TODO GARCHE ES POLITICO

Por: María Etcheverriborde

Ilustración: Ivit

No sé si es la cuarentena,  el chiste con la cuarentona, el encierro, o la música de moda que solo habla de garchar. Pero si hay un tema que es Trending topic en estas épocas de coronavirus y cuarentena, son las ganas de cojer.  El pensar en la cantidad de tiempo disponible, en una combinación exclusiva con la cama y la semana llovedora que se viene.

Y si, puse cojer con jota, porque por sobre el coronavirus y la G me ubico yo como sujetx de derecho, y no como cosa/objeto. Así que vamos con jota.   Jota De justicia social.

Un día en la facultad me preguntaron sobre que quería reflexionar en  mi tesis de escritura académica. Dije que quería analizar la puesta básica de las películas, cada vez que había una escena de sexo. Me mandaron a pensar otra idea, pero yo seguí notando que en todas las novelas y películas garchaban igual. Las mismas 4 poses, las mismas sabanas, la misma temperatura color, la ausencia de preservativos  y los mismos 4 planos.

En el manual de la tele y el cine, parece haber una forma de filmar el AMOR: la receta consiste en 4 planos infalibles que se repiten una y otra vez en la historia de la imagen en movimiento.

El primero siempre es más general, que encuentra en la habitación a la pareja de individuos, heterosexuales, por supuesto. Ambos están besándose en el cuarto y a tan solo algunos metros de la cama. Durante este plano es fundamental que se acerquen hasta el colchón que oficiará de paraíso.  No hay charla, pero el consentimiento parece participar de la situación, o por lo menos, el accionar de los cuerpos parece darlo por sentado. Luego, viene un plano más corto, en lo que refiere al espacio que se muestra de la habitación. Es menor y posiblemente ubique solo a la cama. También, este plano puede incluir zoom in, que brinde la sensación de que el mismísimo cupido flota en el espacio, para asegurar que reine la armonía y los protagonistas se despojen de sus ropajes sin mayores impedimentos. Los enamorados están hechizados bajo su propio beso, conectados por una especie de wifi imposible de corromper.  Y nosotros vemos la cama, con sus suaves movimientos. 

A partir de aquí, cambia el plano para pasar a observar como las sabanas cubren sus bellos y tonificados cuerpxs. Por lo general las sabanas son blancas o de algún color claro, a fin de poder de dotar de pureza el momento. Nunca le vemos el pito al chabón, pero si las tetas a la protagonista femenina. De él, la platea femenina solo podrá conocer su espalda, abdominales, y la garantía certificada de que coge bien, por más que la mujer no acabe. NO HAY TAL PLANO.

Del plano de las sabanas, pasamos al plano final, frontal  y posiblemente  cenital (desde el techo hacia abajo). No hubo tiempo de preguntar si iban a usar preservativo, de buscarlo en la billetera o en el primer cajón de la mesa de luz. El amor no sabe de ESI. Ni de pastillas del día después. Ni de responsabilidades con los cuerpxs de les participantes. Ni de orgasmo femenino, ni de ponerse de acuerdo para acabar. NO SABE!

 Solo se sabe, que ambos se diran te amo, al finalizar, abrazadxs.

Pero si algo sabe bien, es de disfrazar la cultura de la violación de algo que no parezca tan violento como lo es en verdad. En primera instancia porque siempre muestran a las mujeres calladas, y sin conocimiento. Los únicos que saben garchar y llevan adelante la situación son los chongos. Y no digo que en la vida real a veces no pase, sino que normalizan eso. Otorgándole por consecuencia a la mujer un único papel posible, el de obedecer. De “dejarse llevar” ante el desconocimiento. No hay acuerdos, preguntas. Ni siquiera hay posiciones incomodas, piernas acalambradas de mal movimiento, almohada que se mueve o se chanflea. No hay lugar para errar. SOLO HAY LUGAR PARA AMORES PERFECTOS. Tan falsos como encontrar a un pibe que sepa donde está el clítoris.

Pero la tele también nos dio las chicas malas. Nos dio a Soraya, a Paola Bracho, a Elle Drive, a Dinora,  a Carminhia, a Regina George. Mujeres que saben pedir, exigir, y cojer en sabanas rojas. “Las malas” son fogosas, saben otras poses que escapan al convencional misionero.  Las malas acaban y disfrutan. Al terminar no dicen te amo,  y se muestran cansadas y felices. Tienen planos detalles de ellas gozando. Usan lencería erótica, cojen en otros lugares que no son la cama. Y ponen a la cámara a girar por la habitación, al montaje a marcar el ritmo. Ponen creativo al mundo, desafiando al orden. Incendiando la pantalla. Cojen por placer, por codicia, por intercambio, por calentura, por maldad, por juego. Por plata.

Pero ese fuego también se apaga rápido. Se apaga cuando la mujer deseante no es amada por ese galancete que pretende conquistar.  Se apaga cuando el precio por disfrutar de acabarse toda, es el de ser impura, incomprendida, o facilonga. Por tener el alma corrompida por el  kamasutra.

Pero me animo a decir, principalmente, que todo garche es político, no solo porque hay una performance oficial para cojer. Si no, porque hay una puesta básica del amor heterosexual, patriarcal y Paqui. ¿Cómo cogen las tortas ? ¿El bricolage para hacer el campo de latex, lo hacen ante de la cita? ¿Lo hacen en el medio de la jornada? ¿Qué planos les tocan a los putos? ¿Qué temperatura color se usa para los  tríos? ¿Que lente se usa para el orgasmo femenino? ¿Siempre que une se empieza a besar en una habitación termina cojiendo? ¿En que instancia me puedo retirar de la situación? ¿Y si no me gusta cómo te estas moviéndo? ¿Si quiero ir arriba como lo pido?

 No hay planos para eso, porque los set están en cuarentena de mujeres y disidencias. O porque los chabones siempre eligieron retratarse como gallinas ponedoras. No hay planos de cómo se garcha en la vida porque lo personal es político. Y el garche también.

Quiero coJer con Jota, porque no soy ni mala ni santa.

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