Por: María Etcheverriborde

Hace algunos días, me cayó la ficha. A todxs nos pasa. Te juntas con alguien y cae. Se ordena ese pensamiento que vivía, de forma enmarañada, en tu mente. Como si fuera un meteorito, o la verdad misma revelada. Así fue, entre medio de un chiste/reflexión sobre una cosa, caí en la cuenta de que todo Beboteo es político.

Soy una consumidora de imágenes de todo tipo y, hace algún tiempo, navegando me encontré con un video clip de Karol G que se llama “Punto G”. Ese mismo día me encontré con el IG de Mar Tarres, instagramer, actriz, y modelo plusszide. Y con un podcast feminista sobre cuerpas.

Entre toda esa galaxia, me empecé a preguntar algunas cosas: ¿Por qué siempre bebotea la misma? ¿Por qué me cuesta tanto bebotear? ¿Cómo es la configuración de esas imágenes del beboteo? ¿sólo bebotean las que coinciden en sus cuerpas con ´el deber ser´? ¿Lxs gordxs también Bebotean? ¿Que “cosas”, sentimientos, emociones, aspectos incluyen la acción de bebotear? Y sobre todo: ¿ Qué es aquello que nombramos todxs, y más de una vez hemos hecho?.

Según Google, Bebotear es “actuar de manera insinuante con el objetivo de seducir, ya sea personalmente o por medio de fotos o vídeos en redes sociales.” Otra definición del mismo buscador detalla: “Actuar, una mujer, de manera erótica, sexual, insinuante, cuando se realiza una actividad así sea la manera en la que bebe, mastica algo o modula”. Y una tercera definición, nos dice: “Cuando se actúa de manera exageradamente erótica, sensual, seductora o insinuante”.

Es importante, considerar que las imágenes el beboteo están configuradas bajo la lógica publicitaria. Hay un mensaje claro y la intensión de generar algo en el otro; pretenden ser persuasivas, producir una reacción o modificar una conducta. También, las poses se corresponden a las utilizadas por modelos (no hace falta ejemplificar porque ya todxs las tenemos en mente).

Esas imágenes funcionan en los medios masivos tradicionales como la policía sexo genérico, que viene a recordarnos que no somos lo suficientemente aptas, ni estamos lo suficientemente buenas para gustarle a nadie, y menos a nosotras mismas. Porque no nos corresponde amor, sino inconformidad con lo que somos, y con lo que el espejo nos devuelve. Y que nuestro único camino posible es ser lx gordx buenx o la dieta crónica.

Yo agregaría que el beboteo es una performance. Un momento transicional donde ostento ciertas cualidades que traccionan siempre en contra del deber ser patriarcal. Es una imagen contundente, donde se muestra y demuestra. Es una postura, un discurso, una narración desde el deseo y el derecho de ser una cuerpa contada desde mis propios márgenes, encuadres e intereses. Pero resulta particularmente interesante esta ´imagen bebota´, porque en ella una desatiende el canon que estableció lo bello, para construir un nuevo orden del cual puede ser parte.

Se trata de subertir el orden. En verdad, tomar el beboteo en clave política es comprender que la belleza tiene múltiples formas; como el deseo. Es asumir que lo que yo hago con mis imágenes es política. Que mi chongueo también es político. Y que el feel también se milita.

Bresson1, dice que cuando unx se enfrenta al momento de sacar una fotografía, en verdad, asiste a un acto decisivo. Generar una fotografía, es generar una decisión. Las imágenes del beboteo, tienen consigo una carga política, porque su desempeño en la vida pública deviene de un proceso individual donde la persona acepta la belleza que narra la fotografía como propia. Y, en muchas mujeres, reconocerse bellas es casi tan importante como sentirse fuertes; seguras de mostrarse ante los ojos siempre enjuiciadores de las redes. Es desafiar la narración que siempre han hecho, tanto de ellas como de sus cuerpos. Es reivindicar el derecho a gustar y, sobre todo, a gustarse. A aceptar esas múltiples formas. Es APRENDER a disputar el poder de lxs lindxs de siempre.

Porque el Beboteo dialoga con el amor propio. En un mundo hiper mediatizado, donde la estética es la estructura que sostiene a las redes sociales, tengo la “orden” de ser bella y flaca, para ser feliz. Pero “la contra orden” de que si no lo soy, me tengo que amar más para no sentirme mal, y de alguna manera, comenzar mis tristezas aunque después salga a comprarme un pantalón y el talle único sólo lo pueda vestir como bufanda.

De alguna manera, eso incluye, construir hegemonía sobre nosotras mismas. Porque frente a un mundo que me dice que para mí no hay talle, yo te meto filtro, pose, y frase, y me dejo ver. Porque lo que no se muestra no existe, entonces, besame el rollo.

No me digas que tu beboteo no es político.

1Robert Bresson, cineasta francés

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