Por: Antonela Mennuto

El 4 de octubre de 2009, en un sanatorio del barrio de Palermo moría la voz de América Latina; tenía 74 años y un delicado estado de salud que derivó en un paro cardiorrespiratorio.

Cantora, india, mujer y comunista. Cumplía con todos los requisitos para que la última dictadura cívico-eclesiástico-militar la pusiera en su lista de artistas prohibidxs por cantar “canciones de protesta”. En 1978 fue detenida en un centro cultural de La Plata, cuando daba un recital en el que sonó Cuando tenga la tierra, a pedido del público. Esa fue la última presentación antes de su exilio en Francia y Madrid, del que volvió recién en 1982.

Mezcla de diaguitas y franceses, Haydeé Mercedes nació en Tucumán el mismo día de la Independencia, pero de 1935.

“Mi mamá dice que mi papá se olvidó mi nombre adrede cuando me fue a inscribir al Registro Civil. Y me puso Haydeé Mercedes en vez de Marta Mercedes. Mi mamá quería que de primer nombre me llamara Marta. (…) Y entonces todos, desde que me recuerdo, me vienen llamando Marta. Para la gente, definitivamente soy la Negra. *

En su casa siempre sobró el amor y faltó la comida. Con esa voz inconfundiblemente hermosa, a los 15 años, ganó un concurso en la radio más importante de Tucumán con el pseudónimo de Gladys Osorio y, desde entonces, se quedó en el escenario.

Cuando cumplió los 22 se radicó en Mendoza, y conoció a quien sería el padre de su hijo: Oscar Matus. Pero en 1965, y luego de ser abandonada por su compañero, se mudó a Buenos Aires.

Alcanzó la consagración al tocar por primera vez en el Festival de Cosquín. Impactó por la particularidad y frescura de su voz, y por vincularse con un género y un instrumento que había sido apropiado por los hombres.

Se convirtió, desde entonces y para siempre, en una de las mujeres más amadas y respetadas, no sólo en el mundo de la música, sino también en el de lxs referentxs culturales y sociales.

Que cada mujer sea dueña de su destino

Menos conocida es la historia que la Negra Sosa le contó al periodista Rodolfo Braceli en el año 2002 y en la que deja muy clara su posición con respecto a las mujeres y la decisión sobre sus cuerpos:

“A fines del ‘67 quedé embarazada y elegí abortar. Fue un paso tan doloroso… ¿Tener otro hijo para que lo críe mi mamá y andar todo el tiempo despidiéndome de él? Además yo tenía problemas con mi metabolismo; si seguía con el embarazo lo más probable era que dejara sin madre a Fabián, el hijo que ya tenía. El dolor ahí abajo es terrible, una se siente como una perra, como una bestia despreciada. No es fácil vivir y mucho menos siendo mujer. Imaginemos las jovencitas y no jovencitas que empujadas por la miseria, el hambre y la desocupación tienen que abortar. Las flagelan en lugares clandestinos y sórdidos. Cuando me pidieron de la UNICEF que trabajara para ellos, se los dije: voy a hablar por los niños y por las mujeres. Diré que estoy a favor de la despenalización del aborto. En contra de la hipocresía, de la mentira y de la clandestinidad terrorífica a la que son empujadas las mujeres pobres y marginales. A los hipócritas que están en contra de la despenalización les pregunto ¿ellxs no provocan miles de abortos cada día? Abortos cuando cierran fábricas. Abortos cuando condenan a chicos al hambre. Y que se dejen de joder las madres que quieren mantener a la nena virgen y zurcida hasta el casamiento. Esas hijas pueden quedarse gruesas al ser educadas para la hipocresía. Realmente, quienes favorecen las siniestras condiciones para el aborto son esxs que impiden la legalización. Ay, yo quiero que cada mujer sea dueña de su cuerpo, de sus ovarios y de su destino.*

Este mes se cumplen 10 años de aquel 4 de octubre en el que Mercedes Sosa pasaba a la inmortalidad. Luego de tres días de duelo nacional, y siguiendo sus últimos deseos, la incineraron y esparcieron sus cenizas en tres provincias: Mendoza, donde vivió sus mejores años; Buenos Aires que la consagró y Tucumán, donde nació.

* Extractos del libro “Mercedes Sosa. La Negra” de Rodolfo Braceli, Ed.Sudamericana.

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