figura destacada, pero entendiendo que la historia la construimos a partir de los esfuerzos que implican la acción colectiva. Sus palabras evidencian una emoción que surge en un contexto de desilusión, ya que Brasil quedó afuera en octavos de final, y que posiblemente, haya sido la última oportunidad de disputar un mundial, no sólo para ella, sino también, la de destacadas compañeras, como Miraildes Maciel Mota (41 años) conocida como Formiga, y Cristiane Rozeira de Souza Silva (34 años).

Ese futuro del que habla, debemos entender, que no será posible sin visibilizar los reclamos necesarios, para que esos esfuerzos no sean decisiones personales, sino medidas políticas que abarquen al colectivo, que mejoren no sólo los salarios, sino la inversión para el desarrollo de la actividad. Y en esa línea es que la máxima artillera de los mundiales, celebró cada gol besándose el botín, los cuales no llevaron auspiciante en reclamo de una real equidad de género. En lugar de una marca, los botines de la delantera de Orlando Pride tenían un símbolo de igualdad, color rosa y azul. Este gesto se dio en el marco de la campaña “Go equal”.

Así fue que en esta 8va edición del Mundial femenino de fútbol, varias jugadoras no sólo demostraron ser grandes deportistas, sino que han asumido roles protagónicos como referentes dentro y fuera de las líneas de cal. Esto implica, entonces, plantar bandera, poner el cuerpo, multiplicar referencias, no sólo como plataforma para los cambios estructurales de la disciplina, sino también, por los cambios culturales que ello representa.

Ahora que sí nos ven implica un “también nos van a oír”, asumiendo los roles, como hinchas/socias, jugadoras, comunicadoras y dirigentes, buscando un real avance, sin conformarse, porque sabemos que los años de derechos postergados no se equiparan de la noche a la mañana. Pero se consiguen a base de no renunciar a los espacios, de jugar más, de jugar mejor, de jugar juntas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *