El fenómeno Maradona: fútbol, violencia y otras yerbas

Fuente: Diario Popular

Por: Melina Mendoza y Leticia Mendoza

Luego de muchas especulaciones, se concretó la llegada de Diego Armando Maradona al Club Gimnasia y Esgrima de La Plata. El conjunto Mens Sana sumó su cuarta derrota consecutiva en lo que va de la temporada 2019-2020 de la Superliga y, si hoy finalizara el torneo, el equipo platense se estaría yendo al descenso.

Esta situación crítica derivó en la salida de su entrenador el  “Indio” Ortiz, abriendo todo tipo de debates y especulaciones sobre los posibles reemplazantes. Lo que parecía ser sólo otra fake news, terminó abriendo camino a un entramado de negociaciones para traer a Maradona a la ciudad de las diagonales y la confirmación de su llegada al club generó opiniones encontradas, no sólo en la parcialidad tripera, sino en toda la comunidad futbolística.

Maradona volverá a dirigir a un equipo del país y la controversia por su llegada tiene varias aristas: hay quienes, enamorados de la mítica figura del Diego, sólo ven fútbol y nada más; y otrxs que priorizan superar los avatares económicos y políticos, y también festejan la incorporación del 10.

Sin embargo,  no todos ven con buenos ojos el inicio de este nuevo ciclo. Ya sea porque no tiene los pergaminos ni la trayectoria como entrenador para afrontar esta etapa complicada que atraviesa Gimnasia,  o bien porque consideran que una figura tan polémica le suma más problemas a una situación ya compleja. 

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Maradona como emblema del fútbol argentino, ha sabido ganarse un lugar en la historia como una figura controversial. No olvidemos mencionar, que también tiene en su haber una innumerable cantidad de denuncias por ejercer violencia de género sobre sus parejas, y que en varias oportunidades ha incurrido en comentarios homofóbicos y transfóbicos.

De este modo, aparecen las preguntas: ¿es posible separar al ídolo de la persona? ¿Al astro del fútbol y al sujeto violento? ¿Lo hecho en la cancha exime de cualquier cosa que haga fuera de ella? ¿Debemos ignorar o perdonar sus conductas misóginas y machistas sólo porque nos ha dado un mundial? ¿Las alegrías deportivas son un pase libre para las prácticas violentas? ¿Es suficiente ser un gran futbolista para que minimicemos sus prácticas violentas contra las mujeres y la diversidad?

Hay quienes justifican que no podríamos juzgar a Maradona por las prácticas violentas en su vida privada. Es decir, que podríamos separar lo público y lo privado, como si el ámbito de los doméstico estuviese excluido del escrutinio social. Como si la violencia pudiese sólo ser sancionada en el ámbito público.

Su relación con las mujeres es solapada por sus logros deportivos, por el gol a los ingleses, por la mano de Dios. ¿Lo privado,  entonces, estaría distante y prohibido de posibles intervenciones? El caso Maradona, no es el primero y no será el último, convivimos con muchos personajes violentos y machirulos en el fútbol.  Gimnasia no es el único club que los convoca.

Fuente: Diario Popular

Existen muchos jugadores, dirigentes y entrenadores, denunciados por ejercer violencia de género que transitan diariamente por las distintas sedes sociales y estadios argentinos y del mundo. Ya sean los casos de Ricardo Centurión, Agustín Rossi, Rafael Santos Borré, Caniggia, Neymar y la lista sigue; y otros cuantos condenados, como Jonathan Fabbro, acusado de abusar sexualmente de una niña, y Alexis Zarate, acusado de violar a la novia de su compañero, Martín Benítez. Pero cuál es el límite para considerarnos interpelados, para rechazar, para cuestionar, para separarnos de quienes alimentan con sus prácticas violentas la desigualdad, la misoginia, la homofobia, la transfobia.

De tal modo deberíamos preguntarnos entonces ¿Qué clase de clubes queremos construir? ¿Qué clase de Clubes queremos transitar como socios? y ¿qué clase de hinchas queremos ser?

El movimiento de mujeres y el feminismo también nos invita a reflexionar sobre los espacios que queremos construir en el deporte, qué fútbol queremos vivir. Ceder estos espacios nunca debe ser la respuesta. Por el contrario, la participación de las mujeres y diversidades no debe restringirse a las áreas, subcomisiones y secretarías de género, y aunque sus creaciones son necesarias e importantes en estos tiempos que corren, no queremos, ni debemos permitir su mal uso, como una pantalla para que los clubes se sientan aggiornados a la coyuntura.

Que estos espacios, que son puntos de partida para empezar a pensar y construir un fútbol con perspectiva de género, no queden en puro postureo, un comodín para el “día de la mujer” o el “ni una menos”,  limitadas a temas y espacios reducidos en los clubes, sin poder de decisión, sin poder de opinión, siendo sólo vanguardia de cotillón. Debemos asumir estos espacios, no sólo como plataformas que vehiculicen la problematización y la inclusión de la perspectiva de género en el deporte, sino que sean una real plataforma para la inclusión de las mujeres y diversidades en las mesas chicas, donde se discuten las políticas y el fútbol.

Queremos poder tomar decisiones, y que no seamos las excepciones, porque está bien, innovar, ser pionera, pero si el compromiso de los clubes no es real, no es siempre y firme, las transformaciones no serán posible. En estos escenarios, aunque el impulso nos lleve a querer enojarnos y romper el carnet de socies, es mejor, como rezan las típicas canciones de cancha, “no abandonar”, no resignar poder.

Construir poder, asumiendo los roles, no sólo los que nos son habilitados, sino además, aquellos que parecen imposibles. Queremos más mujeres dirigentes, que gestionen, que discutan políticas deportivas, que discutan estrategias, tácticas y técnicas, queremos ver más mujeres jugando. Discutiendo y jugando, ganando espacios dentro y fuera de las líneas de cal. Si queremos un fútbol sin machirulos, irnos de los clubes no es una opción. Hay que ganarse los espacios, a fuerza de incomodar, con presencia y lucha, siempre colectiva.

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