El lado político de la fiesta

Por: Eugenia Gallo

Politicalpari es el último álbum de Sara Hebe lanzado en abril del año pasado junto a su socio y productor musical Ramiro Jota, y que además cuenta con colaboraciones de varixs artistas amigxs. En ese abril bastante distinto al que nos encuentra en la actualidad, vivíamos el último año de un gobierno neoliberal que arrasaba con la economía y la dignidad de los pueblos y, frente a las múltiples violencias a las que acostumbran ejercer este tipo de gobiernos, la resistencia se fortalecía cada vez más en la calle y en los espacios alternativos.

Los pueblos deprimidos no vencen y festejar estar vivxs como nos propone Sara es festejar algo más que un estado o condición biológica. Salir de fiesta no es sólo escapar de la cotidianidad abrumadora en búsqueda placer, sino que además es celebrar sentirnos vivxs, deseantes y poderosxs. El baile como acto de resistencia es histórico en Nuestra América y se puede reflejar en los ejemplos del candombe en Uruguay, la samba en Brasil o la cumbia villera en Argentina.   

Sin embargo, Politicalpari va mucho más allá al invitarnos a pensar la fiesta no sólo como un lugar de resistencia -entendiendo resistir como la reacción frente a una presión o en defensa de algo que nos ataca- sino que además duplica la apuesta representándola como un lugar de acción, donde surge una propia fuerza generadora que disputa poder y milita la construcción de nuevos paradigmas contrahegemónicos. La fiesta como trinchera y como campo de batalla. Uno de los protagonistas de este disco es el deseo que se presenta de varias formas y se consolida como un movimiento social que agrupa a diversos actores, desde dónde se gestan luchas, configuran nuevas identidades y motorizan transformaciones sociales: el deseo como sujeto político, un cuerpo social deseante y deseable.

En los últimos años, se fortaleció la idea de comprender a la política más allá de los márgenes convencionales, en los que históricamente se la referenciaba como algo relegado a los partidos políticos y sus orgánicas o que se presenta sólo en un contexto electoral. La micropolítica nos permite visibilizar que los espacios donde se disputa el poder son muchos más y que la lucha por la transformación de lo colectivo y lo personal nos involucra como sujetxs políticxs a todxs. La apropiación de nuestras expresiones culturales es esencial para dar la batalla por el sentido en cuanto a las visiones del mundo establecidas que queremos poner en jaque y sobre cuáles queremos que surjan a partir de esa crisis. “Estamos inventando algo más grande”, como un “quiero retruco” frente a la construcción del mundo existente y sus representaciones, y sus posibles cambios “desde abajo, hacia arriba”, con un meneo intenso como movimiento que nos da el potencial para que seamos nosotrxs mismxs a partir de nuestra condición de sujetxs deseantes quienes decretemos las necesidades y urgencias, haciendo frente a la imposiciones que se puede dar desde un gobierno específico, pero que siempre se legitiman desde otros tantos lugares fuertemente consolidados -sistema educativo, medios de comunicación, instituciones religiosas-.

La perspectiva de las politicalparis es interesante para resignificar estos encuentros históricamente estigmatizados por la moral capitalista por embanderarse con la libertad y el placer, en contra de las máximas del trabajo y el sacrificio que se nos imponen como lo productivo y, por ende, validado como útil para la sociedad. Estas fiestas funcionan como una especie de movilización, en la generación y participación de estos espacios de socialización, donde se produce sentido en un momento compartido con otrxs, hay tanto volumen político como en una marcha.

Poner en tensión que el poder no se concentra sólo en el Estado sino que se encuentra en muchos otros lugares más cotidianos y diversos, es brindar herramientas para la construcción del poder popular, que es otro de los actores principales del disco, ya que lo recorre de principio a fin. Desde el inicio, con “Fck the power” en el que Sara habla de nuestro amor como fuerza colectiva, luego con la cumbia antifascista donde es literal a la hora de plantear la importancia de sacar el poder del lugar cómodo en el que estuvo siempre, para tomarlo y usarlo con su potencial transformador, hasta en el último track “No te dejes” donde invoca al cuidado personal -o amor propio podríamos también decir- pero sin reducirlo al mero hecho de aceptarnos físicamente, sino yendo más profundo aún, comprendiendo que es un acto de rebeldía querernos cuando nos quieren reprimidxs, deprimidxs, jodidxs.

