Teresa, una de las miles escondida entre la multitud

Por: Soledad Santalucía

Entre las miles de personas que se acercaron el fin de semana del 12, 13 y 14 de octubre a la ciudad de La Plata en el marco del Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Gays, Trans, Travestis, Bisexuales y No-Binaries, Teresa podría haber pasado desapercibida.

Acompañada por un grupo de mujeres en ronda, pero aislada de ellas a un metro de distancia, observa la batucada que entre bombos y tambores suma bailarinxs amateurs en la esquina de 7 y 50.

Sus pasados sesenta años asoman en sus ojeras, cómo quién esforzó la mirada durante mucho tiempo sin usar anteojos. Mira a la distancia sin hacer caso omiso al resto de la gente, el punto fijo son las pibas que bailan al son y cantan “Aborto legal en cualquier lugar”.

En su cartera cuelga el pañuelo verde y el violeta, y en su cuello se asoma el plateado de un dije del pañuelo de Abuelas. Ella es una abuela, pero con la suerte de tener a su hija viva y de conocer a su nieta. Es una abuela jubilada, que cobra una jubilación mínima y se acuerda de sus años de docente con un brillo en la cara mientras habla de lxs alumnxs que pasaron por sus aulas.

Es una abuela que vino al Encuentro por primera vez en su vida, debatió en los talleres, caminó los kilómetros de la marcha y se llevó un piantón de lágrimas en sus ojos marrones.

Teresa mira la escena seria. Teresa es seria. Su pelo amarillo y sus dientes chuecos no dan la ternura de una abuela de domingo, esa a la que le enseñaron a ser ama de casa y a lavar los calzones del marido. Teresa porta el semblante con cierta vehemencia de calle caminada.

Parada en la esquina de 7 y 50 está sola pero acompañada con sus amigas docentes y jubiladas que charlan entre sí. Sin ella. Ella está seria y en la suya. Mira de refilón a quienes se acercan.

Sus facciones se relajan y deja de arrugar la frente. Al menos por un rato.

– ¿Por qué a mí? ¿Me viste vieja, no? – una leve sonrisa amarilla quiso escapar de sus labios agrietados.

Teresa es de Berazategui, es docente jubilada de psicopedagogía y vino al Encuentro a reclamar por una compañera que fue despedida por organizar un acto por el 24 de marzo en la escuela donde trabajan. Participó del taller “Mujeres y Trabajo” durante el sábado y el domingo en la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de La Plata, dónde también se habló de las diferencias de género en los puestos laborales.

— La docente fue denunciada por tres madres del colegio que se quejaron, el director y las autoridades educativas no hicieron nada y desde el Estado le dieron la baja. ¿Sabías que desde que pasó lo de Santiago Maldonado, el Estado abrió una línea para que lxs xadres puedan denunciar a lxs docentes? Se está haciendo persecución política e ideológica – mira a los ojos profundamente, intentando buscar una complicidad distante.

Teresa tiene una mirada firme, de esas que mirás profundo y te interpela o agachas la cabeza porque te traspasa. Tiene una hija que siguió sus pasos y es docente de danzas y bellas artes en Berazategui, pero que hoy no pudo acompañarla.

— Es mi primer Encuentro, nunca pude ir por la distancia y el trabajo. Mi hija es la que siempre va y yo hoy vine por ella. Pero además, vine porque desde hace años venimos siendo ninguneadas lxs docentes, ya sea por hacer paro o por lo que pasa dentro de las aulas. Era importante esta oportunidad de venir y contar nuestra realidad.

Su aire distante comienza a ser un trato más cálido, mira la batucada mientras charla. Se le escapa una leve sonrisa y cuenta que en la escuela donde trabajó toda su vida hizo frente a situaciones de abuso intrafamiliar en la que acompañó a denunciar en muchas oportunidades.

—Es importante que se sepa que la mayoría de los abusos que padecen lxs niñxs son abusos intrafamiliares, un tío, un abuelo, un padrastro. Sé que en las escuelas también hay profesores que lo hacen pero son los menos, y para la sociedad siempre el problema es dentro de las aulas. Es importante visibilizar los abusos intrafamiliares y denunciar.

Teresa acompañó en este proceso a una niña de trece años abusada por su padrastro desde que tenía cinco años y a la cual la madre le dio la espalda y la dejó sola. Fue tal la negación de esa madre que no sólo no la acompañó a denunciar sino que la echó de la casa diciéndole que se vaya a vivir con la docente que la ayudó a denunciar a su pareja.

Y así fue: la niña de trece años vivió con Teresa hasta que se mudó con el padre biológico. Ahí logró que le dieran al padrastro doce años de cárcel por abuso sexual agravado por el vínculo.

—En mi vida me tocó acompañar a denunciar a muchas chicas que se acercaron a contarme la situación. Otro caso que me tocó acompañar, por ejemplo, implicaba a su padrastro también. La madre estaba internada en un hospital psiquiátrico y la acompañó en todo momento a denunciar. Es una paradoja cómo algunas pueden hacer frente a esta situación y creerle a la hija y cómo otras le creen pero no hacen nada al respecto. También estoy segura que esa mujer estaba inserta en una cultura donde estos abusos se normalizan y hasta son aceptados.

Docente, jubilada, abuela y luchona. Teresa es una de las miles de mujeres que se acercaron este fin de semana a la ciudad de La Plata para contar su historia de vida, para ser partícipe del movimiento más grande de Latinoamérica, para buscar en sus pares una complicidad que quizás, en su vida, estuvo dormida. Es su primer Encuentro y quizás el primero de muchos.

El año pasado en Trelew participaron más de 60 mil mujeres y disidencias y este año, donde fueron más de 200 mil una de esas mujeres fue Teresa, quién se distrae de la charla para ir a tomarse una foto con sus compañeras de Sindicato y docencia. Se despide y se va.

A lo lejos se la ve posar esbozando una sonrisa amarillenta y sus años bien calzados, me regala una última mirada y sonríe. Teresa es sólo una de las miles, escondida entre la multitud, rompiendo con la idea de que al Encuentro vienen todas feminazis en tetas a romper todo. Ojalá el próximo y el siguiente, las Teresas también inunden el Encuentro para llevar un poco de feminismo a las casas, a las aulas y a otros puntos de la Argentina.

Foto: Micaela Mennuto

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