Después de recorrer festivales y del estreno en Córdoba, el largometraje La noche está marchándose ya, de Ramiro Sonzini y Ezequiel Salinas, llega a salas de Buenos Aires. En esta nota, Sonzini habló sobre la película y la pasión por ver y hacer cine.

Por Daniela Pereyra
Pelu lee desde una cabina de proyección mientras un público atento se sumerge en Los tallos amargos, película argentina de 1956, un clásico del cine negro con el que empieza La noche está marchándose ya, película dirigida por los realizadores cordobeses Ezequiel Salinas y Ramiro Sonzini. La lectura de Pelu se interrumpe por la llamada de su jefe, y en un punto de giro de su vida, dejará su rol de proyectorista del Cine Club Municipal para ser el sereno del lugar. El motivo de este cambio es un recorte en el presupuesto del Cine Club. “Empezamos de cero una historia apelando a cosas que teníamos muy a mano”, cuenta Ramiro, “y una cosa que era fundamental, y que nos dimos cuenta que no íbamos a poder esquivar, era la crisis, el contexto social”. En la película no hay referencias temporales, pero las contextuales hablan de un recorte en el presupuesto destinado a la cultura, a una sala de cine, y sobre el interés inmobiliario en un edificio con un importante valor arquitectónico.
En su nuevo rol de sereno, Pelu empieza a recorrer el Cine Club por las noches, y descubre pasillos y rincones que se vuelven locaciones de historias más allá de la pantalla. “Esa idea de un espacio que se puede transformar en otra cosa completamente distinta nos seducía mucho”, cuenta Ramiro en relación a lo que empieza a vivir Pelu. Una amiga usa la sala para generar contenido audiovisual erótico, y le propone ser socios; los naranjitas (equivalentes de los trapitos porteños) van a encontrar entre las butacas un refugio, y van ser sus compañeros en esas noches de películas y canciones, mientras la noche los abraza y empieza a marcharse.

Desde la música de las películas que podemos espiar hasta una especie de fogón en la terraza, el componente sonoro juega un rol esencial. En relación con esto Ramiro detalla: “Nos gusta mucho la música en las películas, creo que hay algo de la capacidad que tiene la música para inyectarle una energía a las escenas. Es como un universo de posibilidades que a nosotros nos atrae en general, tiene mucho que ver con cierto amor por el cine narrativo y por el cine clásico, que a nosotros nos gusta, nos interesa y nos sigue formando. Y siempre nos termina pasando que probando canciones, nos empiezan a decir cosas de la historia que nosotros estamos queriendo contar”. Y así entre las bandas sonoras aparece el género propiamente cordobés: “El cuarteto como expresión cultural provincial para mí es único, es como imbatible por muchas cosas. Si uno toma todo el corpus de canciones del cuarteto y le presta atención a las letras, uno puede armar un panorama social, un fresco social de Córdoba. Se vuelve como una especie de mapa narrativo de una tradición cultural muy completa, muy interesante, y que tiene una raigambre popular y melodramática tremenda”.
La comedia, el melodrama y el amor van apareciendo con la música y con las historias de cada uno de los personajes, mientras el destino del Cine Club se vuelve cada vez más dramático, y con él la suerte de Pelu. Se trata de una historia universal, pero nos va dando pistas para situarla geográficamente. “Un poco también el juego era hacerse preguntas sobre cómo retratar Córdoba”, dice Ramiro, “no debe haber ningún cordobés en el mundo que no fantasee con bajar a La Cañada”. Y Pelu con sus amigos de la noche la caminan y la descubren, entre corridas, destellos y claroscuros.“Como cordobeses, como generación que está haciendo películas, un poco tenemos que jugar a inventar Córdoba en el cine”, continua Ramiro, “eso nos pone frente a la tarea de una manera más linda, más divertida, más desafiante. Queríamos generar una especie de sensación de ensueño, de ficción, de fábula a través de la imagen, y para eso el blanco y negro nos servía. Además, la mayoría de las películas incluimos también son en blanco y negro, tienen una serie de características fotográficas muy de los años 30, que buscamos emular, para que desde la imagen también se creaban esos túneles, entre la ficción y la realidad”.

“Ah, cumpliste tu sueño de vivir en el cine”, le dice la amiga a Pelu. Él fuma y responde: “Algo así”. El cine como casa literal y como sensación de hogar, donde las mejores cosas pueden pasar, donde ocurren los mejores encuentros para compartir emociones, risas, llantos, y hasta hacerle frente a la crisis. “Creo que la película que hicimos inevitablemente está un poco sujeta a esa visión del cine y del mundo, que tiene que ver con no renunciar al hecho de que la magia ocurre cuando el cine sirve para refugiarse de ese mundo”, afirma Ramiro. Por fuera de la ficción, el espacio es sede del icónico Cine Club Hugo del Carril, donde la cinefilia cordobesa tiene su punto de encuentro desde hace años, y allí están los realizadores de la película: “Todo nuestro grupo de amigos, que de alguna manera están en la película, siendo técnicos, actuando y nosotros también, tenemos una vida muy intensa alrededor del Cine Club, es un espacio muy familiar”.
Cinefilia y amistad, en una película que convierte la oscuridad en abrazo y complicidad para defender lo que más se quiere. Ramiro cuenta sobre la realización y el estreno:“Es una película artesanal, es una película que se puede hacer con un grupo de amigos. Entonces, su estreno tiene que ser artesanal también, y su vínculo con los espectadores también está bueno que sea artesanal. Tratamos de viajar y acompañar todas las funciones que podamos, para poder realmente hablar con la gente, verle la cara, que ellos nos vean la cara nosotros. Que también la gente sepa que la gente que hace cine es gente igual que ellos. El puntito extra para mí representa el esfuerzo por que cada vez haya más gente que quiera ver cine argentino. Hay algo de la vida cultural de un pueblo que sigue siendo muy atractivo, sigue siendo deseable para todo el mundo”.
La noche está marchándose ya se puede ver los sábados de junio en MALBA CINE y del 4 al 11 de junio en la Sala Lugones. Agenda para una cinefilia que llama a la acción y a sentir más fuerte el amor por nuestras películas.