Carlos Jáuregui: “En una sociedad que nos educa para la vergüenza, el orgullo es una respuesta política¨

Foto: The Bubble

A medida que fue pasando el tiempo, al ir observando mi vida y la de mis amigos, me fui dando cuenta de un hecho: que una persona, sea o no gay, debería ser un dato sin importancia. ¿Qué heterosexual va por la vida contando sus intimidades sexuales? ¿A quién le importan? Si el hecho de ser homosexual afecta a quienes lo son es a causa de la falta de derechos, de la discriminación y la marginación a la que somos expuestos injustamente”.

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Indagar en la historia de vida de Carlos Jáuregui le permite al actual activismo lésbico, gay, travesti, transexual y bisexual entender el pasado de los movimientos que hoy integran.

Él nació un 22 de septiembre de 1957, en La Plata, provincia de Buenos Aires, cuando todavía estaba en el poder la autodenominada “Revolución Libertadora”.

En aquel tiempo, la Argentina se encontraba muy pero muy lejos de reconocer los derechos del colectivo LGTBIQ. Por el contrario, se los violentaba o, en el “menor” de los casos, se los ocultaba y/o discriminaba.

Es por este motivo que Jáuregui es recordado por ser uno de los activistas más importantes en las décadas de los ’80 y ’90: logró posicionarse como una voz crítica en plena transición democrática.

Él sabía y conocía que las personas que no se encontraban dentro de los parámetros heteronormativos eran criminalizadas, perseguidas, obligadas a ocultarse, y que se encontraban lejos de poder obtener los derechos que se planteaban como igualitarios para toda la población.

Según varios escritorxs y compañerxs de militancia de Jáuregui, hablar de él es relatar una biografía política. Fue uno de los activistas homosexuales más importantes de la época y, podría decirse, hasta la actualidad.

Porque claramente, con Jáuregui, al menos en nuestro país, se inauguró un perfil de activista de la diversidad sexual que tuvo como consecuencia directa no sólo la visibilidad mediática sino también la capacidad de articular alianzas con otros movimientos sociales.

En 1984, se acercó al Movimiento al Socialismo (MAS) porque se había generado una corriente interna minoritaria volcada al análisis de la orientación sexual, llamada Alternativa Socialista por la Liberación Sexual.

Otro capítulo importante de su vida y militancia fue el inaugurar la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) durante el mismo año, de la cual fue su primer presidente hasta 1987, durante el gobierno de Raúl Alfonsín.

Durante la década del 90 y a causa de las conversaciones con activistas e intelectuales que vivían en Estados Unidos y pasaban por Buenos Aires, así como la resonancia de las Marchas del Orgullo en otras partes del mundo y la llegada de los primeros textos queer, influyeron mucho en Carlos y en sus compañerxs.

Particularmente, repensó la importancia de las marchas, como acontecimiento aglutinador por excelencia del mundo de la diversidad sexual y el valor del término “Orgullo Gay”.

En 1993 se creó el partido Frente por la Democracia Avanzada (FDA), espacio que indagó en el ambiente universitario, la apertura con el feminismo, los derechos humanos y las minorías sexuales.

En ese mismo camino confluyó con Gays DC, y a partir de esa confluencia, el FDA fue el primer partido en la Argentina en colocar en la agenda política del momento las demandas de las minorías sexuales junto con la despenalización del aborto.

Mediante su militancia también colaboró en la iniciativa del primer proyecto de unión civil y la inclusión de la orientación sexual en la cláusula anti-discriminatoria de la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires.

Sabemos que no todo fue color de rosas, porque frente a sus acciones, la reacción conservadora respondía con razzias policiales y campañas de la Iglesia que proponían construir una isla para gays, lesbianas y travestis.

Jáuregui posicionó su orientación sexual como categoría política, para discutir los privilegios con los que contaban las personas heterosexuales.

En la estación del subte H “Santa Fe – Carlos Jáuregui”, en Pueyrredón y Santa Fe, lugar histórico de encuentro de la comunidad homosexual en la ciudad de Buenos Aires, se mantiene su nombre desde el 2016. Ese reconocimiento señala la necesidad de mantener en vigencia sus reclamos.

Hoy una estación de subte lo recuerda, pero muchxs más siguen levantando las banderas que sostuvo. Como también muchxs han dicho, Carlos Jáuregui es ya un prócer indiscutido de la historia del movimiento LGTBIQ argentino.

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