Ilustración: Ivit._

Por: María Etcheverriborde

El 34° en La Plata Encuentro fue una celebración de la diversidad, una convivencia de lo distinto, la revalorización del deseo y la discusión como el camino hacia la transformación. La certeza de que otro mundo es posible. Mientras lloro y recuerdo estos días llenos de glitter y muchedumbre, no dejo de preguntarme cómo la tele, las películas y las series nos enseñaron a amar.

Tal vez, la pregunta surge porque el Encuentro nos enfrenta a nuestros propios duelos, y porque se prendió fuego la catedral del amor romántico, al cual le rezamos más de una vez por día durante años . En más de un texto me he declarado culpable de consumir cualquier asquerosidad melodramática. He pasado tardes enteras haciendo zapping de un canal otro, mirando una diversidad de novelas o programas de chismentos, entre un sin fin de paco televisivo.

Estas novelas tienen en común un vínculo heterosexual. Donde todxs eran lindxs. Con la siempre dupla rico/ pobrx , dueño/ empleadx. Porque la tele también tiene que acompañar y legitimar la feminización de la pobreza: ella siempre se enamoraba primero; lo veía y sabía que quería estar con él para siempre. Había algo del orden de lo mágico que se sucedía con un plano ralentizado, musicalizado y empalagoso. Era como asistir a la revelación de tu vida centralizada en una sola persona.

Foto: Maya Cruz

Después llegaba la carrera de obstáculos, porque uno no puede llegar al objetivo ni rápido ni fácil. No se viene a ser feliz, se viene a padecer la decisión de amar. Así fue que, en el medio, pusimos a competir por una chota a las mujeres a base de mentiras, engaños, desconfianzas, hijxs que se perdían en escaleras, rechazos y terceros . Estar tranquila con una pareja se convertía en el punto de llegada después de todos los padecimientos transitados. Todo lo que padecí valió la pena para estar hoy así ¿les suena ? La idea de la pareja como el último eslabón de la evolución, porque hay que estar de a dos cuando el apocalipsis venga a buscarnos.

En esas novelas con las que crecimos, todo ese tiempo en el que el amor no triunfaba, el galán podía tener muchas novias, muchos intentos por olvidar. Pero ella, cuasi obsesionada, poniéndolo a él en el centro de sus prioridades, decidía guardar reparo en la casa, llorando, analizando en terapia de grupo que corno le pasaba a ese pelotudo. Porque además de sufrir tenemos que explicar qué le pasa a este galán, siempre habilitado para todo, menos para enfrentar la realidad. Porque él no resuelve, a él le pasan las cosas y le dejan de pasar. Le pasan las minas, lxs hijxs, la familia, el perro. Transcurre por la narrativa, como quien sale a pegar una vuelta en el auto.

Después, en el último capítulo, de nuevo la magia, la mirada ,el reencuentro. Donde lxs malxs se mueren, se redimen, y los amantes por fin se casan, porque el status quo no se toca. Así somos felices para siempre con una canción de fondo, que por lo general es la cortina de la novela y la canta un violín. Tenemos hijxs, y comemos perdices.

Así muchxs aprendimos a amar. Siempre pagando más caro que lxs hombres. Así se le enseña a las mujeres. O, por lo menos, ese es el ejemplo que consumimos desde que nos levantamos hasta que nos dormimos. Eso nos venden: gato por liebre.

Foto: Maya Cruz

Los días en que el tsunami feminista arrasó esta ciudad, entendí que el amor no era eso que la tele me dijo y que el neoliberalismo, con su destrucción total sobre lo colectivo, reafirmó. Es posible amar a un despareje. Porque frente a un mundo que me quiere dar un igual, yo deseo conversar con lo diferente.

Pero también es difícil hacerse cargo de la diversidad propia y ajena. En un mundo lleno de estereotipos, es difícil hacer silencio para escucharse. Para elegir en libertad. Porque lo diferente no es enfermedad. Porque a veces las imágenes del amor no tienen que ver con besos en la boca.

Porque las imágenes del amor que se vivió el Encuentro tienen otras lógicas. Porque capaz amarte es ver caer la lluvia, mientras hago ruido con el bombo, discuto, peleo, filmó y escribo para que este mundo sea un mejor lugar donde construir futuro. Porque el amor puede ser un encuentro , al que vuelva cada vez que necesite repensarme.

Foto: Micaela Mennuto

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