Sin caer en un estilo panfletario, sino con la propuesta estética y ética que caracterizan a Sara, con la poesía como arma, estrategia y recurso militante, abarca además otros temas que resultan urgentes como la deconstrucción del amor, no sólo en su concepción romántica con el rockero Ignatia, sino también el amor en términos de cómo nos vinculamos con nuestrxs pares y constituimos nuestros afectos  – que no me digan cómo tengo que amar-, así como también se expresan problemáticas más concretas como las políticas de inmigración, la violencia policial o la desigualdad social.

Las lógicas autogestivas en las que se enmarcan los colectivos que se dedican a su organización actúan como una gran red para llevar adelante estos eventos sustancialmente políticos, y para que lxs artistas y trabajadorxs varixs de la cultura -hoy fuertemente golpeados por los tiempos de cuarentena- tengan su ingreso al poner de ellxs su trabajo y creatividad a disposición de que esto suceda, el famoso “vivir de la movida”.

Sara se define como una “obrera de la fiesta”, y esto quedó demostrado una vez más en la presentación del disco en el Club Atenas de La Plata. Superando los obstáculos que existen para llegar a estos lugares para lxs artistas independientes, magnificados aún por la condición de mujeres y diversidades, y a pesar de los desánimos con los que lidió para llevar adelante esta fecha, Sara y su grupo de gente no se dieron por vencidxs y a fuerza de pulmón, garra y mucho laburo “llenaron de mostris el Atenas”, tal como dijo ella esa noche increíble de septiembre pasado.

El avance del movimiento transfeminista gana cada vez más terreno y pone las reglas para garantizar el acceso al placer también a las mujeres y diversidades sexuales -quienes siempre estuvimos limitadxs para ello- reclamando nuestro derecho al goce sin los prejuicios ni riesgos extras a los que nos tenían acostumbradxs. El “no nos callamos más” es de las victorias más grande de esta revolución, y es lo que nos afirma cuando nos convencemos de que nadie nos va a volver a violentar sin pagar el precio de nuestras palabras. En estas fiestas las formas de relacionarse se ven altamente influenciadas por las exigencias de este movimiento: no ha lugar para el acoso, no ha lugar para la intimidación, no ha lugar para la discriminación, no ha lugar para la incomodidad, no ha lugar para la impunidad. La noche, presentado como lugar de peligro para nosotrxs, es también nuestro territorio. La Noche nos invita como un gato sonriendo a que la habitemos para recuperar nuestra fuerza erótica como arma de guerra, como fuente de poder tal como lo expresa la activista afroamericana Audre Lorde, esa que siempre quisieron suprimirnos por putxs o por gordxs o por no encajar en los parámetros de belleza o por encajar mucho en ellos; recuperarla para romper con las etiquetas que nos dice que nuestro erotismo debe serle funcional a la mirada de un otrx.

En las politicalparis muchas de las estructuras que nos institucionalizan como ciudadanxs correctxs, sometidxs y funcionales son desafiadas por la introspección, la circulación de mensajes alternativos, la producción de sentido y la liberación de los cuerpos que se mueven sensuales, fogosos, deseantes, poderosos, y conectan desde el contacto con otrxs -siempre con el consenso como mandamiento- para juntxs ir a donde quieran, y desde ahí todo. La fiesta es un ritual empoderante, y Sara Hebe tiene el fuego para prender la mecha encendiendo a todxs lxs que somos parte de sus shows, plantándose en el escenario con una potencia vital que convierte toda la energía que circula en el ambiente en algo colectivo, en algo más grande.

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