Cómo deconstruir el espacio doméstico, en plena pandemia

Escribe Victoria Briccola

Pasamos los cien días de cuarentena en la Argentina; cien días de este aislamiento impuesto por un virus que ha llegado para desestabilizarnos y “hacer caer” todo lo que conocíamos y dábamos por sentado –o al menos, en su mayoría.

Las realidades dentro de cada hogar son diversas y múltiples, como las tareas que muchas mujeres (cis, trans, travestis, lesbianas, no binaries) se han visto obligadas a lidiar dentro de esas paredes, y por tiempo indeterminado.

De esta forma, y como resultado, el tiempo se desdibuja, las ganas fluctúan, la angustia y ansiedad emerge de vez en cuando y hay una necesidad imperiosa de construir un espacio íntimo. ¿Qué hacer cuando lo privado y lo público, el afuera y el adentro conviven?

“Lo que sucede, básicamente, es que históricamente el ámbito privado fue el femenino por excelencia -según la voz patriarcal- y el ámbito público fue el ámbito del trabajo asalariado, del poder, del éxito, de la razón y de todo lo bueno, que es el ámbito que, desde siempre, estuvo controlado por los varones, por el poder masculino, en general”, introduce Antonella D’Alessio, fundadora y coordinadora de la Red de Psicólogxs Feministas.

“La situación de aislamiento, que nos obliga a confinarnos en nuestros hogares, ha hecho tambalear esta estructura que se venía sosteniendo, del ámbito público versus ámbito privado, donde la conciliación de esos dos ámbitos para las mujeres siempre fue muy difícil”, sostiene.

De esta forma, según D’Alessio, como muchísimos varones configuraron su existencia, principalmente, en el ámbito público, hoy vemos que hay muchas mujeres que están sobrecargadas de trabajo: “Estamos tratando de sostener la virtualización de nuestros empleos presenciales, lo que implica – en muchos casos – más esfuerzo, más horas, más trabajo, más tareas y responsabilidades. A todo eso, a muchas familias se les suma la responsabilidad de cuidar y criar niñxs”, detalla.

En esta nueva configuración de desigualdad patriarcal, las mujeres que están pasando la cuarentena en familia, con niñxs chiquitxs, son las que peor la están pasando: “Han visto muy reducido las posibilidades, de acción, de su propio deseo. Y no hablo del deseo sexual sino el general: de estudiar, de trabajar, de la militancia, de los espacios deportivos, de ocio, recreativos”, asegura.

Las lógicas del sistema patriarcal vuelven a atraparnos justo en el momento que pensábamos que ya lo habíamos superado, vuelven de modo sutil e invisible: “Las desigualdades, en muchos casos, se han reforzado a partir de la imposibilidad simbólica, no real, de los varones de asumirse como parte de este mundo doméstico, de los cuidados, las crianzas, de las tareas domésticas en general, que es a lo que históricamente se le ha atribuido, como mandato, como obligación, solamente a las mujeres cis”.

Durante mucho tiempo, los varones han tenido la posibilidad de escapar a dichas tareas, y esa situación hoy resuena en el interior de los hogares, traduciéndose en la sobrecarga de las mujeres: “La gestión de lo doméstico agota y exige dos, tres, cuatro horas de trabajo más, por día y menos descanso. Por lo que es menos tiempo invertido en el autocuidado y para poner esos límites, que tan necesarios son, más en esta época”, agrega Antonella.

Es imperioso, por lo tanto, lograr construir dicho espacio íntimo para la mujer y armar otros modos de vincularnos, de transitar lo doméstico: “La mejor forma, es establecer diálogos dentro de nuestras familias y con nuestras parejas convivientes, para poder llegar a un reparto que sea equitativo”, sostiene y añade: “Ahora nos toca vivir, todo el tiempo, entre las mismas paredes y nos toca hacernos cargo de que ese lugar sea habitable, de poder sostener la vida entera: el trabajo, el estudio, las comidas, todo en el mismo espacio”.

También hay que hablar de los problemas que existen de accesibilidad: “Lo empezamos a escuchar en las voces de nuestrxs pacientes, que hay muchas peleas por ver quién usa la computadora -en caso de que haya una sola- o quién usa el rincón de la casa que mejor conexión de Wi-Fi tiene, por ejemplo”, explica Antonella.

“Hay muchas personas que han quedado afuera de la escuela, de la universidad, de muchísimos empleos, a partir de esta situación y eso agrava las situaciones de poder y dominio masculino”, detalla.

Los varones han logrado configurar un mundo en donde, para solucionar los problemas, se empleaba la violencia, el poder, el dominio, y el gritar: “Ahora tenemos que empezar a pensar otros modos de circulación, de esa palabra, de esas tensiones que no generen estallidos constantes en las familias o situaciones de micromachismos: de quién es el dueño del control remoto, de las horas disponibles, del silencio y del ruido”.

De todas formas, conseguir y entablar el diálogo entre los integrantes de dichas “familias” no siempre es la clave: “Como profesional, he trabajado con mujeres en situación de violencia y temo mucho por su salud e integridad psico física, ya que sabemos que las situaciones de violencia doméstica se configuran a partir de que el varón exige que todo sea pasado por él: los permisos, las autorizaciones; todos los recursos de esa casa tienen que ser aprobados por ese hombre y creo que esas son las peores situaciones”, relata.

No hace falta aclarar que los varones no tienen ningún impedimento físico para cuidarse o cuidar a otrxs, pero, desde pequeños, se les explica que ellos están para otras cosas “más importantes”, porque recordemos que, para este sistema, criar y cuidar son tareas invisibilizadas y desvalorizadas.  Los cuerpos femeninos se encuentran, históricamente, en el ámbito privado, trabajando de forma gratuita y “por amor”. Mientras afuera, ocupando el ámbito público, han estado ellos, produciendo.

Desde acá nos preguntamos, cómo será la vida postcuarentena, qué escenario quedará y qué habremos ganado y/o aprehendido: “Creo que, si hay algo que hemos obtenido, en estos últimos años de militancia del movimiento de mujeres y del movimiento LGBT en la Argentina, es a no callarnos más. Como lema y como mantra personal para la vida”, sostiene Antonella, quien considera que, tras levantarse el aislamiento, las desigualdades de género no se agudizarán, porque hoy por hoy, estos temas están siendo debatidos y analizados –en redes sociales y medios de comunicación-.

“Supongo que ese escenario va a ser más favorable, ya que están surgiendo voces, por todos lados, pedidos de ayuda de muchos lugares; y como representante, como parte de una agrupación feminista, estoy en contacto con otras organizaciones que también están haciendo muchísimos esfuerzos para estar al lado de las mujeres trans, de las mujeres cis, de las travestis, las lesbianas, les no binaries, y las maricas. Es decir, de los grupos sociales que son víctimas de la violencia machista”, concluye.

Son muchos los grupos feministas que, desde el comienzo de la cuarentena, están en guardia, intentando que, desde el interior de todas las casas, se pueda reflexionar sobre las inequidades y las injusticias que se han naturalizado.

Instagram de Red de Psicólogxs Feministas: redpsicologxsfeministas

Imagen: La Vanguardia

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