Manuela Sáenz Aizpuru: Caballeresa del sol, al patriotismo de las más sensibles

Colombiainforma.info

Por: Victoria Briccola

Manuela Sáenz fue una de las mujeres protagonistas en la lucha de independencia latinoamericana contra España y muy acertadamente conocida como “la Libertadora del Libertador”.

Un calificativo que le dio Simón Bolívar luego que la ecuatoriana descubriera un complot en su contra y lo salvara de un intento de asesinato, el 25 de septiembre de 1828, en Bogotá, Colombia.

Fue excluida de la historia del siglo XIX y, a lo largo del XX, la mayoría de los historiadores resaltaron únicamente, su belleza, su inteligencia y “su generosidad en el amor”, así como también su perfil de amante de Bolívar.

De esta forma, silenciaban y ocultaban su pensamiento político, su actividad revolucionaria y su participación activa en la lucha por la independencia de los países bolivarianos.

Sin embargo, hay otrxs historiadorxs que la describen como la combatiente que rompió con las estrictas normas vigentes en ese entonces: ella supo vestir un uniforme militar, aprendió a usar armas, desarrolló tácticas de espionaje para ayudar a los planes independentistas, por mencionar sólo algunas.

Además, fue una feminista temprana que desobedeció los esquemas sociales de su época, impuestos por la moral tradicional y el patriarcalismo milenario, al abandonar a su esposo para seguir al hombre que amaba, en un tiempo en la que la iglesia no aceptaba que se rompiera el sagrado vínculo del matrimonio.

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Nació el 27 de diciembre de 1795, en Quito, Ecuador y falleció el 23 de noviembre de 1856, en Paita, Perú. Fue hija del hidalgo español Simón Sáenz y de la criolla María Joaquina de Aizpuru.

En un vídeo que proyectan en el pequeño Museo Manuela Sáenz, ubicado en el Centro Histórico de Quito, explican que a los 14 años, Sáenz vivió el impacto de la primera revolución independentista quiteña.

Precisamente en este movimiento estuvieron involucradas muchas mujeres que sirvieron de ejemplo a una Sáenz adolescente. Eran esposas, compañeras, madres, hermanas o hijas de los patriotas, entre ellas Manuela Cañizares, Manuela Espejo, Josefa Tinajero, Mariana Matéu, Rosa Zárate, María Larraín, Antonia Salinas, Rosa Larrea, Manuela Quiroga, Josefa Escarcha, entre otras.

A los 22 años, Manuela se casa, en lo que fue un matrimonio forzado, con un comerciante inglés: James Thorne.

Por su parte, Simón Bolívar ya había liberado el territorio de la Nueva Granada y se disponía a fundar en Angostura la Gran Colombia. En 1820, José de San Martín se encontraba de camino hacia Perú. Los limeños comenzaban a conspirar, y Manuela Sáenz se convertía en una de las activistas principales.

Las reuniones se realizaban en su casa y participó en las negociaciones con el batallón de Numancia y en 1822, una vez liberado Perú, fue condecorada “Caballeresa del sol, al patriotismo de las más sensibles”.

Con la excusa de acompañar a su padre, marchó hacia Quito. Desde allí colaboró activamente con las fuerzas libertadoras.

En 16 de junio de 1822, Simón Bolívar entró en la ciudad y fueron presentados en un baile en homenaje al Libertador. Fue ese el comienzo de su relación amorosa.

Fue nombrada por Bolívar miembro del Estado Mayor del Ejército Libertador; peleó junto a Antonio José de Sucre en Ayacucho, siendo la única mujer que pasaría a la historia como heroína de esta batalla. Una vez aprobada la Constitución para las nuevas naciones, marchó a Bogotá junto al Libertador.

El 25 de septiembre de 1828, lo salvó de un atentado dirigido por Francisco de Paula Santander, enfrentándose a los conspiradores mientras Simón huía por una ventana. Fue a raíz de este acontecimiento que Bolívar, de regreso a palacio, le dijo: “Eres la Libertadora del Libertador”.

Así queda demostrado en una de sus cartas al General Córdova:

“Ella es también Libertadora, no por mi título, sino por su ya demostrada osadía y valor, sin que usted y otros puedan objetar tal. […] De este raciocinio viene el respeto que se merece como mujer y como patriota”

Antes de la muerte del Libertador se levantó una ola de calumnias en su contra y Manuela decidió escribir, como forma de protesta, La Torre de Babel (julio de 1830), motivo por el cual se le emitió una orden de prisión.

El 1 de enero de 1834 le ordenaron que abandonara la nación en un plazo de trece días. Mientras tanto, fue encerrada en la cárcel de mujeres y conducida en silla de manos hasta Funza, y de allí, a caballo, hasta el puerto de Cartagena con destino a Jamaica.

Manuela volvió al Ecuador en 1835. El presidente Vicente Rocafuerte, ante la noticia de su llegada, determinó su destierro y volvió a Jamaica donde se radicó en el puerto de Paita.

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Manuela falleció el 23 de noviembre de 1856, a los 58 años de edad, durante una epidemia de difteria que azotó la región.

Su cuerpo fue sepultado en una fosa común del cementerio local y todas sus posesiones, para evitar el contagio, fueron incineradas, incluidas una parte importante de las cartas de amor de Bolívar y documentos de la Gran Colombia que aún mantenía bajo su custodia.

Sólo en la mitad del siglo XX, gracias al revisionismo histórico, aparecen biografías y ensayos en los que se empieza a resaltar su papel como líder en la gesta libertadora de lo que hoy son Colombia, Ecuador y Perú.

Es sumamente importante que la historia le haga lugar a personajes como el de Manuela Sáenz y que sea reivindicada como heroína y prócer en la gesta de la independencia y precursora del feminismo en América Latina.

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